El muro de las lamentaciones del corredor popular

Reflexión sobre las excusas de los amantes de la carrera a pie.
Antonio Alix | ILUSTRACIÓN: Jesse Lefkowitz -
El muro de las lamentaciones del corredor popular
El muro de las lamentaciones runner

Si hubiese que buscar una característica común en los atletas populares es la de, momentos antes de una competición y ante los compañeros-rivales, soltar una serie de excusas que sirven para curarse en salud ante un mal resultado. Digo atletas populares porque eso es lo que sois los lectores de esta revista, pero lo mismo sucede en los ciclistas que hacen marchas (aunque se llaman cicloturistas, en realidad son a cuchillo) y competiciones de veteranos,  y no digamos  los triatletas (que amplían el abanico ya que son tres los deportes sobre los que poner excusas). Yo participo en todo ese tipo de eventos y sé que antes de la salida van a venir muchos conocidos a contarme sus penas; de hecho hay quien nunca me ha contado algo positivo. Pero, como ejemplo de “machaca” popular, yo también dispongo de mi catálogo de lamentaciones pre y post carrera.

Ente los deportistas profesionales también hay especialistas en la excusa, pero el abanico de trolas o exageraciones es más reducido ya que se entiende que el entrenamiento es su actividad principal y no caben las típicas del popular (que versan sobre el poco tiempo del que se dispone para ejercitarse). Un profesional puede argumentar sobre lesiones, enfermedades o pocas horas de sueño por culpa de su bebé, pero no es creíble que diga que no le da tiempo a entrenar todo lo que quiere.

En cambio, ésta es la argumentación estrella del competidor aficionado; del eterno insatisfecho que, con la clasificación en la mano, recorta tiempo del que aparece en la lista basándose en que sin aquella inconveniencia lo habría conseguido. Unas excusas que suelen ser previas pero que también afloran durante la carrera: mala colocación en la salida, otros me han estorbado, no he pillado el avituallamiento, tenía el cordón desabrochado, me vino viento de cara (pero sólo a él), etc. Todo vale cuando el resultado ha sido peor del esperado.

Unas de las excusas a posteriori ha sido la que me ha encendido la bombilla para escribir este artículo; hoy mismo la he recibido tras un triatlón de boca de un amigo-rival al que he ganado cuando él no lo esperaba. Ha sido dejándole atrás a pie tras haber hecho las fases de natación y ciclismo juntos. Resulta que le había dejado las zapatillas de correr a un hermano para otra competición; el “brother” les había puesto sus plantillas ortopédicas y a mi víctima se le había olvidado sustituirlas por las suyas, con el resultado de que no puso zapatear cómodamente e incluso le salió una ampolla.

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Estaréis conmigo en que ésta riza el rizo (aunque he visto la ampolla) y que no hace falta algo tan elucubrado para justificarse. La más habitual es la de que el trabajo no deja tiempo, seguida de las obligaciones familiares (desde las que casi todos tenemos por causa de los niños a las relacionadas con emboscadas de primos, cuñados o suegros), el mal tiempo atmosférico (ya sea por frío o por calor) y, por supuesto, las lesiones. Pero claro, esta última choca con las anteriores; si nos quejamos de que la falta de tiempo nos impide entrenar lo suficiente, no cuela que además estemos lesionados. Porque para lesionarse (otra cosa es una torcedura de tobillo o una enfermedad) hay que pasarse de entrenamiento y eso es difícil si apenas tenemos tiempo para correr. Pues no, con poco tiempo también se puede lesionar uno: como sólo tenemos media hora salimos a toda mecha, estresados, no estiramos y el resto del día lo pasamos de pie. Entonces llega la lesión.

Opinaréis como yo que las carreras populares no serían lo mismo sin los corrillos pre y post, pero qué cansino acaba siendo que el tema principal sea el catálogo de excusas y lamentaciones por cuya causa no hemos legado a ser campeones olímpicos.

(Publicado originalmente en el número de agosto de 2010 de Runner's World)

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