Competición: la culminación de todos nuestros esfuerzos

Un término difícil de definir, puesto que no existe un único modo para hacerlo.
Rodrigo Gavela | FOTO: Félix Sánchez -
Competición: la culminación de todos nuestros esfuerzos
Sencillamente, competición

No existe un único modo de definir la competición. Podría ser “la oposición o rivalidad entre personas que aspiran a lograr una misma cosa, y su lucha o esfuerzo por conseguirla”. Desde un punto de vista más deportivo se podría definir como “el concurso donde medir las capacidades físicas de cada uno; la pugna de resistencia y velocidad entre corredores; o cuando se echa el resto”. 

LA AGONÍA

En la Grecia clásica es donde denominaron “agon” a la competición, de ahí viene agonía, idéntica tanto para el primero como para el último. La agonía es un sufrimiento o angustia muy intensa que tienen que pasar todos los corredores cuando se enfrentan a la competición. Solo los que han participado en una carrera saben lo que es enfrentarse a la agonía mental que se sufre antes de dar el rendimiento máximo. Cuando se compite a tope, es tan penoso este sufrimiento que son muy pocas las veces que el corredor puede volver a entregarse por completo. Este es otro factor más que diferencia a los corredores de sus congéneres, la habilidad especial o capacidad de estímulo mental que les permite ignorar o superar la incomodidad y el dolor. Tal elemento psicológico, que aún sigue fuera del alcance de la fisiología, es el que determina hasta que punto nos aproximamos a los límites máximos de rendimiento.

SUFRIMIENTO ESPERADO

Cuando sale a competir el corredor experimenta sus momentos de mayor tensión. Pero a pesar del nerviosismo previo y el sufrimiento durante la misma, las personas necesitamos enfrentarnos a la competición regularmente. Es nuestra droga. Nos provoca el máximo estrés y a la vez lo buscamos con ansiedad. En la competición podemos encontrarnos, más allá del cansancio y el dolor, con reservas de alivio y vigor que ni habíamos soñado poseer y con fuentes de energía nunca probadas por no habernos enfrentado jamás a ese desafío. El esfuerzo es la esencia del ser humano, algo intrínseco a nosotros. A través del mismo, de la frustración y del dolor, conseguimos armonizar cuerpo, mente y voluntad. Tras el esfuerzo viene esa calma maravillosa que sucede al final de una competición, y con ella la verdadera recompensa.

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La Hora H

Competir bien implica tener en cuenta unos factores adyacentes al entrenamiento propiamente dicho pero igual de efectivos:

PRINCIPIO Y FIN

Todas las competiciones, en nuestro caso las carreras, tienen un principio y un fin. Empiezan en la línea de salida y acaban en la de meta. Tienen reglas, están marcadas, controladas, vigiladas y existen por la voluntad y el compromiso de los corredores que en ellas participan.

ESTRATEGIA Y TÁCTICA

Debemos analizar nuestras posibilidades para afrontar la competición. Esas decisiones previas y el plan para llevarlas a cabo no son más que una estrategia. Todos tenemos una, aún sin darnos cuenta. La habilidad para llevarla a buen fi n es la táctica.

PODER MENTAL

Aquellos corredores que son capaces de controlar mínimamente su mente obtienen mejores resultados cuando afrontan la competición. Según algunos especialistas, la sugestión y la autohipnosis pueden elevar la resistencia al cansancio y al dolor hasta en un 20%.

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