Campeones

Nos estamos olvidando de que esta palabra define a los que llegan primero.
Alberto Hernández -
Campeones
Bruno Hortelano en el Campeonato de España de Getafe | Sportmedia
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Hay una mentira universal que hemos consentido transformar en certeza: todos somos iguales. Una falacia mayor que muchas capitales de provincia. Si la trasladamos al universo deportivo la proporción aumenta hasta límites no procesables por el cerebro humano. Corriendo es un escándalo. Nunca se ha visto a dos personas dar zancadas idénticas. Es tal la variedad de matices en la técnica que, a pesar de que se haya socializado, la actividad en sí es hija de un furibundo individualismo. Cuando hablamos de competir, de dar el máximo, echar fuego por la boca y todo eso, las diferencias entre congéneres pueden llegar a sonrojar a los estetas.

A algunos nos ves correr y piensas que la gravedad y la genética son unas hijas de puta. A otros los contemplas y florece en tu mirada una suerte de emoción artística. El avance de un elegante atleta sobre el tartán es de las cosas más plásticas que uno pueda echarse a la cara. Hay cosas que nos están negadas a la mayoría; el dominio total del cuerpo es una de ellas. Sentarse en la grada para presenciar el calentamiento de un velocista es oro para los sentidos. Cruzarse con un grupo de populares haciendo técnica de carrera suele estar más relacionado con “Humor Amarillo”. Lo digo con el máximo respeto, puro ejercicio de observación. Objetividad monda y lironda.

El marketing y la publicidad son tozudos e intentan convencernos de lo contrario: “Todo es posible si te esfuerzas” “No hay nada que no puedas conseguir” “Suéñalo y se hará realidad”. Pamplinas. Hay cosas que el sudor no garantiza, de hecho son la mayoría de ellas. Por eso soy un defensor de correr para uno mismo, por puro placer, sin establecer comparaciones (sabéis lo que dicen de ellas) ni alardear de retos superfluos.

Me parece de mentes diminutas ir espolvoreando los oídos de la peña con gestas de mercadillo.

Es de aplaudir que una persona pierda 20 kilos y baje de 50 minutos en su primer 10K, pero he visto gente comparar este tipo de cosas con el atletismo de verdad, sentencias tipo: “Es que si entrenase como los profesionales, que se dedican solo a eso, quién sabe lo que podría hacer. Tiene más mérito cualquiera que saca horas para correr al salir del curro”. Y por ahí no paso. El talento es el talento, por mucho que se cincele sin él es imposible hollar la excelencia. Me parece de mentes diminutas ir espolvoreando los oídos de la peña con gestas de mercadillo.

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Ganar una medalla olímpica, mundial, continental o nacional es digno de admiración, pero cuando llegan a mi bandeja de entrada los típicos que quieren notoriedad por haber completado no sé cuántos maratones seguidos en menos de 4 horas, o de espaldas, o a gatas, o disfrazados de marciano… Pues mitad me descojono, mitad me indigno, mitad me cabreo. Perdónales Cacho, porque no saben lo que hacen.

Algo similar sucede con nuestro uso del lenguaje. Lo pervertimos tanto que la esencia de ciertas cosas queda condenada al ostracismo. La palabra campeón, por ejemplo. Ahora todo el mundo es campeón. Equiparamos al que corta primero la cinta de meta con el que llega un verano después. Si vas al Diccionario de la Real Academia Española de la Lengua observas que la primera acepción del término es: “Persona que obtiene la primacía en el campeonato”. Del que queda sexto, vigésimo segundo o mil doscientos treinta y tres, no viene nada.

La gran mayoría de atletas son entusiastas de la causa, seres que torturan sus cuerpos por puro romanticismo.

Reflexionaba sobre esto durante el pasado Campeonato de España, en Getafe. Los atletas de ahora no son precisamente ricos, el dinero que mueve este deporte da para vivir sin apuros en el mejor de los casos (las estrellas, los nombres que a todos se nos vienen a la mente), pero de yates y mansiones olvídate (bueno, todos menos Bolt). La gran mayoría son entusiastas de la causa, seres que torturan sus cuerpos por puro romanticismo. El orden actual de las cosas les priva de infinidad de méritos. Solo hay un campeón. Solo una campeona. No seamos nosotros, deportistas de corazón, los que les arrebatemos el más ancestral de los reconocimientos.

El relevo 4x100 m, octavas en el Europeo de Berlín | Sportmedia

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