Ramón Arroyo: "Porque ahora puedo"

Ramón Arroyo sintetiza su repudia a la Esclerosis Múltiple contradiciéndola a base de kilómetros.
Alberto Hernández | Fotografía: Jaime de Diego -
Ramón Arroyo: "Porque ahora puedo"
Ramón Arroyo: "Porque ahora puedo"

Artículo publicado originalmente en el número de noviembre de 2016

El día que Ramón Arroyo dejó de ser Ramón Arroyo no parecía muy diferente a los demás. Las malas noticias son así, turbias, mezquinas, navajeras de callejas solitarias. No respetan ni las vacaciones de un hombre, su entrega al azul infinito, la nocturnidad, la alevosía de licores y aromas. Ni aunque sepan que ese hombre las demanda, que su vida transcurre entre reuniones anegadas de tensión, esperas de aeropuerto y hoteles que, por muchas estrellas que posean, son irrisorias ante el firmamento plateado de, pongamos, la provincia de Cádiz. Ese hombre se levanta una mañana, probablemente sumido en el torpe aliño indumentario al que nos induce el verano y, de repente, deja de ser dueño de su cuerpo. De golpe. Sin un tiempo mínimo para apelar a la más elemental dignidad. Afeitarse, desayunar, que sé yo. Concederle el derecho de erguirse frente al acusador y enarbolar su propia defensa. Pero no. Las malas noticias son unas hijas de puta. Y allí, en el salón de un apartamento de playa, intentando explicar a la persona que ama el amotinamiento de unos músculos hasta entonces fieles, averiguando quién ha usurpado su cerebro, preguntándose por qué la realidad se le hace ajena, tenemos a ese hombre, desmesurado y vigoroso, que trata de ejecutar con la simplicidad propia de la juventud movimientos sencillos. Gestos cotidianos mil veces ensayados se transforman en frustrantes desafíos. Porque ese hombre aún no sabe que tiene Esclerosis Múltiple.             

El día que Ramón Arroyo comenzó a ser más Ramón Arroyo que nunca habían pasado casi tres años desde que la enfermedad le fue diagnosticada. Los empleó en maldecirla, en negar, en viajar de segunda opinión en segunda opinión como embajador de la ira. Aquello no le sucedía a él: "Me di cuenta de que soy vulnerable. Hasta ese momento te crees que eres inmortal, que nada te puede pasar a ti. Tomé conciencia de lo poquito que somos". Uno de los doctores que le recibió -uno que jamás se ganará las lentejas como vidente- le auguró un futuro en el que la mayor distancia que podría recorrer por su propio pie sería de cien metros. Analizándolo con perspectiva, le hizo un descomunal favor. Todos necesitamos un punto de inflexión para modificar nuestro destino; él ya tenía el suyo. Se enfundó el traje de pelear, bajó al barro y aplicó el sentido común: "Una de las grandes secuelas que causa la Esclerosis Múltiple son las limitaciones físicas, problemas en el movimiento y en el equilibrio. Me pareció razonable trabajar eso en los momentos en que estuviese bien para, cuando llegasen los brotes, poder encajarlos mejor y recuperarme mucho más rápido; como así ha sido". Pero claro, resulta que si eres un tipo de extremos no te conformas con un paseo por el parque. El mundo se divide entre aquellos que saben renunciar a la última copa y los absolutamente incapaces de irse a casa antes de que cierre el bar. Creo que ustedes pueden imaginarse sin problemas a qué grupo pertenece Ramón Arroyo. 

"Siempre he sido bastante excesivo. Más que excesivo soy un gran creador de bolas de nieve que se me van convirtiendo en mostruos gigantes. Como este proyecto, que era para llegar a algunos y la gente supiese de la enfermedad, que había otra forma de convivir con ella y al final... pues mira, estoy aquí haciendo una entrevista para Runner´s World", confiesa refiriéndose a la sensacional notoriedad que está cosechando el relato de su peripecia vital: un 'Informe Robinson' (el programa que diginifica el periodismo deportivo en cada una de sus entregas), un libro, 'Rendirse no es una opción' (escrito por él mismo), una película ('100 metros', dirigida por Marcel Barrena, en la que le interpreta Dani Rovira) e infinidad de charlas, conferencias, encuentros...

