Luchar desde el realismo

Un accidente de tráfico dejó a este piloto de Motocross en una silla de ruedas.
Albert Caballero -
Luchar desde el realismo
Luchar desde el realismo

Óscar lanza fue uno de los mejores pilotos de motocross hasta el año 2003, cuando se retiró de la alta competición. Dos años más tarde, durante una prueba amateur en Sant Hilari de Sacalm, en un circuito que él se conocía perfectamente, sufrió un accidente al intentar adelantar a un rival, cayó por una ladera de seis metros y se fracturó la espina dorsal. Enseguida fue consciente de que su vida iba a ser otra muy distinta, porque como él mismo nos cuenta, “los motoristas cuando caemos, lo primero que hacemos es mover las piernas para saber si nuestra columna vertebral se ha dañado.

Tras el accidente, quise hacerlo de inmediato y, al ver que no podía entendí al momento que seguramente debería pasar el resto de mi vida en una silla de ruedas. Es así de duro, pero así de real”, dice un Óscar que desde un primer momento demostró una total entereza para aceptar y convivir con su nueva situación. Tanto es así que en el Instituto Guttman, donde se tratan los pacientes que han de convivir el resto de sus vidas con una silla de ruedas, Óscar ni siquiera necesitó ayuda psicológica para aceptar su nueva situación: “Enseguida me quité la silla de la cabeza y me la puse en el trasero”, dice Óscar, bromeando, pero a la vez hablando muy en serio. Allí aprendió todo lo necesario para vivir independientemente junto a la silla de ruedas.

En definitiva, a ser una persona autónoma.El hecho de trabajar montando eventos deportivos en la empresa Octagón, relacionados con el mundo del motor (su gran pasión), le ha ayudado mucho a relanzar su nueva vida. También amigos como Joan Pallàs o Xavier Llobet le han dado un empujón para iniciar una nueva andadura por la vida y descubrirle un nuevo mundo que le encanta y que le ha hecho renacer una nueva ilusión: el triatlón. “Aún recuerdo”-nos dice- “el día que Joan vino a mi casa a decirme: Deja ya de lamentarte y empieza a vivir de nuevo. Nos vamos a ir a Valencia a buscar una handbike (bicicleta impulsada con las manos), para ti”. Joan sabía que Óscar era un tipo activo y que rápidamente se ilusionaría con su nuevo deporte. “Ahora me están elaborando en Japón una silla de ruedas para competir, y de este modo podré hacer el tercer segmento del triatlón. Espero debutar muy pronto en el “trideporte”.

Lo que más nos impresionó de Óscar fue su realismo: “Antes tenía prácticamente todo lo que un hombre puede desear en la vida: una novia maravillosa, juventud, éxitos en el deporte, fama, una buena posición económica... se puede decir que era un triunfador y que disfrutaba de cada momento de mi vida. Luego llegó el accidente y todo giró 180 grados. Tengo claro que no volveré a vivir como vivía antes, no me engaño a mí mismo. Si me preguntas si soy feliz, te diré que no, que añoro mucho a mi ex pareja, a las motos, a poder ir a correr por la montaña, a hacer todas las cosas que hacía antes, pero que sí soy consciente de que le he de echar un par, aceptar lo que me ha tocado vivir y tratar de buscar la felicidad en la medida que me sea posible. Pero estar en una silla de ruedas es una mierda; lo digo con perdón, pero es así de claro”.

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Detrás de esta confesión tan sincera y realista encontramos a un Óscar que, a sus 34 años (ahora tiene 40), lleva a cabo una vida mucho más plena que muchas personas sin ningún tipo de discapacidad: vive solo, tiene un trabajo de gran responsabilidad, se va de fiesta con los amigos, ríe y bromea constantemente, va a la playa, compra sin ayuda en el supermercado y saca tiempo a mediodía para ir a nadar y, por la tarde, sumar kilómetros con su handbike por las carreteras de la comarca del Bages.

No tiene complejos, porque, como siempre dice: “Era un tipo echao pa’lante antes del accidente y lo sigo siendo después. Mi carácter, para lo bueno y para lo malo, sigue siendo el mismo de siempre. Eso no lo ha podido cambiar el accidente”.

Óscar nos confiesa también que “echo de menos el ir en moto más, incluso, que caminar. He hecho del motocross mi profesión desde los 14 hasta los 29 años, los motores y las dos ruedas eran, son y serán el epicentro de mi vida”. Es de aquellos que llevan gasolina en las venas, en vez de sangre, vaya.

Sí reconoce nuestro héroe de este mes que su accidente le ha vuelto más humano, en el sentido de que “ahora aprecio más algunos valores de la vida como la amistad, el amor, la comprensión... En este aspecto creo que tras el accidente me he vuelto más sensible, digámoslo así”. También tiene su dosis de recompensa: “A veces salgo con mi handbike a entrenar y me ven amigos en bicicleta, y me dicen que lo que hago es admirable”. Y lo es de verdad, Óscar. Como diría nuestro amigo común Xavi Llobet, ¡Keep fighting! (sigue luchando).

(Publicado originalmente en el número de agosto de 2009)

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