Correr te hace libre: bendito milagro

Publicado originalmente en el número de agosto 2007 de Runner's World.
Alberto Hernández -
Correr te hace libre: bendito milagro
Correr te hace libre: bendito milagro
Una reunión a principios de julio del año pasado. La redacción en pleno de la revista sentada en torno a una mesa, debatiendo las nuevas secciones que habrían de acompañar al rediseño estético de la publicación. Como inspiración, un número de la edición estadounidense. Después de hablar largo y tendido sobre el rumbo que pretendíamos darle a nuestra criatura, empezamos a pasar páginas y llegamos a “la doble del fotón”, como coloquialmente denominamos a la sección Rave Run de los yankees. Damos por sentado que debemos hacer algo parecido, introducir fotografías de paisajes que inspiren a los lectores a calzarse las zapatillas y salir a buscar sus sueños sin más barreras que las impuestas por la longitud de sus zancadas. Sólo quedaba por decidir un asunto; el nombre. Ante la inmensidad de la imagen, la concreción de la palabra. Como la vida misma.
Una por una fueron desfilando una galería de propuestas y traducciones más o menos brillantes (al menos muy válidas), hasta que Alex Calabuig, en una de sus lecciones de claridad mental, sostuvo: “Pero vamos a ver, ¿de lo que estamos hablando todos no es de lo libres que nos sentimos cuando salimos a correr? Coño, pues llamémosle “Correr nos hace libres” y dejémonos de rollos” (por cierto, les recomiendo la de este mes). Y todos dijimos “vale” a pies juntillas y pasamos a la siguiente sección.
 
Servidor, por supuesto, no volvió a recordar aquella mañana de verano hasta el día en que cruzó, con el mismo nudo en la garganta que el resto de sus compañeros, el control de seguridad de Alcalá-Meco, la nada imaginaria línea divisoria de los que se acuestan cada noche en su cama, van al cine, se toman unas cañas, compran fruta, toman el sol, cogen el metro, acuden a un concierto... y los que no. Lo hizo nada más ver aquel polvoriento campo de fútbol al que unos muchachos daban vueltas con la
misma ilusión y entrega que si de un famoso estadio se tratase. Y lo hizo mucho antes de conocer el lema bajo el que se aglutinaba aquel particular grupo de atletas: “Correr te hace libre. Escuela Martín Fiz”.
 
Sus integrantes resultaron en su mayoría muchachos que un día como otro cualquiera dieron un mal paso, el que muchos de nosotros en sus circunstancias (y allí había circunstancias adversas para dar y tomar) podríamos haber dado. Porque, no seamos fariseos, ¿quién a los 20 años no lió una tan gorda como para - de mediar un ápice de mala suerte- dar con sus huesos en el talego?
 
Una persona que coge el coche con 3 copas es un asesino en potencia, pero se olvida, se minimiza -cuando no trivializa- si al llegar a casa no se ha llevado a nadie por delante. ¿Un niño que roba 3.000 euros y le caen 6 meses es más delincuente? Llevo tiempo pensando en eso (aunque lo cierto es que tengo la respuesta más que clara). Imposible no hacerlo viendo la que está cayendo en esta España que, o mucho cambia la cosa o seguirá siendo, como dijo el poeta, “de charanga y pandereta”. Por muchos años. Si eres un “ladrillero” de Marbella un par de careos y a despilfarrar lo que robaste en cabezas de búfalo, zapatos de 2.000 y horteradas varias. Si te dedicas a pasar hachís en Lavapiés, a la sombra del tirón, ya veremos por cuanto tiempo.
 
Pero saben, queridos lectores, aquello de la vida y la esperanza. La realidad es que esos chicos están ahí, enlazando giros a un circuito al que ya no se le puede sacar ni un centímetro más. Están ahí sintiendo ese cosquilleo de adrenalina que nos absorbe a usted a y mí cuando cabalgamos por el parque. Nosotros árboles, ellos muros. Nosotros estanques, ellos alambradas. Nosotros que el tiempo pase lento para poder marcar un gran crono en la próxima serie, ellos que pase rápido para ver un poquito más cerca el día de darle la espalda a esa vida de lunas repetitivas. Sea como sea tienen una oportunidad, servida en bandeja por el mismo deporte que tanto nos hace suspirar a los aquí reunidos. Correr nos hace libres en una mañana de julio, mira tú que sencillo. Correr nos hace libres en un lugar donde la puerta de tu celda se cierra a las ocho de la tarde. Mira tú que bendito milagro.
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