Ribera Run Race: el vino manda

Sumergidos en la búsqueda de formatos más divertidos, surgen carreras desenfadadas y que acercan los mundos del correr y hacer turismo a una fiesta conjunta.
Luis Arribas / Fotos: Diego Winitzky -
Ribera Run Race: el vino manda
Ribera Run Race: el vino manda

Cuando termine de poner lavadoras de ropa que parece llegada de la fiesta del vino de Haro, prometo recopilar todos los momentos de emoción salidos de la Ribera Run Race. Que esto quede entre nosotros: es la carrera de larga distancia a la que me presentaba yo con un bagaje anterior más incierto. Acompañadme mientras sigo con el científico análisis de la carrera.

La Ribera del Duero vallisoletana acogió la ‘Ribera’. Un set de carreras donde acudimos como moscas a un señuelo: en los avituallamientos habría vino del mejor. ¿Tendríamos buenos acompañamientos y DJs en las bodegas? Se diseñó como un Grand Tour por las viñas y las bodegas de la Milla de Oro de esa denominación de origen con peso específico propio a nivel internacional. El tramo oeste de la Ribera del Duero era el marco para un bucle que, de partida, arrancaba en Peñafiel y viraba Duero abajo por la senda fantástica del GR 14, la Senda del Duero, para girar en Valbuena y regresar hacia ese castillo anclado como un barco en mitad de Castilla. La inspiración, la mítica Marathon du Médoc, en Francia. La temperatura de salida, frescuelo. Piernas, dos. Talento, cero. Hasta aquí los fríos datos.

Hay docenas de otros aspectos, todos de ellos fundamentales. Cosas que se fueron cruzando por el camino de los cientos de debutantes en las dos distancias (51 y 21 kilómetros) y que cada uno contará a su manera. Alguno quizá haya olvidado hechos que ocurrieron dado que esta fiesta deportiva arroja paladas de tierra de viña sobre el sufrimiento. Para quienes no sean muy de metáforas elevadas deciros que, en fin, las penas de los kilómetros corridos nos las iban lavando con vino.

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A pesar de acudir especialistas en correr por la montaña, los perfiles y las pistas de la Ribera Run Race eran una combinación a la americana del habitual de subir y bajar. Con tal panorama la presencia de Pedro José Hernández o Joel Aubeso en ambas carreras dejaba un tanto en entredicho la resolución de los podios. Al final, la solvencia del extremeño (3h40:04) y de Carmen Pérez (4h19:32) clarearon los puestos de cabeza por delante de Francisco González y Carmen Tocón. Detrás y a las 10 de la mañana, alrededor de 200 participantes tomaron la salida en la plaza del Coso de Peñafiel para la hermana pequeña, la Ribera Media con el objetivo de recorrer el sombreado y bellísimo parasol del Duero, camino siempre de recompensas como la bodega de Dehesa de Canónigos (km. 14) o la meta parcial pasado el precioso monasterio de Valbuena y los dominios de Bodega Emina (km. 21).

Otro centenar llevábamos ya un buen rato relamiéndonos por los mismos caminos dado que la salida de la Ribera Run Race se efectuaba dos horas antes. Tiempo suficiente para que las hasta siete bodegas fueran calentando el ambiente. Magnífica la acogida en las mismas y es que el espíritu de participar en una fiesta lo inundaba todo. El modelo del que la carrera se nutre (iba a escribir “bebe” pero me contuve) es el de la participación de los chateaux franceses en la fiesta del maratón en Médoc. Nosotros entramos en su bello mundo y ellos participan en la Ribera con dorsal incluido. Todos contentos.

El color tinto del vino se mezclaba con el de nuestro sistema circulatorio sin problema alguno. Minutos antes de salir explicaba a un viandante de la zona que sí, que pararíamos de bodega en bodega. “Por Peñafiel será”, dijo con sincero descreimiento vallisoletano. “Por Peñafiel y por San Bernardo, Pesquera y Curiel y vuelta para acá”, le corregí para su asombro. Creo que no conseguí convencerle pero no me importó. Es evidente que se tiró todo el día preguntando a sus paisanos y viendo corredores llegar alegres como sonajeros a Peñafiel. Alguno le diría que sí, que incluso habíamos subido al castillo porque sí, por deseo expreso del equipo técnico de la carrera de TerraIncógnita (abanderado por el inigualable Depa, director de la revista Trail Run).

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Particularmente jovial fue el paso por la segunda mitad de la carrera. Los de la Media se lo perdieron. El regreso hacia el este, Duero arriba atravesando entre los viñedos en dirección de las bodegas de Hacienda Monasterio, Nexus y Comenge, nos llevaría hacia los cerros testigo de Curiel de Duero y su conjunto amurallado en el que alguno echamos unos metros fuera de carrera para terminar de ver siglos de historia esperando que acudiésemos. Hasta una entrada triunfal por Legaris y las arquerías de las Bodegas Protos, que remataban el acceso a la línea de meta subiendo y bajando al castillo de Peñafiel y sus callejas aledañas de la manera más ilógica y divertida. Como si no quisieran que terminásemos. Como si hiciera falta, según lo estábamos pasando.

Uno, como visitante con dorsal, se sentía como en casa en las áreas de avituallamiento. Veréis, no hace falta que recomiende la carrera porque el éxito ya estará corriendo de boca en boca. El material gráfico que saldrá de la prueba será esparcido por el viento y las redes sociales y muchos reventaréis de envidia. Las bodegas participaron además en una categoría propia (Wineries), prepararon la bienvenida a los corredores y se convirtieron en una isla de civilización a la que llegar, sentarse —porque había que ver aquello— y entender cómo se está interpretando la cultura del vino en los nuevos tiempos. La combinación es siempre ganadora: arquitectura de primera, trato exquisito, calma que sólo se da en determinados ambientes y la acogida a los acompañantes y visitantes que discurrían de manera paralela a las carreras. En efecto, muchos os perdisteis entrar a espacios habitualmente cerrados y saborear productos del terruño.

Soy consciente de estar escribiendo una sandez pero me da que el recorrido definitivo de la Ribera evolucionará. El éxito y el ambiente conseguido en las bodegas que sirvieron de avituallamiento podría hacer que alguna joya del vino próxima a la zona se animase y que, en lugar de 52 kilómetros, pronto estemos hablando de un poco más. Por mí, solo tienen que cambiar el curso de la carrera en algunos cruces. Que sea lo que Baco quiera.

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