Crítica sobre el documental "Fiz. Puro Maratón"

David Plaza -
Crítica sobre el documental "Fiz. Puro Maratón"
Crítica sobre el documental "Fiz. Puro Maratón"

FIZ, PURO MARATÓN
MARTÍN, PURA VIDA

por DAVID PLAZA

La estación otoñal pinta de colores el parque de Armentia, junto a Vitoria, lugar que ha recorrido incontables veces el protagonista de este documental. Ya ha pasado el verano, los grandes triunfos, los viajes, la fama, y en el otoño de la vida, con el poso que deja la madurez, Martín Fiz analiza todos sus días dedicados al atletismo. El deporte más democrático del mundo que, practicado como aficionado resulta muy placentero, como demuestran los miles de personas que lo practican casi a diario, pero que llevado al límite puede resultar angustioso. Tan duro como los comienzos en los crosses de Euskadi, como se puede disfrutar en unas irrepetibles imágenes con miles personas abarrotando los circuitos. Una bonita etapa en la que su admirado Antonio Prieto cede el testigo a Martín como punta de lanza de la especialidad.

Sus entrenadores, su mánager, sus compañeros y sus rivales desmenuzan sus virtudes y sus defectos atléticos, sus andaduras en la pista, la difícil decisión de dar el salto al Maratón y el contacto con el triunfo, primero europeo y más tarde universal, y hasta los pequeños piques que surgieron. Los momentos más emotivos llegan al hablar de su hermano Diego García, parte del triplete de Helsinki. Martín explica con los ojos vidriosos lo que supuso su pérdida, que le empujó a la retirada definitiva de la alta competición.

Una visión superficial se quedaría en una sucesión de entrevistas bien planteadas por Álex Calabuig e imágenes atléticas realmente bien montadas por Rodrigo Moro, con una música que acompaña a gran altura. En realidad, el documental deviene en un canto a la vida, al esfuerzo, a las ganas de triunfar, a la amistad, a la familia y a la humildad. Cuando alcancemos el definitivo sistema educativo (es decir, nunca), será obligatoria en todas las escuelas. Las imágenes de un Martín retirado de la élite saludando a todos los atletas populares que entran en meta junto a él son impensables en otros deportes y con otro tipo de personas.

Quizás se eche en falta una intervención algo más extensa de Fabián Roncero, el genio imprevisible, y algunas imágenes de su aventura saharaui o con proyectos como "Correr te Hace Libre".

¿Qué sensaciones me habría provocado la película si no fuera un fanático del atletismo? Nunca lo sabré, como tampoco nunca sabremos lo que habríamos sentido si Abel Antón no hubiera atacado a Martín y hubieran entrado de la mano en la meta del Maratón de Atenas, allá por 1997. Quizás estaríamos hablando desde Soria y Vitoria de "Fiz-Antón. Puro Maratón"...pero eso no fue así...

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