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El esfuerzo que despliega para dotar de visibilidad a una enfermedad que en nuestro país padecen casi 50.000 personas es portentoso. Sigue los dictámenes de una agenda salvaje, más propia de un cantante pop que de alguien a quien el cansancio suele castigar sin misericordia. Lo hace carente de aspavientos o tentaciones egocéntricas y, pese a no ignorar que es un auténtico referente para miles de personas, adopta una postura de amigo cercano. La gran mayoría de ocasiones, más que hablar, escucha: "Ahora mismo, con las redes sociales, la accesibilidad es muy fácil. Diariamente recibo dos o tres mensajes directos o mails de gente que quiere contactar conmigo y me cuenta sus historias. Muchas veces ni siquiera tienen que ver con la Esclerosis Múltiple, ésos son los contactos más lógicos. Me hace mucha ilusión los que recurren a mí porque han pasado una depresión, tienen un problema familiar o se han divorciado... y me cuentan que han utilizado mi historia para salir adelante".

Al principio de la convivencia con su nueva compañera, Ramón continuó trabajando. Modificó algunas responsabilidades, flexibilizó horarios y recurrió a las oportunas bajas en los momentos de mayor complejidad, pero seguía engrosando las listas de población activa. Luego fue imposible. Y sí, es normal pregúntarselo: ¿Cómo alguien capaz de correr el Maratón de Nueva York y agenciarse el título de finisher en un Ironman tiene dificultades para desempeñar las, a priori, menos fatigosas labores de oficina? (y sí, hizo esas dos cosas, pero no se me adelanten, todo llegará): "La Esclerosis Múltiple es una enfermedad incierta. Tiene un nombre horrible y además mal puesto. Debería llamarse 'Incertidumbre Múltiple' porque no tienes la capacidad de preveer nada de lo que te va a pasar en un futuro, ni para bien ni para mal. Estás viviendo sobre el alambre, sin hacer planes a largo plazo. Es una buena manera de darte cuenta que tienes que vivir el momento, que debes aprovechar lo que tienes ahora. Recuerdo que el padre de una de mis mejores amigas, cuando le comenté que iba a correr mi primer maratón, me dijo: 'Entiendo que corras, que te cuides, ¿Pero qué necesidad tienes de hacer esa barbaridad?'. Y yo le dije: porque ahora ahora puedo. Creo que es algo que deberíamos aplicarnos todos, todos los días. No perder el tiempo se ha convertido en un mantra para mí".

Contemplando su serena gestualidad, fijo el foco en la narración de los últimos entrenos firmados, los retos por descifrar, la rutina del sudor como antídoto contra el desasosiego, me zancadillea un pensamiento bastante incómodo. Estoy frente a un devoto de los castigos aeróbicos, es evidente. Pero la casta no le vino de cuna. Antes de los dorsales había cigarros. Hasta los 32, cuando recibió 'la noticia', el gimnasio era un lugar inhóspito. Por eso le miro... Y cabilo avergonzado... Tal vez en voz alta, pues mi interlocutor se percata y sale al rescate: "En ciertos aspectos está claro que estoy más sano, que gracias (gracias entre comillas) a tener Esclerosis Múltiple me he dado cuenta de muchísimas cosas, de que hay que valorar lo que tenemos. Parece un tópico, pero somos así de tontos los humanos, nos tenemos que pegar el batacazo para darnos cuenta de las cosas importantes. No solo en cuestión de salud, en ser consciente de que hay que cuidarse y haberlo hecho; en el plano psicológico y anímico también ha habido un trabajo muy fuerte. Sinceramente, creo que ahora soy mejor persona que hace doce años. No es que fuese un bicho, pero quizá era más frívolo, o pasaba por encima de las cosas".

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Cruzar la meta de aventura tan extrema como los 3,8/180/42km -la tenemos acomodada en la normalidad de nuestras percepciones, pero no nos engañemos, somete al organismo a un desgaste de proporciones todavía no descifradas con exactitud- cuando eres un afectado (si Ramón te pilla diciendo enfermo, pon pies en polvorosa colega) de Esclerosis Múltiple, requiere tomarse muy a pecho el periodo de preparación, hacerse escoltar por personal cualificado y explorar hasta el último detalle que sus síntomas puedan arrojar sobre el acto de bracear, pedalear o trenzar zancadas: "Hay que tener un especial cuidado en el tema de la termorregulación. Nosotros tenemos un gran problema con las subidas y bajadas súbitas de temperatura. Y claro, viviendo en Madrid tenemos cuatro o cinco meses en los que en cuanto corres la temperatura sube. Eso te obliga a ir preparado con un buen material y, aparte, saber donde puedes encontrar fuentes o llevar siempre dinero encima por si hay que comprar una botella de agua. Luego, lo que es la preparación, los ritmos de entrenamiento y esas cosas, son iguales que en una persona que no tiene Esclerosis Múltiple; simplemente sabiendo que hay ciertos movimientos que no puedes hacer y lo normal es que debas repetirlos más veces. Cuando tú le dices a un entrenador "oye, que este movimiento no me sale", pues en lugar de mandarte tres series te manda seis. Es mucho de repetición, hay muchos movimientos que tenemos olvidados o que los vamos perdiendo y, a base de repeticiones, somos capaces de recuperarlos. Hay que ser muy cabezón".

