Abderraman Ait Kamouch, auténtico ejemplo de superación

El talento del desierto.
Albert Caballero -
Abderraman Ait Kamouch, auténtico ejemplo de superación
Abderraman Ait Kamouch, auténtico ejemplo de superación

(Publicado originalmente en el número de Runner's World de junio de 2008)

Abderraman Ait Kamouch carece del brazo derecho. Lo perdió siendo niño tras una amputación a la que tuvo que ser sometido en su Marruecos natal para evitar que la gangrena afectase a sus órganos vitales. Junto con Ayad Lamdasem logró el año pasado la nacionalidad española, porque no en vano Abderraman es uno de los mejores atletas paralímpicos del mundo. Este año en Pekín se encargará de demostrarlo, si Alá le da fuerzas y fortuna. “Yo nací en Merzuga, que es una ciudad situada al sur de Marruecos, a pocos kilómetros de la frontera con Argelia. Es una zona muy famosa porque allí se disputaba el Rally París-Dakar. Soy bereber y, como hablo árabe y francés, de pequeño, además de estudiar, me dedicaba a vender objetos tradicionales a los turistas, como piedras talladas”.

Perdió su brazo derecho a los siete años, tras una amputación. La historia nos la cuenta así: “Me caí en un pozo y me rompí la muñeca. La infección empezó a agravarse y, como vivo en una zona muy pobre, no me pudieron llevar a un hospital. Mi familia tampoco tenía recursos para pagármelo. Tras la caída me pusieron una venda, pero la herida se gangrenó y al final, tras recaudar dinero entre los vecinos, me pudieron trasladar a un hospital. Allí unos voluntarios chinos me ayudaron (tuve suerte de que estuvieran allí de paso) pero hubo que amputarme el brazo. Ahora estoy bien, feliz, y no me siento un discapacitado porque puedo hacer más o menos lo mismo que tú”.

Este simpático joven reside como atleta becado en el CAR de Sant Cugat, y nos confiesa que en España “me facilitaron una prótesis, pero no me sirve porque más que ayudarme, me estorba”. Llegó a nuestro país en 2003 tras todo un periplo. Primero, fue a Rabat, en una época en la que “participaba en competiciones de la categoría juvenil junto a atletas sin discapacidad ninguna. Hablé con la federación que aglutina y coordina a los atletas paralímpicos de mi país pero no me aceptaron. Entonces busqué por internet la ayuda de clubes y asociaciones europeos, pero claro, me pedían que para ayudarme tenía que residir en el país del equipo para correr por él. Así que decidí ir a España en una patera”.

Y nuestro valiente se puso en manos de una mafia que mandaba gente a España. El dueño de la tienda en la que él trabajaba comandaba también el tráfico de emigrantes hacia la Península y según Abderraman, “como yo me portaba bien con él, se compadeció un poco de mí y me buscó un hueco en un patera”. La embarcación en cuestión partió de El Aiun, y a la cuarta tentativa alcanzó las costas a Fuerteventura. Antes estuvo unos días esperando en el desierto. “Hicimos un viaje de tres horas en una furgoneta, hasta llegar a la playa, y luego nos embarcamos en la patera a las 4:30 de la madrugada. En la embarcación teníamos agua, comida, té, etc. Pero fue una experiencia muy dura. Ves la muerte muy cerca; si llegas, sobrevives, y si no llegas, mueres. Entre la tripulación nadie habla, porque con la muerte ahí delante, no hay humos para nada. No lo volvería a repetir, prefiero seguir siendo pobre en mi país antes que jugarme así el pellejo”.

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Nueva vida

Tras desembarcar en tierra española, junto a otros 33 tripulantes, Abderraman, sin documentación, fue interceptado por las autoridades policiales. Le hicieron una prueba digital y dedujeron que era menor de edad. Le internaron en un centro de acogida de Las Palmas, en el que “me daban una paga que trataba de ahorrar. Luego me mandaron a Barcelona y me dieron el permiso de residencia. Gracias a que soy atleta he logrado ingresar en el Centre d’Alt Rendiment de Sant Cugat”. Ahora tiene ficha por l’Associació Esportiva Blanc-i-Blau (antes la tuvo por el C.A. Nou Barris) y ha hecho especial amistad con atletas paralímpicos españoles del calado de Javi Conde o José Castilla. Sus plusmarcas personales son: 23 en los 200 m, 52 en los 400 m, 1:56 en los 800 m, 3:59 en 1.500 m (cerca del récord mundial), 8:43 en 3.000 m, 30:50 en 10.000 m y 1:07 en la Behobia-San Sebastián. “Como puedes ver, corro más o menos todo”, apostilla. Llegó al CAR de Sant Cugat en 2005 y, gracias en buena medida a la ayuda de Domingo López “he mejorado mucho. Él es una gran persona, muy seria y muy buen entrenador. Con él he rebajado 19 segundos mi marca en los 1.500 m. Ahora quiero batir en récord del mundo y competir en los JJ.OO. Paralímpicos. Creo que tengo muchas posibilidades porque lidero el ránking mundial, pero a ver qué tal corren los chinos, los africanos...”.

En España se siente “muy bien, todo el mundo me ha tratado de maravilla. Intento respetar a todos y suelo recibir el mismo trato”. Se considera musulmán pero no practicante. “Eso sí, soy una persona de fe. A los marroquíes que aún están en Marruecos les diría que no vengan a España de cualquier manera. Si pueden viajar con un contrato de trabajo, con la cabeza alta, pues que vengan, pero que sepan que en España no todo el monte es orégano”. Sus atletas preferidos son Hicham El Guerrouj y Fermín Cacho. Y, como sueño, le encantaría lograr “el oro en los 1.500 m de los Juegos Paralímpicos”. Para ello entrena hasta 140 kilómetros semanales, haciendo sesiones como esta: 500 m a 1:06, 300 m a 36 segundos y 150 m en menos de 17 segundos, recuperando 6 minutos. Y sobre el Espanyol, su actual club, nos dice que “con perdón, me tratan de puta madre”. Perdonado quedas, Abderraman.

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