Recuperamos una entrevista a Raúl Chapado de noviembre de 2004

Apareció en el número de noviembre de 2004 en Runner's World España con motivo de su retirada.
Carlos Guillén -
Recuperamos una entrevista a Raúl Chapado de noviembre de 2004
Raúl Chapado, actual presidente de la RFEA | EFE

Publicado en noviembre de 2004

Es el mejor. Y puede que pase mucho, mucho tiempo hasta que alguien pueda superar las huellas que Raúl Chapado ha tatuado en la arena del triple salto. Sus 8 títulos de campeón de España al aire libre, los 6 conseguidos bajo techo y la plusmarca nacional son motivos más que suficientes para que el mejor triplista español ocupe su lugar entre los mitos de nuestro atletismo. Y, como no podía ser de otra forma, Runner's World le rinde homenaje en el momento de su retirada profesional.

Han sido miles de saltos, ¿cómo evalúas tu carrera después de tanto tiempo?

La verdad es que me siento muy satisfecho en todos los sentidos. Sé que hay cosas que he hecho bien y otras que me han salido mal, pero creo que siempre me va a quedar ese sentimiento de añoranza que es difícil que se me vaya. Al fin y al cabo ha sido una etapa muy bonita que ha finalizado a mis 34 años. Lo que no quería era retirarme del atletismo profesional por culpa de una lesión; por eso esperé a recuperarme de una hernia discal y alguna que otra lesión para despedirme saltando.

La estela que dejas tras tu retirada es incierta. ¿Crees que hay saltadores preparados para seguir tus pasos?

Es una pena pero la nota dominante del triple salto en España es la poca base. Es una especialidad que nunca ha sido demasiado fuerte en relación con el resto del atletismo. Cuando yo era junior, éramos varios los que pujábamos por la victoria, pero ahora solo hay dos triplistas. Espero que cambie o que surja algún portento de la naturaleza para que puedan darle un empujón al triple salto.

Desde tu experiencia, ¿qué virtudes se han de poseer para llegar a campeón de triple salto?

Desde fuera no se refleja la realidad, y esta tiene mucho que ver con el talento físico. El salto normal es mucho más explosivo, más motriz; en triple influyen muchos más factores, ya que la velocidad ha de estar controlada con el ritmo y la potencia. El triple salto es como cuando tiramos una piedra plana al agua para que rebote haciendo la “rana”: muchas veces se hunde o no rebota. Lo único que importa cuando salto es vivir el momento. Y lo mejor que he hecho ha sido alcanzar esta meta y disfrutar de todos mis saltos.

¿Con qué salto te quedarías de todos los de tu vida deportiva?

Es difícil porque ha habido muchos, pero creo que el éxito y la emoción que sentí en el Campeonato de Europa en Valencia (1998) fue algo impresionante. Había hecho dos nulos, pero sabía que era uno de esos días en los que me encontraba como nunca: lo aposté todo en el último salto y, aunque no hice podio, conseguí mi mejor marca personal (16,87 m, Récord de España)*. Allí estaban todos los buenos y creo que me lo curré. Estoy muy orgulloso de ese salto.

El actual récord de España de triple salto es de Pablo Torrijos con17,04m.

¿Tienes la sensación de haberte olvidado algo en el foso?

Esa sensación siempre queda. La única espina que me llevo clavada es no haber podido superar los 17 metros. Toda mi carrera deportiva he estado rozando este límite, pero no pude batirlo. Hay otros atletas que tienen picos de intensidad, que acostumbran a saltar unos 30 centímetros por debajo de la que será su marca, pero yo nunca fui así.

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¿Fue la ausencia de rivalidad una nota dominante en tu carrera?

Es una cosa que nunca sabré, pero lo cierto es que en el mejor momento de mi carrera (cando mi cuerpo estaba en su mejor punto) me quedé sin rivales. Julio López, que era el que parecía estar más a mi nivel desapareció por culpa de una lesión; la gente joven que venia detrás no llegaba a estar. Pienso que si hubiese tenido mayores rivales habría conseguido menos títulos pero mejores marcas, algo que me hubiera gustado mucho.

¿Crees en la suerte?

La suerte existe, pero incluso ella se consigue a base de trabajo. Los saltos nulos o las lesiones que se pueden cometer en una competición tienen mucho que ver con el entrenamiento realizado. Es cierto que puede existir suerte o mala suerte, como el caso de Joan Lino en Atenas a quien le afectó la mala apreciación de un juez. Sin embargo, tuvo que saltar lo que saltó para poder luchar por su medalla.

Después de tanto tiempo compitiendo, ¿qué vas a hacer ahora con tu tiempo?

Yo no soy de esas personas que confiesan haber sufrido una barbaridad porque lo han perdido todo al dedicarse al deporte de élite: el atletismo me ha dado mucho más de lo que me ha quitado. Nunca he sentido ese enorme sacrificio del que hablan algunos. Ahora mi prioridad son mis dos hijos (tiene uno de un mes y otro de tres años) a los que les voy a dedicar todo mi tiempo para que puedan ser felices.

¿Qué recuerdas de tu actuación en Sydney?

En Sydney me di un golpe terrible con un carrito de maletas, lo que me creó un serio dolor de rodilla. El día de la competición mis piernas no estaban al 100 por 100. Tras dos nulos (uno por muy poquito) decidí que me la tenía que jugar en el último, pero me salió mal y fallé. Creo que hay muchas formas de perder y esta fue de las mejores.

¿Qué es lo más duro de tu especialidad?

El triple salto es arriesgado… socialmente: en alguna ocasión, una mala caída ha desgarrado mi maillot y es complicado taparse cuando sales del foso. Sobre todo para que no me vieran los jueces, con quienes, por cierto, he tenido alguna que otra vez más de una discrepancia (siempre desde el respeto, eso sí). En una ocasión, compitiendo de junior en San Sebastián, alisaron la arena antes de medir mi marca; el juez pinchó en cualquier punto para disimular y me salió una marca medio metro por encima de mi mejor salto. Me costó una barbaridad convencer a los jueces de que ese no era mi salto, que era casi el récord de España y que no me pertenecía. Pero fue aún peor explicárselo a la familia y amigos. Cada cual es como es, ¿no?

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