El Maratón

¿Por qué amamos con tanta intensidad una prueba tan destructiva?
Alberto Hernández -
El Maratón
El Maratón

Nos gusta el maratón porque una legión de médicos lo desaconseja. Nos gusta el maratón porque estamos cansados de carreras y buscamos aventuras. Nos gusta el maratón porque estamparnos contra el muro es el pan nuestro de cada día. Nos gusta el maratón porque besa y hiere como la primera novia. Nos gusta el maratón porque el baile de suelas contra el alquitrán es el mejor modo de romper el silencio.

Nos gusta el maratón porque nos engañamos pensando que se puede dominar. Nos gusta el maratón porque odiamos las corbatas. Nos gusta el maratón porque nos hace iguales a fuerza de recordarnos que somos diferentes. Nos gusta el maratón porque presenciamos el duelo al sol de Abel Antón y Martín Fiz. Nos gusta el maratón porque está claro quién es el que manda. Nos gusta el maratón porque adoramos irnos a la cama con los músculos devastados. Nos gusta el maratón porque escupe en la cara de la lógica.

Nos gusta el maratón porque los calambres dejaron a Fabián Roncero descompuesto y sin récord del mundo, pero convertido en mito de nuestra juventud. Nos gusta el maratón porque mata con más dolor del estrictamente necesario. Nos gusta el maratón porque dos y dos no suman cuatro. Nos gusta el maratón porque sabe hacer nudos perfectos en el estómago. Nos gusta el maratón porque lo corrió un señor llamado Diego García. Nos gusta el maratón porque huele a sudor y linimento. Nos gusta el maratón porque suelen ganar los que a menudo pierden.

Nos gusta el maratón porque tiene su propio Rey. Nos gusta el maratón porque cada noviembre nos invita a viajar a Nueva York. Nos gusta el maratón porque permite a los hombres llorar como niños. Nos gusta el maratón porque Kipchoge se ha citado con Bekele a la salida del colegio. Nos gusta el maratón porque es insensato y caprichoso. Nos gusta el maratón porque nos obliga a quitarnos la careta. Nos gusta el maratón porque destierra a los chulos de playa. Nos gusta el maratón porque aprendemos a contar en millas. Nos gusta el maratón porque te da bula para repetir primero, segundo y postre.

Nos gusta el maratón porque un dorsal es un pasaporte. Nos gusta el maratón porque no termina al cruzar la meta. Nos gusta el maratón porque Filípides se apellida Radcliffe. Nos gusta el maratón porque el lunes por la mañana un potro de tortura es preferible a una escalera. Nos gusta el maratón porque hay un diminuto japonés que le pide matrimonio mil veces al año. Nos gusta el maratón porque nos queda un gramo de locura. Nos gusta el maratón porque perder las uñas es mejor que perder la fe.

Nos gusta el maratón porque Ramiro Matamoros es uno de los nuestros. Nos gusta el maratón porque la libertad no se negocia. Nos gusta el maratón porque te da una medalla que vale nada, pero significa mucho. Nos gusta el maratón porque “éste, seguro, va a ser el último”. Nos gusta el maratón porque “¿cuándo es el siguiente?”. Nos gusta el maratón porque equilibra la economía de los restaurantes italianos. Nos gusta el maratón porque jamás hace demasiado frío ni demasiado calor. Nos gusta el maratón porque tiene la decencia de las cosas que aprendimos de niños.

Nos gusta el maratón porque nunca es tarde para jugar a ser atletas. Nos gusta el maratón porque resulta imposible olvidar los pies descalzos de Abebe Bikila. Nos gusta el maratón porque fantaseamos con correrlo en menos de dos horas. Nos gusta el maratón porque solo miente al que se deja embaucar. Nos gusta el maratón porque somos idiotas, pero honrados. Nos gusta el maratón porque sabemos que la vida es un fin de semana y 195 metros.

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