Fílipides en bermudas

El mejor resumen del VII Hospitales San Roque Gran Canaria Maratón.
Alberto Hernández -
Fílipides en bermudas
Fílipides en bermudas

No cabe duda que esta carrera está destinada a gente con el cerebro bien compartimentado. Deportistas que sepan discernir entre las sonrisas y la agonía, que manejen la dosis exacta que hay que destinar a cada una de ellas cuando aceptemos el ritual de colocarnos un dorsal. Si acudes a Las Palmas de Gran Canaria dispuesto a anticipar la jubilación de tu mejor marca personal… vas mal. Por poder, se puede. El trazado es llano y, si respeta el viento, quién sabe… La cuestión es, ¿se debe?

¿Se debe renunciar a los placeres de la cocina canaria? ¿Estás dispuesto a cambiar las papas arrugadas con mojo, el gofio, la ropa vieja de pulpo… por tu sempiterno plato de pasta? ¿De verdad que el día antes piensas salir a trotar 30 minutos en lugar de lanzarte a la Playa de las Canteras a dejar pasar las horas sin hacer otra cosa que holgazanear? ¿No vas a alquilar un coche y trillarte la isla junto a tu familia, pareja o amigos hasta acabar con las piernas molidas? Es el verano en pleno enero, 25 grados a tu disposición; para correr fondo no es lo ideal, para gozar el milagro de la existencia está claro que sí.

Es la propuesta de Hospitales San Roque Gran Canaria Maratón. Y no debe ser mala, cuando convence a más de 10.000 personas, la suma de las que participan en todas las variantes que ofrece el evento, la fiesta del running más meridional del Viejo Continente. Sábado por la mañana un 3K no competitivo y la tarde reservada a las carreras para los más jóvenes de la casa, de prebenjamines a juveniles. Y el domingo el turno del 10K (con versión en silla de ruedas y handbike), medio maratón y maratón.

Es un paraíso a tiro de piedra de cualquier punto de la Península… Y más allá. Que se lo cuenten a los más de 1.000 runners llegados de Dinamarca, Suecia, Noruega, Alemania, Irlanda, Gran Bretaña, Italia… Huyeron del frío y encontraron refugio en una isla en la que la hospitalidad es decreto ley. Más de 60 países representados en el asfalto. Una auténtica locura. Y la cosa va a más, pues los récords están para batirlos y cada nuevo curso la cifras de congregados aumentan como lo hacen las de las pruebas que son alguien en la historia del running, de manera sostenida y sostenible, sabiendo que la idiosincrasia de las carreras de largo aliento no solo es achacable a los atletas, también a los organizadores serios. Y este, el Cabildo de Gran Canaria apoyado en la empresa DG Eventos, lo es.

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Del pistoletazo de salida hace ahora tres lunas. Si esto fuera una competición al uso nosotros llegaríamos tarde. Demasiado. Nuestro retraso, en estos tiempos de culto a la inmediatez, se mediría en años luz. Sería imperdonable. Pero hemos querido escribir como corrimos. Sin importarnos demasiado lo que dijera el GPS, sin preocuparnos por engullir millas con la mirada perdida en la promesa del siguiente hito. Atendiendo a las sensaciones recopiladas desde que bajamos del avión hasta que regresamos a casa (con nostalgia en la zona edonista del alma, como siempre), sin circunscribirnos a la pequeña porción de tiempo que pasamos sudando a la vera del océano. Porque sabemos que es lo de menos, que nos gusta más correr para buscar excusas con las que descubrir lugares, personas, platos… que persiguiendo récords que al fin y al cabo solo perduran en el fondo de nuestro ego (y a veces, ni eso). Por eso llevamos siete años sin perdernos esta cita. Por eso se la recomendamos a todo el que se cruza en nuestro camino. Porque es una metáfora perfectamente pulida de lo que consideramos ha de ser una carrera POPULAR.

(Para ver fotos de peña que corre que se las pela, saber quienes triunfaron en cada una de las distancias y el paralelo Campeonato de Canarias de Maratón, comprobar cómo se lo montan los chicos del team AC Hoteles, descubrir las figuras de Eoin Flynn y Patricia Díaz, barajar datos exactos de llegados, conocer los personajes relevantes que desfilaron por la isla el fin de semana y en general leer una crónica que respete un poco más los cánones del género -porque esta pretendía hacerlo pero ha acabado pasándoselos por el forro-, aflojad el bolsillo y acudid al kiosko a comprar nuestro número de marzo. Tal vez entonces, cuando se nos haya pasado la relajación absoluta que nos regaló esta tierra donde la prisa es pecado, nos de por volver a hacer las cosas como de costumbre, con ese punto de estrés tan nefasto asociado al oficio de juntaletras desde que el mundo es mundo… O tal vez no, tampoco vamos a engañarles)

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