Corre sin objetivos

No hay que comerse mucho el coco: puedes correr solo porque te gusta correr.
Alberto Hernández -
Corre sin objetivos
"Disfruto el placer de dar una zancada tras otra, porque sí, sin mirar al horizonte" | Félix Sánchez
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Acabo de cumplir treinta y todos y me he dado cuenta de algo que perturba y tranquiliza a partes iguales. Soy un hombre sin objetivos; deportivos, se entiende (no es este foro para hablar de otros tipos, donde por cierto tampoco voy sobrado). Sospecho que puede ser fruto de una reflexión a la que tardé algún tiempo en llegar (los lentos jamás somos puntuales): el inconformismo es como el sexo en grupo, está sobrevalorado. Parece que hará de ti una persona más completa, pero luego descubres que la tensión permanente a la que te somete no merece la pena. Y aquí estoy tras superar mi enésimo coqueteo con la obesidad, disfrutando el placer de dar una zancada tras otra, porque sí, sin mirar al horizonte, sin hacer cálculos, sin hablar en minutos por kilómetro, sin cita concertada con Filípides…

Salir a las cinco, olvidarse del trabajo, ir al cine, no faltar a tu clase de Pilates, desconocer el significado de la palabra estrés.

Sucede que, pese a no haber participado nunca de ellas, me harté del bombardeo motivacional, las frases hechas y las obligaciones impuestas por el postureo. Que en la vida hay que crecer es algo que no discuto, pero estar estirándose permanentemente para superar la última muesca que hiciste en la pared resulta agotador. Acuden a mi cabeza esos tipos que susurran a los oficinistas de grado medio las bondades del riesgo, la fascinante cultura del emprendimiento, el sueño húmedo de ser tu propio jefe, bañarte en pasta, currar en pijama y gaitas variadas. ¿Saben esos aventureros del mundo empresarial si los aparentemente grises ciudadanos no poseen en realidad la fórmula de la felicidad? ¿Son conscientes de lo fabuloso que debe ser vivir sin imperios que montar en la mollera? Salir a las cinco, olvidarse del trabajo, ir al cine, no faltar a tu clase de Pilates, desconocer el significado de la palabra estrés, ver más a los que quieres que a los que la vida te ha puesto delante gracias a un contrato laboral… Gente que aprecia lo que tiene, sabios que no renuncian a más, simplemente no lo necesitan (o no están dispuestos a partirse el lomo por conquistarlo).

Algunos triunfadores, no pocos, reconocen en noches de cerveza que tal vez lo invertido en el viaje al Olimpo no merecería la pena tanto sudor.

Habla alguien privilegiado, uno que a los veinte agostos había visitado más de 50 países y al que su profesión (me sigue pareciendo un chiste de lo que me divierte) ha tratado con bastante delicadeza. Precisamente por eso he asistido en butaca preferente a la locura que se ha apoderado de algunos de mis colegas de oficio. Hombres y mujeres que querían más: dinero, fama, prestigio (nótese que no tienen nada que ver la una con el otro)… Unos lo consiguieron y otros no. Algunos triunfadores, no pocos, reconocen en noches de cerveza que tal vez lo invertido en el viaje al Olimpo no merecería la pena tanto sudor, que antes de partir sonreían incluso más que ahora. La elección es libre, y no estoy para juzgar (menos sabiendo que en ciertas épocas le he echado al periodismorunning-atletismo más horas de las que quizás se mereciese; seguro que muchas menos que la gente a las que se las quité), pero ahí va mi confesión por si a algún chaval que empieza en esto le hace un apaño. En fin, que perdón por la tristeza (Sabina dixit).

A lo que íbamos: los objetivos. No tengo. Y no soy el único.** Se empieza a correr por dejar de fumar, por perder 3 kilos** (o 30, como alguien de quien no quiero acordarme), por una chica, por un chico, por una íntima (o pública) promesa, por una apuesta… Hay mil razones, tantas como funcionarios del desgaste de suela. “¿No tienes uno? ¿Cómo puede ser? Si sigues así acabarás dejándolo”, escucho esto casi a diario. “¿Una media?” No, no me apetece. “Algo heavy, que te comprometa, tipo ultra”. Quita, bicho. Se empieza a correr por muchas cosas, pero se sigue corriendo por otras tantas, las cuales a veces no vuelven a coincidir. Vas tranquilo por el parque, meses después de haberte puesto tu último dorsal, y recibes la llamada de un nuevo reto. Puedes cogerla. O puedes comunicar. Hacer unas series ese mismo día. O parar de rodar en cuanto te venga en gana. Para la gran mayoría solo existe la primera opción… Pero servidor, desde que tiene memoria, ha sido más de minorías.

¿Empieza el nuevo curso y, pese a no dejar de correr, pasas de embarcarte en un crucero de sufrimiento consentido? Me parece perfecto. Simplemente el hecho de ver amanecer, atardecer, anochecer… (¿existirá ‘mediodíaecer’?) a lomos de nuestras zapatillas ya es un logro portentoso. Quizá, quién sabe, no haya un objetivo más grande que ese.

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