Historias de corredores

Miles de pasos por vivir, miles de cuentos que contar.
Aurora Pérez -
Historias de corredores
Historias de corredores
En el punto de partida mil, dos mil, diez mil números e ilusiones. Tras ellos igual número de historias, todas distintas, todas importantes. En el horizonte una nueva que escribir. Tejida de zancadas y de pasos, de esfuerzos, de luces y de sombras, de ambiciones, de esperanza y, a veces, de desesperanza. La dedicatoria para los que día a día nos apoyaron. Agradecimientos a la familia, a los amigos que hacen con sus ánimos que estés ahí, en la salida, a punto de escribir una nueva página. También a quien dirige nuestros pasos jornada tras jornada para llegar en forma al principio, nos marca las pautas para narrar las zancadas del camino que nos lleve a un buen final para escribir de nuevo, cuando hayamos disfrutado de nuestra gran obra.
 
 
El prólogo lleno de primeros pasos. Resumen de temores y de vacilaciones, de respeto y de resolución para ir urdiendo la trama, que escribiremos posiblemente en soledad, pero no solos, con lo que aprendimos para llegar a donde estamos. El argumento, pensado de antemano, discurre frase a frase con facilidad, aunque no exento de trabajo. Cada epígrafe superado es punto de arranque para el siguiente capítulo.
 
Para unos, novela, para otros, teatro, para la mayoría, un cuento. Con énfasis de exclamación, con interrogantes de debilidad. Con comas de ligero solaz y puntos para reponer el cansancio. Cada zancada vale una palabra, cada kilómetro un párrafo. Fabularemos durante el camino, según avancemos, aunque a veces nos cueste la escritura, por la dificultad añadida de las palabras no encontradas, que se une a la dificultad del terreno o de la mente que flaquea cuando no encuentra la inspiración.
 
Muchos personajes se van uniendo, enriqueciendo nuestro relato, mientras componen el suyo. No son meros figurantes, su protagonismo es como el nuestro, hasta tal punto, que nuestra historia sin ellos no existiría. Al final serán parte del epílogo y de la bibliografía que hará el relato completo y sin fisuras, listo para su edición.
 
Mi librería estará pronto llena de narraciones a las que acudiré para no olvidarme de mí, de lo que fui y de lo que seré, pero sobre todo de lo que soy, una corredora o un narradora de sensaciones, de epístolas unas veces, de epopeyas otras, de fantasías siempre. En la meta te contaré mi historia y escucharé la tuya. Intercambiaré mi crónica con la tuya, añadiré un nuevo volumen a mi biblioteca de experiencias, a mi biblioteca de leyendas.
 
Y al final colorín colorado, pero este cuento no ha acabado. Necesita un título, pero estoy exhausta y no lo encuentro. Mañana, tras el descanso, lo buscaré.
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