Correr en vertical

XIV Subida Vertical Gran Hotel Bali de Benidorm (13 Mayo), prueba puntuable del Campeonato del Mundo “Towerrunning World Tour 2017”
Miguel Calvo -
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Considerado como un visionario y un adelantado a su tiempo, Fred Lebow (1932-1994) es una de las figuras claves del deporte popular que hoy conocemos, al haber sido capaz de comprender desde el primer momento que el maratón había nacido para llevarlo al centro de las ciudades y que había que utilizarlo como herramienta divulgativa de la actividad de correr.

Nacido en Rumanía dentro de una familia de judíos ortodoxos, después de sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial y huir por toda Europa, Lebow emigró desde Irlanda hasta América y, tras estudiar moda en Nueva York, se hizo con todo un nombre en el mundo de los negocios.

De naturaleza inquieta, Lebow comenzó a correr y enseguida tuvo claro que aquello sería el centro de su vida: dentro del principal grupo de corredores de la gran manzana, “New York Road Runners”, descubrió la pasión por las carreras de fondo y en 1970 organizó la primera edición del maratón de Nueva York en pleno Central Park, convencido de que una prueba así debía de disputarse en el centro de la ciudad, huyendo del Bronx y de las aburridas calles de la periferia, donde cada año se disputaba el maratón de Yonkers, el segundo más antiguo de los Estados Unidos después del de Boston.

Pronto, la prueba comenzó a crecer tanto que las continuas vueltas al parque se quedaron pequeñas y desde 1976 el recorrido empezó a cruzar los cinco distritos de la ciudad, hasta alcanzar la configuración con la que hoy reconocemos a la carrera como una de las mecas del deporte mundial, siempre bajo la mirada del irrepetible Lebow.

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Un bombero llamado Gary Muhrcke, ganador en Yonkers en 1968 y 1969, se convirtió en el primer ganador de aquella primera edición del maratón neoyorquino de 1970 disputado en Central Park durante una calurosa mañana de septiembre. Tal y como cuenta la leyenda, Muhrcke llegó a la salida después de una noche de trabajo y con solo quince minutos de antelación, después de varias semanas sin poder entrenar lesionado, pero sintiéndose en plena forma, lo que le valió para imponerse a los 127 corredores que comenzaron la prueba y de los que sólo 55 llegaron a meta.

Lejos de acomodarse, Lebow no dejó de innovar durante toda su vida y, bajo el paraguas del club New York Road Runners, volvió a ser una figura clave en el nacimiento de la primera carrera disputada exclusivamente por mujeres y de la famosa milla que cada año se celebra en la Quinta Avenida.

En una vuelta de tuerca más, en 1978 Lebow comenzó a organizar una nueva y apasionante carrera que desde el principio se propuso desafiar los límites de la gravedad, anteponiendo la verticalidad a la horizontalidad y teniendo como protagonista a otro de los principales iconos de la ciudad neoyorquina: la subida al mítico Empire State.

Una vez más, territorio para pioneros, aquí volvieron a cruzarse las historias del propio Fred Lebow y de Gary Muhrcke, quién volvió a inscribir su nombre en la historia al proclamarse campeón de la primera carrera vertical hasta la cima del Empire State, si bien aquello desembocó en una fuerte polémica que casi acabó con el corredor en la cárcel, dado que en ese momento era un bombero retirado que cobraba una pensión por incapacidad, por lo que, ante la presión mediática que ocasionó su triunfo, tuvo que justificar que podía ser el más rápido en subir corriendo hasta arriba, pero que no podía hacerlo con el pesado equipo de bombero.

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Mucho han cambiado las cosas desde aquellos lejanos años setenta y en la actualidad, inmersos en una época en la que el deporte, incluido el popular, busca cada vez elementos más espectaculares, las carreras verticales hasta lo alto de los rascacielos más conocidos del mundo se han convertido en un escenario perfecto para que corredores de élite y populares se sientan como si estuvieran inmersos en el anuncio de alguna famosa bebida energética.

Las grandes ciudades, empujadas por el crecimiento de los países emergentes, no han dejado de crecer y de soñar con nuevas fronteras en las alturas y, a medida que el sueño por construir edificios más altos y espectaculares incluso se ha acelerado, la búsqueda de nuevas sensaciones ha hecho que estas carreras se hayan consolidado.

En la actualidad, muchos países tienen sus propios circuitos nacionales y a nivel mundial conviven el “Vertical World Circuit”, formado por diez carreras puntuables, y el “Towerrunning World Tour”, que se desarrolla dentro de la “Towerrunning World Association” a la que pertenecen la mayoría de la carreras verticales del mundo, las cuales se engloban en distintas categorías de manera que las 15 mejores pruebas (las de categoría 60 o superior) forman este circuito competitivo, como si de un campeonato del mundo se tratase.

