La Desert Run vuelve a enamorar a decenas de runners

Un año más, la Desert Run le roba un pedacito de corazón a sus participantes.
Karim Portzgen y Pablo Vázquez -
La Desert Run vuelve a enamorar a decenas de runners
El desierto, su hogar

Hace más de ocho años, cuando se propuso realizar la primera Desert Run, algunos pensaron que era un sueño imposible. "No habrá suficientes locos que deseen correr en el desierto, atravesando dunas y aguantando el calor africano", decían. Sin embargo, Joan Boada demostró que estaban equivocados, y en 2009 puso en marcha la primera Desert Run. Ahora, en 2016, son ya más de 600 finishers los que acumula esta peculiar carrera.  ¿Por qué cada vez hay más locos que deciden correrla? Muy simple, su valor no son únicamente sus tres etapas (15, 21 y 26 kilómetros), sino la totalidad del viaje, que lo convierte en una aventura única e inolvidable.

Primera etapa

Los 15 kilómetros del primer día de carreras en la Desert Run se desarrollan sobre un asequible circuito, sin demasiadas complicaciones para el debut en la prueba. Sus primeros 12 kilómetros discurren por un camino de tierra y piedras, desde donde los runners afrontan la parte final de la etapa a través de las famosas dunas del desierto. Montañas de arena fina que dificultan notablemente la carrera a pie, por lo que muchos participantes optan, en estos últimos 3.000 metros, por caminar. Nada contra lo que no puedan sobreponerse los corredores de la Desert Run, con todos los participantes llegados a meta para gozar de un par de horas en la preciosa piscina del Hotel Kashba de Xaluca.

Después de comer en el delicioso buffet que ofrece el hotel, la organización tenía reservada una excursión en 4x4 hacia las enormes dunas de Erg Chebi, donde se realizó un 'pit-stop' para cambiar la tracción a las cuatro ruedas por dromedarios. Sobre los lomos de estos apasionantes animales se adentraron en el mar de dunas y disfrutaron de la incalculable belleza del desierto y sus puestas de sol. Después de este momento único, nuevamente sobre los dromedarios, se dirigieron hacia la Belle Etoile, donde se relajaron con una sabrosa cena y pasaron una noche en Haimas, tiendas confeccionadas con pelo de dromedario, idénticas a las utilizadas por los nómadas del desierto.

Segunda etapa

El segundo día de competición arrancaba junto a las haimas en las que descansaron todos los corredores, punto de partida para los 21 kilómetros de pista que les esperaban. Durante el recorrido se transcurre por varios pueblos donde curiosos y lugareños salen a animar y acompañar corriendo unos cuantos metros. Con cada kilómetro ganado a la meta, el terreno se va haciendo más arenoso, similar al último tramo de la primera etapa. El arco de meta, en esta ocasión, se encuentra asentado en el Hotel Xaluca Tumbouctou, en Merzouga.  Ya por la tarde, tocaba una nueva excursión en las canteras de fósiles marinos (increíble que hace millones de años la zona estuviera completamente inundada por un océano) para después seguir hacia un poblado sudanés, donde contemplaron un baile tradicional mientras degustaban un delicioso té a la menta.

Tercera y última etapa

Corredores y caminantes se enfrentaban a la etapa más larga de todas. Un total de 26 kilómetros que daban comienzo en mitad del desierto. Nada más levantarse, todos los participantes se montaban en los 4x4 para dirigirse al corazón del desierto. Lo único que se distinguía era un arco de salida situado en medio de la nada. Dado el grito de salida, los runners pusieron rumbo a la meta a través de caminos anchos y uniformes, con tramos de arena y un final de carrera pisoteando el lecho de un río seco, desde donde afrontaron los últimos metros hasta el precioso oasis de Tisserdimine. Ahí les esperaban de nuevo todos los 4x4 para devolverles al primer hotel donde se alojaron.

Aunque cansados, no podía faltar la excursión después de la comida, donde se acercaron a la frontera con Argelia para visitar las minas de Menfis. Unos yacimientos poco habituales, ya que se cavó en una montaña, convirtiéndola en un montículo rocoso y circular, con un gran vacío dentro. Desde la cima, podían deleitarse con unas preciosas vistas panorámicas del vacío arenoso que les rodeaba.

Después de la excursión, sólo restaba la entrega de premios y la cena de despedida. Dos momentos inolvidables donde todos pudieron gozar de las preciosas instantáneas que han realizado durante todo el viaje, recibir las medallas y copas, así como el gran momento de la felicitación, por parte de la organización, a todos los presentes en la Desert Run.

La Desert Run no sólo es una carrera, es una experiencia. No todo es correr, sino que es cultura y turismo, una combinación entre viaje y deporte que convierte el evento en una experiencia singular, tanto para el que participa en las tres etapas como para los importantísimos acompañantes y animadores que comparten los sueños de los finishers.

Estamos seguros de que la mayoría de los que han completado este viaje, tienen reservado un lugar especial en casa para colgar su merecida medalla.

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