¿Suerte o trabajo?

Es la suerte un cúmulo de sucesos fortuitos o el resultado de aplicarse a diario.
Aurora Pérez -
¿Suerte o trabajo?
¿Suerte o trabajo?

La suerte, ese “encadenamiento de sucesos fortuito o casual”, me hizo creer que no era preciso desgastar mi voluntad. Fiando a esa suerte mi futuro y retrasando día a día mi entrega al sacrificio dejé de lado el entreno y me encontré de frente el fracaso, me olvidé de laborar y fue desfavorable la fortuna que a mis ambiciones hizo errar y así perdí cuando debí ganar. En el acaso me escudé para no malgastarme ante los retos pero siguió la fortuna mostrándome su espalda y dando al traste con mis sueños. Mal soñado fue mi sueño pues no pensé en cuán nefasta es la espera desatenta para llevar a buen puerto los anhelos, y desperté a la realidad que de forma descarnada me mostró su peor cara y perdí cuando soñé ganar.

Cuando he sido temporera y me he afanado, de forma somera y por corto espacio de tiempo, en dar aliento a mis zancadas, pronto ha vencido el rédito del empleo arruinando cualquier logro que di erróneamente por conseguido, y se ha interrumpido mi marcha cuando avistaba la meta y no he hallado los resortes con que evitar perder cuando ansiaba ganar.

Alguna vez la casualidad reverdeció laureles pasados mas sólo fue un espejismo pasajero que me hizo más pronto que tarde volver a caer en el engaño. Pues fue un engaño pretender que dormitando y ensoñando iban a venir a mí los éxitos no trabajados y no supe reaccionar para no perder cuando en otro tiempo recuerdo que gané.

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Pensé que el destino se hallaba ya marcado de antemano y no encontré las razones que me hicieran moldearlo al antojo de mis pasos. La creencia de tener todo ya hecho, la falta de los estímulos para la mejora paralizaba mi espíritu incapaz de solventar la lucha entre parejos contrincantes, a un lado del cuadrilátero el inmovilismo de mi alma estancada y la esquina contraria ocupada por la apatía de mi cuerpo dormido. El interés por hallar un nuevo incentivo al que agarrarse decreció y se esfumaron con él los motivos para no perder el impulso con que ganar un segundo.

Al azar me confié a ciegas para huir del desengaño, le culpé de mis carencias y le acusé de mi ruina, eludiendo el compromiso que a mí solo correspondía y a él atribuí perder en la carrera cuando yo ganar quería.

Esperando coger un tren que veloz de principio a fin sin pausas me condujera, dejé escapar la visión de pequeñas estaciones, donde hallar parada y fonda para mi mente agotada, y dejé que el tren me llevara tranquilamente sentada, cabeceando al compás de una marcha ajena a mí. Y al término, entumecido el sentido, nada pude hacer más que ver ganar a otros y yo perderme en lamentos.

Si de la buena suerte imaginé el galanteo, si al rozar, gracias a ella la gloria mis manos no encallecieron, es seguro que el triunfo se escapará entre mis dedos; y mis pies, si no se lograron curtirse a la sombra del infortunio, no podrán recitar el alegato final para ganar y solo habrán acertado a perder.

Si suertuda he creído ser, si la indolencia alguna vez me ha vencido, si me ha parado el desánimo, si me ha frenado el hastío, si he sentido que el esfuerzo fue baldío, si la desgana me ha convencido de no continuar el camino y he detenido mis pasos y he renunciado a mis desafíos, no habrá nada que no sea perder pues con tales premisas nunca merecí vencer.

Si en el sorteo del nacimiento me fueron dadas buenas piernas, si mis pulmones clamaron con furia al primer lloro, si nada más pisar el suelo quise ya salir corriendo, por qué he de parar con los años si el corazón sigue con fuerza latiendo.

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