Piel de sapo

XXI Carrera Popular La Melonera
Maikel Gómez -
Piel de sapo
Piel de sapo

A la Melonera sólo se le exigía que siguiera siendo así. La “vuelta al cole” de los populares madrileños encandilaba por su anarquismo, por su celebración en sábado tarde, por su recorrido de kilometraje incierto (a quién le importa si medía 7 o 7 y medio), por su gratuidad, por su rodaja de melón en meta, por sus clasificaciones (orden de llegada, sin tiempos) sólo a los 1.000 primeros, por su camiseta técnica de algodón... en fin, por su romanticismo añejo de barrio.

No sé si fue primero el huevo o la gallina, si fue la Junta Municipal de Arganzuela la que la pasó al domingo, si fue el Hipercor de Méndez Álvaro el que redujo su inversión, si fue AD Marathon quien pensó que un 10K tendría más atractivo... pero lo cierto es que al abrirlo el melón sabe a pepino. No seré yo quien ponga el grito en el cielo por apoquinar 8 euros por la inscripción, camiseta técnica Roly mediante. Sigo creyendo en el profesionalismo de las carreras, que sólo pasa por cobrar una inscripción acorde a la experiencia del corredor. Sí lo pondré por el cambio de día: correr la Melonera un domingo es como un partido del Atleti a la 1 de la tarde: uno está desubicado. 

Tampoco me quejaré del recorrido: entiendo que la coincidencia con la Vuelta a España, el Madrid Challenge y otros eventos obligaran a cambiar el trazado: por eso no señalaré lo impropio de atravesar el Tierno Galván, de los embudos, cambios de rasante, bordillos, adoquinados, Madrid Río, meandros y zigzagueos de esta edición. Cuando la Junta separa, todo son remiendos. Pero observando los circuitos de años anteriores, Retama - Planetario - Embajadores - Yeserías - Virgen del Puerto - Madrid Río - Matadero, creo que el recuerdo de la Melonera con los vecinos del barrio animando en doble fila sólo sigue vivo allí, en mi memoria.

Con estos mimbres, pues, es lógico que el cesto ya no llegue a los (¿7.000?) participantes de ediciones de hace una década (poco más de 2.000 el año pasado, cuando se decidió añadir un 5K para aumentar la nómina de llegados), y que la concatenación de adversidades (presupuestos ínfimos, bajo apoyo institucional, el corredor que da la espalda, la coincidencia con la quedada Beer Runners en Madrid) mine la moral de la AD Marathon, cuya cuenta de resultados estoy seguro no se ve beneficiada por este evento. Pero, aunque sople el temporal en Arganzuela el segundo domingo de septiembre, hay detalles que no son una cuestión económica, como la falta de cuenta atrás en la triste salida sin mensajes del locutor, o la meta, antaño aglomerada, hoy desangelada. Motivos todos para tomar la raja de melón, engullirla sin mirar atrás y pensar que a la carrera cada vez se le ha puesto más piel de sapo, algo que puede estar bien para un melón, pero a mi se me indigesta.

 

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