¿Tan arriesgado es hacer un maratón sin años de preparación?

A por los 42 kilómetros y 195 metros.
Antonio Alix -
¿Tan arriesgado es hacer un maratón sin años de preparación?
¿Tan arriesgado es hacer un maratón sin años de preparación?

EL AUGE DEL CORRER lleva aparejado el de las competiciones abiertas a cualquiera. Es un hecho. Cada fi n de semana, ¿cuántas puede haber en España? ¿200 por decir una cifra redonda? Porque solo en la Comunidad de Madrid no creo que baje de 15 entre diferentes distancias y modalidades, si incluimos las que van por la montaña. La mayoría de ellas son de 10 km, la distancia más típica desde que comenzaron a disputarse carreras populares en los años 70, y otro buen porcentaje de 5, la nueva distancia creada para atraer nuevos inscritos. El número de maratones también ha crecido y la cantidad de participantes en los mismos. Ya hay cuatro que superan los 10.000 (siempre hablo de gente en meta, no de inscritos, porque esta cifra se suelen inflar). Por orden en el calendario, para que nadie se ofenda: Sevilla, Barcelona, Madrid y Valencia.

¿POR QUÉ AMAMOS EL MARATÓN?

Desde luego que ese auge no va en paralelo al de participantes en las distancias menores y en España sigue faltando un maratón que rivalice con los grandes del calendario mundial, rondando los 30.000. Así como sigue siendo bajo el porcentaje de mujeres. Si en las de 5 km supera el 50%, va bajando según aumenta la distancia y en los maratones no suele superar el 10%.

Esto viene a colación porque hay una corriente de opinión que afirma que hay mucha gente haciendo locuras y precipitándose a hacer el maratón sin estar bien preparado. Precipitación tuvimos los miles que afrontamos aquel primer Mapoma de 1978 en el que dudo que hubiese más de un 5% con experiencia en esa distancia. En mi caso tenía 13 años y fui con varios amigos de mi edad, ¡incluso un hermano mío con 10 años! Creo recordar que solo uno acabó, al resto nos fue eliminando la distancia en forma de calambres o ampollas, imaginad las zapatillas que usábamos; pero a nadie le dio un infarto.

Tras esa edición el número de participantes cayó para tardar más de 30 años en superar los 10.000; en cambio el porcentaje de gente que acababa pasó a ser elevadísimo, superior al 90%. Es decir, que quien afronta un maratón sabe a lo que va y solo un problema serio le deja sin cruzar la meta.

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Si hay en España 75.000 participantes al año entre todos los maratones de asfalto del calendario, dudo que haya tantos inconscientes con sobrepeso y/o fumadores que los afronten como para que entre los expertos cunda la preocupación. Cierto que se dan casos de incidentes cardiovasculares, incluso alguno con muerte. Pero es consecuencia lógica del aumento de participación, mera cuestión de probabilidad. Es más, en los maratones españoles el porcentaje de marcas sub 3 horas es muy elevado comparado con los grandes maratones del mundo. En los de más participación puede incluso superar el 10% y en el de San Sebastián se llega al 20%. El maratoniano medio español es competitivo y está entrenado. Y los que no lo están, ¿de verdad se ponen en serio peligro? Creo que no.

¿QUÉ LE PASA A TU CUERPO DURANTE UN MARATÓN?

Para mí es mucho más peligroso el esfuerzo que se hace en la típica pachanga de fútbol o pádel entre compañeros de trabajo; o en las clases colectivas de gimnasio en las que sigues a un monitor que está en forma. Tanto para los músculos por ser un ejercicio con picos de alta intensidad como para el corazón. Quien corre habitualmente suele seguir una rutina y cuidar su alimentación. Pero no quien ocasionalmente echa esas partidas en las que, aunque no haya trofeos en juego, se da todo lo que se tiene a base de sprints y en las que te llevas golpes.

No estoy diciendo que la primera carrera que se haga mida 42 km, pero sí me parece recomendable ponerse el reto del maratón aunque el tiempo vaya a acercarse a las 5 horas. Prepararlo te obligará a una rutina, a hacer otros ejercicios aparte de correr, a una vida saludable… Y a ser consciente de que a partir del 30 no quedan 12 km, sino 12 millas, porque cada kilómetro parece más largo que el anterior. Hay que salir a un ritmo que en una sesión de entrenamiento parecería de ‘charleta’, e ir hidratándose y avituallándose continuamente para que el castigo muscular y hepático no se vea incrementado. La satisfacción de acabar el primer maratón es inenarrable, uno que no lo haya vivido no lo entenderá. ¿A qué estáis esperando?

Columna publicada en el número 195 de RW España | Junio de 2018

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