"Correr es lo más bonito que me ha pasado. Es una historia de amor"

Roberto Sotomayor, atleta master que lleva más de 10 meses lesionado, nos cuenta cuánto echa de menos correr.
Roberto Sotomayor -
"Correr es lo más bonito que me ha pasado. Es una historia de amor"
Roberto Sotomayor tras proclamarse campeón de Europa en Torun 2015 | runners.es

Podría empezar este pequeño artículo contando cómo he afrontado las lesiones a lo largo de estos últimos 20 años. Pero la verdad es que aburriría a la gente, creo que hay muchas cosas que están muy trilladas y no descubriría nada nuevo. Sin embargo, hay algo que sí me gustaría contaros.

Durante más de 20 años, mi vida se ha resumido en correr y competir. Trabajar y competir. Descansar, trabajar, entrenar y competir. Da igual el orden. El caso es que siempre ha sido esto. Por mi grupo de entrenamiento han pasado muchos atletas, algunos ocasionales, otros permanecieron durante años hasta que se retiraron. Yo siempre he estado ahí. 20 largos años superando, a veces obstáculos que creía insuperables, y otras saboreando las mieles de los éxitos personales. Muchos dirán que mi vida ha sido muy aburrida. Yo no estoy de acuerdo. Correr ha sido y es para mí lo más bonito que me ha pasado. Es una historia de amor, una verdadera historia de amor.

Poco a poco las horas en el gimnasio se han ido acumulando. No es una lesión más.

El pasado mes de marzo durante el Campeonato de Europa Master de Pista Cubierta celebrado en Madrid, me rompí el tendón de Aquiles durante la final de 3000m. Todas mis ganas durante el pasado invierno de ganar en mi ciudad, con mi gente, el cuarto título master europeo consecutivo se truncaron. Una lesión más, pensé. Pero no ha sido así. Los días, las semanas fueron pasando, y los meses. Poco a poco las horas en el gimnasio se han ido acumulando. No es una lesión más.

A veces, cuando pasan los meses te das cuenta de lo importante que era una cosa para ti. “Hay más cosas Rober”… es la frase que me han repetido, quizás con la mejor de las intenciones, para animarme, a sabiendas de que Roberto Sotomayor es atletismo. Por cada poro de mi piel, en cada latido de mi corazón…sólo hay atletismo. Y echo mucho de menos correr.

Sé que mis años han pasado. Que no volveré a ponerme un dorsal en un gran campeonato, ni siquiera en un Nacional absoluto. Pero lo echo tanto de menos que me conformo con correr en mi categoría master,esa que me rescató cuando perdí la motivación a los 33 años. Echo de menos correr, no lo puedo evitar.

Me siento en la banqueta y recuerdo los años buenos, forma parte de un pasado que existió y que nunca volverá.

Los tratamientos han fracasado, y sólo queda el quirófano, ese lugar que a muchos atletas nos da pánico visitar, pero al que tendré que enfrentarme con la convicción de que algún día volveré a ponerme unos clavos. Cada mañana, frente al espejo de ese viejo gimnasio de mi barrio, en la Concepción, me siento en la bicicleta para dar unos pedales. Me miro y veo cómo la edad ha ido haciendo mella en mí. Con más arrugas y con mirada algo triste. He perdido la motivación, pedaleo y sudo. Me siento en la banqueta y recuerdo los años buenos, forma parte de un pasado que existió y que nunca volverá. Los años de machaque constante en la Blume me han destrozado el Aquiles…son las consecuencias de una vida repleta, pienso. Pero ahora tengo también mermada mi mente. 10 meses después me tambaleo, y creo que esto se podría haber terminado.

Cada mañana mi rutina era la misma. Desayunar y marcharme a la Blume, ese lugar que me apartaba de los problemas cotidianos, y que sumergía en la vida que siempre quise llevar, la de competir, la de correr, sin pensar en que algún día esto se terminaría. No voy a la Blume desde hace meses, ni siquiera he paseado por el Retiro, mi lugar favorito para correr. Cuando lo hago, no puedo evitar pensar en los días corriendo a primera hora de la mañana de los domingos…en los días de doblaje.

La última resonancia ha sido contundente: rotura parcial. Todo ha sido en vano.

Cada noche cuando llego a casa de trabajar, me siento en el sofá. Me duele el talón….me lo toco y pienso en las horas de fisio que casi no han valido para nada. Mi novia Maria me pregunta “te duele, ¿verdad?”. Asiento con la cabeza, casi no tengo ganas ni de decir “sí”. Dentro de mí, un montón de ganas de llorar: echo de menos correr. Ella es la que me soporta. Me ha cambiado el humor, casi no me rio. Echo de menos correr. Siento que parte de mi vida se ha extinguido. Pongo de mi parte, pero en esta ocasión, esta lesión me ha dejado literalmente K.O.

10 meses. De piscina, al principio con la convicción de que lograría levantarme una vez más. Sesiones interminables en bicicleta. Pero no lo conseguí. 10 meses después sigo igual que al principio. La última resonancia ha sido contundente: rotura parcial. Todo ha sido en vano.

Hace unas semanas me fui con mi padre al campo. Sentado en un risco, por primera vez en mi vida, pensé “se ha terminado Rober”. Un sentimiento quizás ilógico, pero nuevo para mí. Me he dado cuenta de que ya no volveré a correr como antes, “ley de vida hijo” dijo mi padre. Y tiene razón.

En mi brazo tengo tatuado un “Never Give Up”. He sido siempre una persona que se ha caracterizado por no arrugarse nunca ante ninguna adversidad. He pelado hasta el infinito y más allá. Y ahora, me siento desinflado. Aquel atleta que nunca se rendía, hoy baja los brazos. Y ante mí, una nueva adversidad.

Las lesiones son así, te hacen tambalear y dudar. Estás en un desierto y no encuentras el oasis. Llevo 10 meses andando por un desierto sin salida. Me monto cada mañana en esa bicicleta, maldita bicicleta, de un gimnasio en donde yo empecé a correr cuando tenía 7 años. No he elegido ese gimnasio por casualidad. Necesito encontrar una razón, un motivo, una señal por la que volver a levantarme.

La voluntad es quien te ayuda siempre a superar cada derrota. Tú y tu voluntad. Da igual qué nivel tengas, la voluntad es la misma.

Soy Roberto Sotomayor, he corrido mil y una carreras, en mil y un lugares. Soy aquel que soñó con todo y con nada. Aquel que se levantó en cada caída, que superó cada obstáculo con la única ayuda que he tenido siempre, mi voluntad. La voluntad es quien te ayuda siempre a superar cada derrota. Tú y tu voluntad. Da igual qué nivel tengas, la voluntad es la misma. Quizás, por ella, siga yendo a ese gimnasio.

Hace dos días cumplí 41 años. 41 años. Llevo desde los 20 entrenando en la Blume. Pero esta vez no iré allí a entrenar. Al levantarme, leo un mensaje en el móvil: “Sin importar lo que pasó ayer, cada amanecer hay que decirle a la vida: aquí voy otra vez.” Mi madre me ha escrito esto. Cada lágrima que he derramado durante cada tropiezo tiene una consecuencia: una excusa para seguir adelante. 10 meses sin correr y lo que falta aún. Pero soy Roberto Sotomayor, ese que nunca se rindió.

Y aquí voy otra vez.

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