Zancadas musicales

Cada paso que das es una nota que pone música a tu vida, a tus carreras.
Aurora Pérez -
Zancadas musicales
Zancadas musicales

Eres artista porque corres. Porque tu respiración acompasada es un canto armonioso. Los silencios son tu música, los ecos de la naturaleza tu compañía. Quieres oír los sones de tus recientes pisadas, mientras añoras la cadencia que acompañó la juventud de tus primeras pasos. Moderno trovador, asaltante de carreteras, que glosas tus trovas a diario para quien escucharlas quiera, que cantas las vivencias que salen de tus pies. Tu sigiloso avance es la música que compone tus carreras, que te acercan al arte mientras modulas tus zancadas de acuerdo a los altos y bajos del camino que recorres.

Eres experto en la difícil técnica de crear en el asfalto sutiles cantos, siendo tus piernas cuerdas vocales perfectamente entrenadas con la tesitura adecuada que te harán tenor, barítono, contralto o soprano según lo requiera tu planificación, mientras de tu aliento surgen los múltiples registros que configuran la más versátil de las músicas. El eco de los impactos en el terreno llega a tu cabeza tarareando sintonías que recorren y empapan armoniosamente cada parte de tu cuerpo. No hay notas discordantes, no hay disonancia en tus pulmones, ni tu corazón desafina cuando late a ritmos felices, los ritmos que marcas cuando desde tu anonimato devoras los caminos, formando dulces sinfonías sin nada que envidiar al más famoso de los músicos. Tus piernas marcan en el suelo el compás, como si de teclas tocando el piano con tus dedos se tratara. Miles de notas recorridas salen de ti, mientras miles de kilómetros musicales te hacen vibrar.

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La voz que calentaste en la obertura anterior a la ópera para evitar que desentone sale limpia y clara de tu garganta o desgarrada cuando ha de ir superando los obstáculos, nunca exenta de arrojo, aunque avanzando con mesura. Eres parte de la orquesta y al mismo tiempo su director. Compusiste la partitura e interpretaste el pentagrama. Multitud de versiones reflejan tu experiencia, tu sana ambición de compositor, de creador, de corredor, de artista.

El enorme repertorio que atesoras tras años de esforzado trabajo habla de ti y de tu lírica. Con el paso del tiempo eres capaz de descubrir el verdadero color de tu voz, de perfeccionar su timbre y trabajar su frecuencia e intervalos para al final, subido en lo más alto batuta en ristre, recoger los aplausos mientras de tu cuello cuelga el merecido premio. También a capela y en soledad supiste poner al auditorio en pie, rompiendo la cinta para hacer ver que dominabas todos los tonos de tu voz.

Cuando al final del concierto me acerco a ti para felicitarte, para saber más de tu obra musical, de su composición, de su cadencia… de su perfección y te hablo de los mismos ánimos que nos guían me dices desde tu púlpito de maestro: Psssch…tengo un secreto, un pensamiento inspirador, que no puedo desvelar porque descubriría el misterio y acabaría el embrujo. Pero a ti te contaré por que se que me comprendes que vivo para el arte… para el arte de correr.

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