Te estás pasando

Mucho cuidado con la ultradistancia si no estás preparado
Carlos García Prieto -
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El trail runningestá de moda, eso ya lo saben todos. De hecho, está más de moda que el running, que para el que no sepa inglés es lo de correr de toda la vida. El problema es que se está poniendo de moda hacer también el inconsciente, y me explico, que no quiero ser políticamente incorrecto.

El trail running es correr fuera del asfalto y, como cualquier disciplina atlética, trae consigo el extremo. Deportistas de élite que invierten centenares de horas entrenando, alargan las distancias o los desniveles a límites impensables hace no demasiados años, completando increíbles retos. Hablo de los comprobados y verificables, claro; alguno ya sabrá por dónde voy…

Estos retos personales y la imaginación de algunos organizadores derivan en pruebas deportivas organizadas que pro- ponen distancias absolutamente brutales, muy por encima de lo que en atletismo se conoce por fondo, que llega hasta el maratón. En este momento, solo en España, puede haber algo más de 1.500 carreras de trail de las que al menos un 28% superan esa distancia mítica de los 42 km. Y aquí es donde aparece el personaje del que hablaba antes, el inconsciente.

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Un corredor normal que invierta muchas horas entrenando o, por supuesto, uno de élite, puede hacer frente a cual- quiera de estas carreras con mucho esfuerzo pero con unas ciertas garantías. El problema es que con la tentación del reto, la aventura, la búsqueda del límite, la adrenalina o, peor aún, alguna apuesta o el resultado de una borrachera, hay una cierta tendencia a que se apunten a estas pruebas corre- dores claramente no preparados. Eso crea una infinidad de problemas de todo tipo que vamos intentar analizar.

El primero de todos afecta claramente a la organización. En mi opinión, toda organización tiene la obligación de diseñar una carrera factible para la mayoría de los inscritos. Organizar una carrera imposible es la cosa más sencilla del mundo y, además de no tener ningún tipo de mérito, es estúpido (pero de esto ya hablaremos otro día).

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Por tanto, cada organizador puede calcular un número de bajas, pero la presencia de corredores no preparados, además de elevar los porcentajes de manera importante, puede poner en jaque a los medios de seguridad previstos, que se pueden ver sobrepasados a pesar de los márgenes de garantía.

La correcta atención médica o el rescate son prioritarios y tener que dedicar todos los esfuerzos para ayudar a un corredor que no ha preparado adecuadamente una carrera determinada me parece cuanto menos injusto.

El segundo punto se refiere a los compañeros corredores. Este punto es más filosófico que práctico, aunque no por ello es menos importante. Yo siempre he opinado que el verdadero esfuerzo de una carrera se realiza con el entrenamiento. Esos días en los que tenemos que hacer una tirada larga, muchas veces solos por no encontrar a nadie que nos acompañe y esos lar­gos meses en los que vamos queman­do con lentitud exasperante las hojas de nuestro planning y que a base de perseverancia nos llevan a estar listos para una carrera de cientos de kilóme­tros son lo que nos hace merecedores de la medalla de finisher.

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Saltarnos el pequeño detalle del ago­tador entrenamiento y presentarnos sin ninguna garantía ni experiencia en la línea de salida de una carrera de ul­tradistancia es como mínimo una im­prudencia y, desde luego, una falta de respeto hacia todos los demás corredo­res que en menor o mayor medida han hecho los deberes.

Por último, hablemos de nosotros mismos. Como dice la Biblia, “nues­tro cuerpo es un templo”, y tenemos la obligación de cuidarlo, básicamente para que nos dure y no nos lo expro­pien antes de tiempo.

Hacer una carrera de ultradistancia -de más de 42 kilómetros para que nos entendamos- no es la actividad más sana del mundo, y en eso creo que ya estamos de acuerdo, pero intentar ha­cer una carrera de esa distancia a pelo es de inconscientes.

El entrenamiento está súper bien definido por la RAE: “Preparación para perfeccionar el desarrollo de una actividad, especialmente para la práctica de un deporte” y al final con­siste en acostumbrar lo más posible a nuestro cuerpo para no solo aguantar el machaque de la actividad en cues­tión sino que el rendimiento sea ópti­mo durante la misma. No entrenar es como atacar un fuerte con las puertas abiertas… ¡Una masacre!

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Nuestro cuerpo aguanta al principio, todos aguantamos al principio, pero luego la cosa cambia y todos los siste­mas colapsan. Los músculos se niegan a trabajar y por supuesto comienzan los dolores por la falta de preparación. Los tendones se inflaman, la frecuencia cardíaca se eleva excesivamente, nos cuesta respirar y la fatiga muscular nos obliga a reducir la marcha, por no ha­blar de problemas hepáticos, fallos en la regulación térmica o la deshidrata­ción… lo dicho, una masacre.

Está claro que enlos tiempos que vi­vimos muchos quieren superar el mal­dito límite ese, o batir récords o hacer cosas aparentemente locas, pero en mi opinión, hacerlas a pecho descubierto es de inconscientes. Ya no estamos en la época de Custer, en la que no queda­ba más remedio que atacar de frente y listo, ahora hay webs, blogs, podcasts y mil cosas más que ni siquiera sé cómo se escriben que nos ayudan y nos dan consejos útiles para ir preparados a cualquier reto, por descerebrado que pueda parecer. Un buen entrenamien­to minimizará las consecuencias ne­gativas, que las tendrá, de todo reto extremo.

Sinceramente, para mí, el que no se prepara bien es un inconsciente…

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