Dentro del “Towerrunning World Tour” que se disputa desde 2009, los corredores puntúan según la categoría de cada carrera (que llega hasta la categoría 280 de la infinita Canton Tower de Guangzhou) y donde la Subida Vertical al Hotel Bali de Benidorm (categoría 120) se engloba desde hace tres años junto a otros rascacielos tan emblemáticos como el citado Empire State (categoría 80), la Torre Eiffel (categoría 80), la Torre Latinoamericana de Ciudad de México (categoría 120), el hotel Media One de Dubái (categoría 120) o el altísimo Taipei 101 (categoría 200) que fue el edificio más alto del mundo desde 2003 hasta 2010.

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En Benidorm, la ciudad española con más vocación a la verticalidad desde que se puso en marcha el innovador plan de urbanismo de Pedro Zaragoza durante los años cincuenta y sesenta, la Subida Vertical al Gran Hotel Bali lleva disputándose desde 2003, tan solo un año después de que el rascacielos, abierto al Mediterráneo, se inaugurase como el hotel más alto de Europa y a raíz de que el director del hotel viese un reportaje en televisión con la participación de un corredor gallego en la carrera del Empire State, a quien se contrató como organizador de la prueba durante los primeros años.

En el mundo de los edificios más espectaculares, presidido por las grandes cifras, los datos técnicos de la prueba española hablan por sí solos: 180 metros de desnivel, 52 plantas, 924 escalones y una escalera de 1,20 metros de ancho que permite los adelantamientos. Todo ello, desde la salida que se realiza de forma cronometrada en el hall del hotel, hasta la meta situada en la terraza de la azotea, desde donde se preside toda la bahía y los altos rascacielos que dibujan la ciudad.

“Es una prueba explosiva y muy espectacular. Las pulsaciones suben muchísimo y es una gran descarga de adrenalina: a medida que vas subiendo sientes que no puedes más, pero cuando subes el último escalón y sales a la azotea piensas que todo ha pasado demasiado rápido”, nos cuenta Miquel Tortosa, bombero y actual director deportivo de la carrera del Gran Hotel Bali.

Tanta explosividad como demuestra el hecho de que los actuales récords de la prueba se sitúen tan solo en cuatro minutos y 20 segundos en categoría masculina (logrado por el alemán Chistian Riedl en 2016) y en cinco minutos y 44 segundos en categoría femenina (en poder de la marroquí Wafiya Benali desde 2010).

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Terreno habitual para bomberos, a lo largo de los años la tipología de los corredores que se aventuran a subir corriendo hasta lo más alto por las escaleras ha cambiado mucho, sobre todo tras la explosión de las carreras populares y a medida que los corredores aficionados se han ido lanzando en busca de nuevos terrenos menos explorados, lo que al mismo tiempo ha permitido la consolidación de estas pruebas y la consiguiente aparición de grandes especialistas que conforman la élite mundial de esta disciplina deportiva.

“Dentro de los participantes hay muchísimos corredores de montaña y practicantes de mountain bike, siendo una prueba que se adapta perfectamente a corredores finos, pequeños y con cuádriceps muy fuertes. Pero al mismo tiempo, es toda una experiencia muy recomendable para cualquier persona a quien le guste correr y el deporte en general, que no deja ningún tipo de secuela muscular y que permite a cualquiera poder probar la experiencia y seguir después con sus entrenamientos con toda normalidad. En general, es una carrera que sorprende muchísimo a la gente y quien lo prueba siempre repite”, continúa explicando Miquel Tortosa, quien, primero como participante y ahora como director deportivo, conoce la subida al Gran Hotel Bali desde su origen.

Junto a la carrera popular, la consolidación de la carrera de Benidorm en el calendario del Towerrunning World Tour hace que la edición de este año vaya a ser una de las mejores de su historia, al reunir a gran parte de los mejores especialistas mundiales del momento. Entre los hombres destacan los ocho mejores del ránking mundial, encabezados por el polaco Piotr Lobodzinski (campeón del mundo los tres últimos años y actual líder del ránking mundial), el alemán Christian Riedl (entre los tres mejores del mundo desde 2012, segundo en el ránking mundial actual y vigente campeón y plusmarquista de la carrera de Bali tras su gran triunfo de 2016) y el colombiano Frank Carreño (número tres del ránking mundial actual y de 2016). Entre las mujeres, destacan cuatro corredoras dentro de las diez mejores del ránking mundial, como la checa Lenka Svabikova (entre las tres mejores del mundo desde 2013, número tres del ránking mundial actual y ganadora en el Bali en 2015), la mexicana María Elisa López (número seis del ranking mundial), la italiana Cristina Bonacina (campeona del mundo en 2011 y actual número ocho del ránking mundial) y la polaca Dominika Wisniewska (actual número diez del ránking mundial).