A él, a testarudo, no le ganas. Por eso el lunes 7 de octubre de 2013 respiraba con una hondura inusitada; la jornada anterior, en el Ironman de Calella, empleó doce horas y treinta y cuatro minutos en decirle a su inquilina quién era el jefe: "Sentí mucho alivio,  estaba descargado de cualquier tipo de presión o responsabilidad. No me encontraba cansado, no me dolía nada, era un extraño sentimiento de relajación. No tuve ese vacío que sienten algunos porque mi bola de nieve seguía girando. Nada más acabar en Barcelona ya estaba pensando en Lanzarote... y luego el Ironman cambió y  en lugar de ser triatlón fueron no sé cuántos brotes y recaídas seguidas. Pero seguimos, no tengo margen para aburrirme".

Ramón no arribó virgen a ese mítico combate. Cuatro años antes se dejó engatusar por Filípides y probó suerte en el primero de sus cuatro maratones, Madrid. Repitió en 2010 (atesorando mejor marca personal, 3:52) y concluyó la trilogía española compitiendo en Valencia (2012). Entre Turia y Manzanares se dio un lujo, Nueva York: "En mayo de 2011 estaba en el hospital, hecho polvo, recuperándome de un brote y mi padre escogió la mejor manera posible para motivarme. Me dijo que pagaba el viaje si yo me comprometía a correr. Como todavía no estaba del todo recuperado la marca fue discreta, 4:43:31, pero la experiencia resultó inolvidable".

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A pesar de estos potentes arrebatos de endorfinas es consciente de que no siempre habrá viento de popa: "No es que yo sepa que, a lo mejor, voy a tener otro brote, es que vivo con la convicción de que así va a ser. Además, la referencia que tengo es que mi Esclerosis Múltiple está activa y cada equis tiempo se va a manifestar. Psicológicamente hay que estar preparado y no me duelen prendas reconocerlo, decir públicamente que voy a terapia y recibo ayuda psicológica. Es fundamental, algo que deberíamos hacer todos, la vida hoy en día es tan complicada que no estamos preparados para encajar todo este exceso de información y de cosas que nos ocurren. Creo que soy un buen producto de la psicología, he aprendido muchas cosas de ella. La principal es que no te soluciona los problemas, te da las herramientas para estar preparado cuando aparezcan y poder afrontarlos. Los brotes que he tenido últimamente los he encajado con mucha decencia. Ha habido cabreo, ha habido rabia, ha habido dudas, las que van y vienen siempre... Sabes que es parte del proceso, lo asimilas y tiras para adelante".

La tarde en que lo entrevistamos Ramón lucía fantástico. La energía se le desparramaba por los costados de la sudadera y atendía las demandas de nuestro equipo (temeroso al principio de que tanta foto y tanta pose pudiesen atosigarle en exceso) sin mostrar signo de abatimiento alguno. No se esmeraba en sepultar la fama que le precede; conversador ameno e instructivo, practicante del humor fino. Una anécdota, otra. Es difícil precisar los límites de la alegría, pero podría sospecharse que entre ellos se manejaba.

Acababa de rodar ocho kilómetros a buen ritmo y llevaba semanas encadenando aceptables sesiones de machaque, así que, fiel a su apostolía del carpe diem, empezó a escrutar el calendario con ojos de niño inquieto: "Mi desafío deportivo a corto plazo lo tengo muy claro. Desde que me inicié en el running, en 2007, siempre he corrido la San Silvestre Vallecana, excepto los dos últimos años. No soy supersticioso aunque... no voy a arriesgarme a no correr esta vez no sea que en 2017 me ponga malo. Mi objetivo es disputarla dignamente bajando de una horita. No sé si a medio plazo, pero me gustaría regresar a Nueva York. Me prometí a mí mismo que volvería cuando tuviese cincuenta años y ahora me doy cuenta de que necesito hacerlo mucho antes. Creo que el Maratón de Nueva York significó muchas cosas  y poder estar el año que viene allí sería una motivación especial, volvería a sentirme vivo como corredor". 

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