Luis Rojas Marcos: "los maratonianos somos más neuróticos"

Nacido en Sevilla en 1943.
Dani Quintero / Foto: Juan José Úbeda -
Luis Rojas Marcos: "los maratonianos somos más neuróticos"
Luis Rojas Marcos: "los maratonianos somos más neuróticos"
Nací en Sevilla en 1943. Estudié medicina. En 1968 me marché a Nueva York y me especialicé en Psiquiatría. Fui presidente de los hospitales públicos de esa ciudad y estuve muy relacionado con la asistencia a las víctimas del 11-S. Soy profesor de la Universidad de NY. He escrito nueve libros y toqué la batería en un grupo, me encanta la música. Corro desde los 40 años y he finalizado de forma consecutiva las 14 últimas ediciones del Maratón de Nueva York.
 
Hay estudios que comparan a maratonianos con gente de su mismo nivel social, educacional y económico, pero que no corren, y se encuentran diferencias. Los maratonianos somos más neuróticos. Neuróticos en el sentido de ser más competitivos, tendemos a exigirrnos más en todo lo que hacemos. La competitividad tiene aspectos negativos, pero las ventajas son enormes. Hacer deporte es sano, es un antídoto contra la diabetes y la hipertensión. Con la edad se desarrollan arterias colaterales del corazón y se reduce la probabilidad de infartos.
 
El ejercicio aeróbico estimula la dopamina y la serotonina, que son hormonas antidepresivas del cerebro, preventivas de la depresión. Es el mejor
remedio contra la ansiedad. Pero es un tratamiento que requiere mucha disciplina, no todos los días apetece correr. Es algo que se agradece, pero
que siempre se agradece después, cuando se termina de hacer ejercicio.
 
Hay una base psicológica que influye tanto o más que la química en nuestra adicción a correr. Yo no corro el maratón por la serotonina. Ese resultado
químico lo podría obtener corriendo por el parque. ¿Por qué corro un maratón u otra carrera? Por el elemento psicológico y social de verme inmerso
en algo “grande”, por eso nos gustan las carreras, tanto al que compite con otros corredores como el que compite para bajar sus marcas.
 
He aconsejado muchas veces correr a personas con problemas o enfermedades mentales. Sobre todo a personas que sufren ansiedad, estrés
o adicciones.
 
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Empecé tarde a correr. Un profesor de Medicina me inculcó su teoría de que el ejercicio no era bueno porque alargaba el corazón… Decía que el
ser humano estaba hecho sólo para el ejercicio de lavarse los dientes, respirar, andar… con esto era suficiente, y que más allá se alteraba de forma
negativa al sistema. Me lo creí. Pero con 40 años, estresado por el trabajo, necesitaba cambiar algo y me sugirieron correr. Me dí cuenta que tenía un
impacto en mi estado de ánimo. No hay pastilla más eficaz contra el estrés y la ansiedad que una buena “sudada”.
 
Hace 14 años me lancé a correr maratón, a ver qué pasaba. Pese a ser médico adopté una estrategia que me pareció inteligente; decidí que no
era necesario beber agua. Fue mortal. Terminé deshidratado, machacadísimo. Cometí todos los errores del principiante. Había leído que era importante beber para evitar calambres y la deshidratación, y siendo médico tendría que haber sido consciente. Pero si los corredores de élite no beben, ¿por qué lo iba a hacer yo? Acabé en 4:20.
 
Mi rutina de entrenamiento depende de la época del año. Antes corría más que ahora. Dos semanas después del Maratón de NY empiezo a correr una, dos o tres veces por semana. Hago 10 km cada día. Escucho música. Me gusta ir por la playa, sobre todo en invierno. Es el mejor sitio, no hay nadie. Me ayuda, me da ideas y me inspira para escribir. En abril, mayo y junio subo el kilometraje. En agosto empiezo con la carrera larga. Por lo menos una vez a la semana, o cada 10 días, hago 20 km. Soy un adicto al maratón. Como no puedo correr más de uno al año por motivos laborales y de entrenamiento, me decanto por el de la ciudad donde vivo.
 
Un maratón se parece a las cofradías de Semana Santa, salvando las distancias. Estás rodeado de mucha gente pensando y haciendo lo mismo que tú. Con música… Es un festival, una experiencia muy interesante desde el punto de vista individual, porque te pones a prueba a ti mismo y a tu resistencia. Pero el 70 por ciento, o casi, es mental. Tu cabeza dice en determinados momentos “para ya, esto no tiene sentido”, sobre todo cuando pasas el muro. Por otra parte, es un acto social allí y, probablemente, también lo sea aquí, en España. El Maratón de NY cierra el tráfico doce horas.
 
El más rápido que he corrido fue en 3:50. Mi media son 4:00-4:10. El más largo fue 2005, con mi hijo Bruno. Tardamos cinco horas y pico. Pero fue
el más satisfactorio, porque compartí con él cinco horas charlando. Él no estaba entrenado. A la mitad me dijo: “O seguimos andando o me voy a casa”. Y lo hicimos andando…
 
Lo único que me apasiona es terminar, da igual la marca. Me siento mejor si no pierdo tiempo respecto a otros años. Este último lo hice en 4:30. Me
gustaría bajar este tiempo, pero tendría que entrenar más , y llegar al final me parece lo suficientemente atractivo como para participar.
 
Entrevista publicada en Runner's World, marzo de 2007.
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