La resurrección del atleta que no podía correr más

La conmovedora historia de Francisco Javier Martín.
Javier Serrano -
La resurrección del atleta que no podía correr más
La resurrección del atleta que no podía correr más

Francisco Javier Martín es corredor. Otra vez. Porque durante cinco años no ha podido dar una sola zancada. Pero el pasado mes de mayo se volvió a calzar las zapatillas que tuvo guardadas durante un lustro y hace pocas semanas, el 2 de noviembre, se pinchó de nuevo un dorsal en la camiseta. Fue en los 10 kilómetros de Tres Cantos. La historia atlética de este profesor de inglés de 40 años comenzó a principios de los 90. “Pero lo que realmente me enganchó fue el triplete de Martín Fiz, Diego García y Alberto Juzdado en los europeos de Helsinki de 1994”. Desde entonces, y durante una década, Francisco Javier se dedicó a correr y además lo hizo con excelentes resultados. “Entrenaba sin ningún tipo de sistema, no me obsesionaba con las series ni nada de eso.” Eso sí, le dedicaba tiempo: corría todos los días, entre hora y media y dos horas. 

Llegó a correr los 10 kilómetros en 35’ 30”, el maratón en 2:46’ (el de Madrid, que no es suave precisamente) y terminó en 3:31 los 50 kilómetros de Vallecas. “Quedé segundo, es mi gran logro como atleta popular”. 

Su marca en media es de 1:16 en Fuencarral, en febrero de 2003. Pero allí fue donde empezó a torcerse la historia. “Estaba muy fino, en mi mejor momento, y estaba preparando los 100 kilómetros de Vallecas, que eran en marzo. Pero justo una semana después de Fuencarral empecé con una lumbalgia”.Como ya había tenido varias, pensó que se le pasaría en tres o cuatro días, como de costumbre. “Pero la cosa degeneró en ciática, siguió empeorando y acabé entre médicos. Diagnóstico: hernia discal de la L5S1 con rotura del anillo. Un desastre”. Como primera medida, le advirtieron de que tendría que ir olvidándose del atletismo, al menos al nivel al que estaba entrenando.

El 5 de abril de 2003 le operaron. “La cosa salió fatal, un mes después estaba con unos dolores tremendos y cada vez más hundido psicológicamente”. Hasta agosto de ese año, la cosa no hizo sino empeorar. “Fueron cuatro meses horribles, física y moralmente. Menos mal que mi mujer estuvo apoyándome constantemente”. En el caso de Francisco Javier, se unió el hecho de que por aquella época, su hija tenía año y medio, “y ni siquiera podía disfrutar de ella, no podía cogerla, ni tirarme por el suelo para jugar, ni nada de nada. Tampoco podía ir a trabajar. Fue espantoso”.

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Así que en septiembre decidió ponerse en manos del doctor Hernán Silván. “Me sentí muy entendido, ha sido un apoyo constante en el aspecto médico y en el humano. Él es corredor y sabe perfectamente cómo nos sentimos cuando no podemos correr.” La recuperación fue lenta y muy dolorosa. Al año de tratamiento, Francisco Javier empezó a nadar; y dos años después, en 2006, a montar en bici. “Cada pequeño avance iba acompañado no sólo de agujetas, porque mi cuerpo había perdido toda costumbre deportiva, sino de lumbalgias, contracturas, tendinitis...” Para que no faltara de nada, “me salió un quiste en la rodilla cuando empecé a hacer bici y un tiempo después, me fisuré la rótula en una caída”. Todo esto retrasaba la recuperación, pero no la detenía.

A mediados de 2007, Francisco Javier veía cercano el momento de volver a correr. Pero, como no podía ser de otra forma, se lesionó de nuevo: esta vez una bursitis en la rodilla. Sin embargo, en mayo de 2008, esta vez sí, se puso las zapatillas. “Me daba pánico, recordaba con terror el dolor de la ciática y casi no me atrevía a dar un paso. Incluso se me había olvidado cómo se corría: en cinco años no me había dado una carrera ni para coger el autobús”.

Los primeros días eran cinco minutitos; luego, las sesiones se iban alargando y, como la cabra tira al monte, a día de hoy Francisco Javier ya hace tiradas de hora y media. Y el pasado 2 de noviembre volvió a participar en una carrera. “¡Qué sensación! La víspera estaba nerviosísimo, pero es indescriptible lo que sentí volviendo a vivir el ambiente de una carrera, la gente, la megafonía...” Y a su reaparición se le sumó el hecho de que corrió acompañando a un amigo que quería bajar de 50 minutos, algo que consiguieron. “Fue una doble alegría”. Francisco Javier reconoce que se encontró estupendamente, muy sobrado. “Si hubiera forzado, habría podido rondar los 40 minutos, pero he cambiado la forma de ver las cosas. Ahora las marcas me importan muy poco, lo que quiero es disfrutar de correr, después de lo que he pasado, poder correr es un regalo.”

Su objetivo ahora es “volver a correr un maratón —tiene 12 a sus espaldas—. Sin prisa, quizá en 3 años, no importa la marca. Mi objetivo es, insisto, disfrutar corriendo”.

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