Degustando la Sherry Maratón

Enoturismo, paisaje y kilómetros en la segunda edición de la fiesta jerezana.
Luis Arribas -
Degustando la Sherry Maratón
Degustando la Sherry Maratón

Subido en uno de los cien cerros que festonean el sur de la campiña jerezana oigo que maldicen. Acto seguido mencionan mi nombre. El amigo Javi Sanz me ha cazado en mitad del avituallamiento que la bodega Williams & Humbert ha colocado en la Viña Dos Mercedes. He sido atrapado mientras sostenía una porción de carne mechá en una mano y un vasito que contiene unos decilitros, les juro que casi nada, de un Canasta que me sabe a gloria.

Este panorama que mezcla amistad, buen comer y la cultura del viñedo de esa palabra tan internacional que es ‘sherry’ es el conjunto de propuestas que la organización de la Sherry Maratón coloca a disposición de quien quiera. En tres distancias, para que todo el mundo pueda participar: promoción, medio maratón y maratón.

Y decir que todo el mundo se acerca a probar la segunda edición de esta tentación es literal: una cuarta parte del total de los participantes en las tres distancias procede del extranjero. El ambiente internacional de las tres distancias se nutre de la proximidad del entorno de la base de Rota, según me comentaba un norteamericano en el mismo vuelo de ida, de la tradicional admiración por el mundo jerezano desde Gran Bretaña, y de un boca a boca imparable que nos trae a un austriaco a quien no consigo arrancar una palabra y, al mismo tiempo, a Raúl, un burgalés al que no logro arrancar de las bien surtidas mesas del avituallamiento.

El diseño de los tres recorridos converge en unos kilómetros finales de auténtica locura. Es cierto que solamente los privilegiados que apechugamos con los 42 kilómetros tenemos la suerte de serpentear por viñedos en plena primavera. La uva palomino y la Pedro Ximénez están brotando y podemos correr por terreros y linderas donde el verde surge del color albero. Nada que ver con una carrera de maratón al uso. Tramos de subida y equilibrio entre cepas así como ascensos y bajadas a los cerros donde están las casas de viña rodeadas, como describía el viajero francés Antoine Latour, de “setos de aloe y chumberas, dragones erizados, colocados para custodia de estos jardines de Hespérides”.

En el primer tercio de carrera nos acercamos al entorno más rugoso de la misma, desde donde también arranca la distancia de medio maratón. Las subidas a los cerros Viejo y Macharnudo de Bodegas Fundador, la coqueta Santa Petronila donde arrancamos fuerte con una copita de un blanquísimo, o una zona de transición hasta La Canariera, que todos los corredores recordarán por la fina estampa de una criatura celestial vestida de rojo y sombrero Tío Pepe.

No faltó quien se extravió y al que hubo que silbar para que tomase la senda correcta. Las distracciones y los móviles se aliaron para reencuentros de corredores entre carcajadas. En general todo iba disparado unos grados más de felicidad. Los varios centenares de participante de las pruebas de medio maratón y promoción iniciaban a media mañana su regreso hacia la Alameda Vieja de Jerez de la Frontera y entonaban el buen humor de los grupos de voluntarios que atendían los avituallamientos.

Porque los avituallamientos son el ángel de la carrera del sherry. Clubes locales y asociaciones nos surtían de bebida isotónica y menos isotónica, salado, dulce y productos de la tierra. Y no hay un emplazamiento que no cuente con su estilo. Desde la sencillez de una casa de viñedo de Luis Pérez hasta la arquitectura protectora de una bodega centenaria.

También recomiendo desde este momento una cosa: no busquen mayores referencias en las clasificaciones generales. Es cierto que podrían tener una idea mirando los tiempos en ruta de los vencedores absolutos, Manuel Gatón (Club Roteño Via Verde) y Daniela Urminska (Trail Pirata Jerez). Quien les escribe podría decir que cuarenta o cincuenta minutos de margen añadido para el maratón son una pista pero no se trata de eso. No es menos cierto que muchos corredores pasaron casi de largo de los mismos, enfrascados en los segundos y minutos de su reloj.

Pero lo verdaderamente importante es saber que un conjunto de productores se han volcado en el mundo del running. El Consejo Regulador de la Denominación de Origen del Marco de Jerez puso a disposición de los participantes catas y un programa de actividades. Quizá los dos últimos avituallamientos son la mejor explicación gráfica de lo que estoy intentando contar: casi un kilómetro dentro del complejo de bodegas Grupo Estévez nos hizo desembocar en una de las salas donde se almacenan miles de litros de vino. Bajo el sonido de la música clásica, en medio de una oscuridad centenaria, corrimos por el pasillo central de las mejores “botas” de fino hasta la sala de recepciones, compartiendo espacio con visitantes a la bodega. A la salida, callejeo por Jerez para entrar en esa pequeña ciudad de cuento de hadas del aficionado al vino: la histórica González Byass que mira a la misma catedral y la alcazaba almohade. De nuevo barriles centenarios, silencio, respeto y olor a un líquido dorado que mueve civilizaciones.

Los escalofríos por atravesar ese patrimonio en una carrera hacen que los kilómetros se noten en las piernas de otra manera. Tanto los paisajes culturales como los viñedos que la organización de Terra Incógnita pone a los pies de los corredores son un acierto sin paliativos. Seas apasionado de las distancias medias o de los que tienen todo el tiempo del mundo, se ha instalado un triple evento al que no podrás resistir la primavera que viene.

Te recomendamos

Del 7 al 13 de septiembre tienes ocasión de vivir una experiencia exclusiva a los man...

La premiada Ride de Saucony, llega ahora con ISOFIT, mejora el ajuste y la amortiguac...

La práctica deportiva siempre se asocia a este tipo de dolores, pero has de saber que...

Cambia tu relación con la ciudad con la Yamaha NMax...

Vuelven las míticas 890v6 de New Balance, unas zapatillas versátiles y equilibradas q...