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Junto a los grandes especialistas mundiales de la disciplina, la nómina de corredores de esta edición de 2017 se completa con algunos de los mejores especialistas españoles, como los hermanos conquenses Rosi Llorens (ganadora en la subida al Bali en 2011) y Ángel Llorens (ganador en el Bali entre 2011 y 2014 y anterior plusmarquista de la prueba), el corredor de Javea Ignacio Cardona (ganador en el Bali en 2010), el jovencísimo corredor de Altea Ángel López Amor (quinto clasificado en la prueba del Bali de 2015), el zaragozano David Robles (segundo en el Gran Bali en 2013), la castellonense Sofía García o la valenciana María Beltrán.

Fuera de competición y como exhibición,  cuatro bomberos alemanes, dos madrileños y uno del propio Benidorm subirán corriendo los 52 pisos cargando con todos sus equipos.

Contextualizando la prueba, el mediofondista alicantino Pedro Esteso fue uno de los grandes atractivos de la edición inaugural del Gran Hotel Bali y uno de los numerosos atletas de élite que, como tantos otros populares, un día se decidió a probar la experiencia de correr en vertical hasta el piso 52.

“Desde el principio, aquella edición se vendió como mi duelo con el australiano Paul Crake, pero lo cierto es que no hubo carrera, pues me dejó atrás desde la misma salida y no volví a verle”, recuerda el atleta español que atesora una mejor marca de 3:36.71 en los 1.500 metros que le sitúan dentro de los 30 mejores atletas españoles de la historia en la mítica distancia.

“Desde el punto de vista físico, destacaría dos aspectos a tener muy en cuenta para enfrentarse a esta carrera. En primer lugar, la gran importancia de la técnica, tanto a la hora de afrontar la subida de cada escalón a través de un skipping que debe de ser muy corto y continuado, como a la hora de ayudarte con los brazos mediante el agarre a la barandilla. En segundo lugar, la necesidad de gestionar muy bien la energía y la táctica de carrera, recordando medir las fuerzas para ser muy constante y evitar parar”, aconseja el atleta ilicitano.

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“Por el tiempo que dura la prueba, podríamos compararla con una carrera de medio fondo, pero las sensaciones físicas son bastante diferentes, con un gran agotamiento, un enorme bloqueo muscular y un fuerte dolor de cuádriceps. De hecho, a la mitad de la prueba, sobre el piso 30, más que la sensación de enfrentarme al muro fue como si me viera frente a un precipicio. Pero en todo caso, es una experiencia que yo siempre recomiendo al ser muy diferente, que no deja ningún tipo de secuelas, que al día siguiente te permite entrenar con normalidad y, sobre todo, por tratarse de una prueba muy bonita y llamativa, tanto por el entorno como por el propio edificio”.

Entre los famosos rascacielos de la ciudad de Nueva York y el mítico Central Park a través de los que Fred Lebow dibujó los rasgos actuales del maratón e inventó la subida al Empire State que abrió la disciplina de las carreras verticales, Pedro Esteso viajó en 2010 hasta la Quinta Avenida para cumplir otro de sus sueños, también dibujado por la cabeza de Lebow: correr la mítica milla neoyorquina.

Allí, en pleno Manhattan, el medio fondista español consiguió bajar de los cuatro minutos en la célebre distancia, con un registro de tres minutos y 56 segundos.

“Cuando bajas de los cuatro minutos en la milla sientes como si se te saliese el corazón”, suele recordar el propio corredor alicantino.

“En lo alto del rascacielos, cuando llegas a la azotea y terminas la carrera vertical, las sensaciones son muy distintas porque no sientes la fuerza con la que acabas la carrera en horizontal y apenas puedes avanzar, con un mayor sentimiento de reventón, pero en cierta medida la liberación de haber llegado arriba te hace sentir como si hubieses roto una nueva barrera”.

Información práctica:

Subida Vertical Gran Hotel Bali, 13 de mayo 2017 17:00h. Inscripciones (hasta 10 de mayo): http://www.cronorunner.com/crs_infoEvento.php?comp=441&edic=569

Página web “Subida Vertical Gran Hotel Bali”: http://subidagranhotelbali.com/

Página web “Towerrunning World Association”: https://www.towerrunning.com/

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