La mejor terapia para superar malos momentos

Sal a quemar el asfalto.
Aurora Pérez y Fernando Marquina -
La mejor terapia para superar malos momentos
La mejor terapia para superar malos momentos

En esta ocasión traemos a esta sección la historia de un madrileño de 51 años iniciado en el atletismo a los 15 como velocista en el Liceo Francés y bajo las órdenes de Antonio Gil. Álvaro, nuestro protagonista, continúa su trayectoria deportiva en las filas del Real Madrid de atletismo, dirigido ahora por Jesús Alarma, ampliando su horizonte con la longitud y el triple y, como no podía ser de otra forma dado su carácter competitivo y de equipo, ayudando siempre que hacía falta en los relevos. Aunque sin superar la barrera de los 7 metros en longitud anduvo muy cerca de ella. 

Al margen del deporte inicia la carrera de Medicina, dejando de correr hasta que cambia de incipiente galeno (¡quién sabe si estos estudios no le hubieran ayudado en su futuro problema!) a futuro farmacéutico. Vuelve entonces al deporte incorporándose al grupo que dirige Juan García Manso en las pistas de ceniza del SEU, de donde salieron importantes atletas en los años 80. Tras un comienzo poco alentador, su entrenador le viene a decir que es “un paquete”, y pasando al medio fondo consigue correr los 800 m por debajo de 2 minutos, acercándose a los 4 minutos en 1.500 m y a 52 segundos en 400 m, que no son en absoluto marcas de “paquete”. A los 28 años, tras la etapa universitaria, lo tiene que dejar por las exigencias laborales, pues el destino le lleva a Francia, donde empieza a trotar los fines de semana. El mágico año de 1992, ya de regreso en Madrid, vuelve a correr, pero de una forma irregular, sin competir. De nuevo el trabajo le lleva fuera de la capital y lo deja otros 10 años. 

Álvaro ha sido siempre un luchador, no en vano su viejo amigo el asma le ha acompañado de forma continuada a lo largo de su vida. Amante del atletismo supo encontrar su sitio convirtiéndose en el núcleo, por llamarlo de alguna forma, de su grupo de entrenamiento en la etapa universitaria. Algo que le llevó pasados los años (25, más o menos) a reunirnos a todos -peinando canas al zunos y otros ni eso- junto a sus hijos en una entrañable reunión. Gracias Álvaro. 

En un nuevo punto de inflexión y a punto de cumplir los 45 se da cuenta de que se fatiga en exceso, no puede subir las escaleras del metro con desahogo, y se dice: “No puedo seguir así”. 

En 2002 se une al grupo de corredores populares de Jesús Marco en el Canal de Isabel II, disputando su primera carrera popular sobre 10 km con 44 años y haciendo un tiempo de 55 minutos, para un año más tarde cubrir la distancia en su marca personal de 40:42. 

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En el mismo club y entrenando ahora con Vanesa Serrano, ese mismo 2003 empieza su particular calvario, pues le diagnostican una Displasia Fibrosa (un tumor benigno) en el hueso de la cadera derecha. Llegan con la enfermedad las lesiones derivadas de los malos apoyos por el intenso dolor, y en el verano de 2006 una ciática le deja postrado y pasando 2007 prácticamente entero, de baja y con muletas. Los médicos le dicen que no hay tratamiento, ni rehabilitación posible, que se trata de una enfermedad degenerativa incurable. Álvaro no se conforma y decide que tiene que buscar remedio a sus males. En agosto de 2007 logra empezar a trotar, para lo cual tiene que reeducar la marcha, lo hace por su cuenta y para ello corre un kilómetro en cerca de 10 minutos. Es un principio, no puede ir más deprisa. Los ejercicios de técnica de carrera son su catecismo en estos duros momentos en los que ha de echar mano de sus conocimientos deportivos de juventud. En esta época llega el no poder dormir y la necesidad de tomar calmantes y relajantes musculares continuamente. Los médicos, que pudieron ser sus colegas, le avisan que pronto empezará con las muletas, para luego pasar a la silla de ruedas. Pero él ve que cuando hace ejercicio mejora su estado, necesita menos medicamentos y todo ello acaba en el alta voluntaria, desde enero de este año, con el apoyo de Recursos Humanos de su empresa.

Las pasadas navidades retoma el entrenamiento, eso sí, vigilando las señales de su cuerpo, y se pone como reto el bajar de 50 minutos en 10 km, lo que logra el 17 de
febrero en Fuenlabrada con un registro de 42:20. Pero su verdadero desafío es realizar un fortalecimiento global que debe incluir alimentación, gimnasia y carrera para intentar conseguir tono muscular y que los músculos sean realmente funcionales. Cada día después de acabar el entrenamiento junto a sus compañeros, Álvaro dedica cerca de una hora a realizar una rutina de ejercicios en solitario que le ayudan a seguir adelante. Este entrenamiento añadido le proporciona la energía necesaria para el día siguiente. Conciliar la vida familiar (tiene dos hijos), el trabajo y el ejercicio, este último como necesidad, no es nada fácil. Llegado a este punto descubre que cuanto más corre y se cuida, menos dolores tiene, y como consecuencia de ello puede dejar de tomar los relajantes musculares y antiinflamatorios que habían sido sus compañeros y amenazaban con acompañarle para siempre, con lo cual mejora enormemente su calidad de vida. 

Una vez logrado el reto de los 10 km, en su cabeza ronda otro: correr el Medio Maratón de Madrid en menos de 1:45. Como no podía ser de otra manera, lo logra al terminar en un tiempo de 1:37:41. Al acabar esta carrera se encuentra como el conejito de Duracell, con las pilas cargadas. Como nunca. La duda es dónde está el límite, pues su enfermedad no tiene solución, no tiene cura, no tiene tratamiento. El correr le da la vida, no correr supone la degradación física y el aumento de dolores de inmediato. 

¿Cuántas veces historias de superación como la que os hemos contado nos llevan a pensar en cómo la actitud personal suple las deficiencias del conocimiento? ¡Qué atrasada está la medicina! ¡Pero qué grande es el poder de la mente!

(Artículo publicado originalmente en el número de julio de 2008)

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