La llegada

Todo se olvida al traspasar la meta.
Aurora Pérez -
La llegada
La llegada
Vemos el brillo en la mirada, vemos la sonrisa en la boca, vemos la cinta traspasada rota. Las palmas al cielo abiertas, en alto los brazos, el reencuentro con los amigos y los estrechos abrazos.
 
Las rodillas en tierra, el feliz cansancio, el cuerpo que al final encuentra tras el trabajo el remanso. El triunfo que al llegar se siente, los compañeros, las felicitaciones, los parabienes.
 
La verborrea que surge tras el silencio, la relajación que brota tras la concentración, los nervios que al fin salen de su prisión. La voz desgañitada que rompe el aire, la emoción rindiendo pleitesía al asfalto, la voluntad que superó todos los asaltos.
 
Vemos cómo el esfuerzo que caminó siempre en las piernas del corredor encuentra al fin su razón de ser, su motivación.
 

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div style="text-align: justify;">Las causas de tanta felicidad viajan de boca en boca cantando su satisfacción loca. De la mano aparecen unidas las metas traspasadas y las ilusiones cumplidas.

 
Se instala por fin la certeza, se acaba la indecisión, la pesadilla concluye y se impone la celebración. El reto que un día nació, creció kilómetro a kilómetro
haciéndose fuerte, hasta que por fin alcanzó su suerte.
 
El atrezo, impoluto en la línea de salida, llega a la meta vestido de sudor y lágrimas de alegría.
 
Quedaron las penas pisadas en el asfalto, terminaron los sinsabores, se olvidaron los malos tragos.
 
Por eso no vemos que quizá en su día las lágrimas no fueron de alegría sino de dolor, de impotencia o de temor.
 
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O cuántas veces no sabemos si no pudo completarse el entrenamiento por un virus que se instaló en el camino hacia los anhelos.
 
No vemos ahora los disgustos, las discusiones familiares, el jefe que se enfadó por el trabajo retrasado, el niño que alteró con sus lloros el necesario reposo del padre o de la madre. Las tareas que en casa precisaron un tiempo que se sustrajo al descanso.
 
El fragor de los kilómetros que, aún con el calor cayendo a plomo sobre los hombros, se consumen siempre como alimento imprescindible para llevar a
buen puerto las ambiciones.
 
El agotamiento que cierra los ojos cuando no debe durante el día, el dolor de las piernas que impide cerrarlos en la vigilia.
 
Se nos oculta a la vista el tropezón que retrasa la puesta a punto creando impaciencia, la pertinaz lesión que arrastra preocupado e intranquilo el corredor, se olvidan los pies que llegan llagados al término del recorrido exigente.
 
La imagen de la derrota no figura, no puede figurar, en el imaginario de las zancadas, no puede nutrir ningún espíritu que ansíe un final feliz.
 
Por eso en la llegada la cara del corredor solo habla del tesón que le ha permitido completar la misión. Muestra el empeño con que diariamente retó a
todo lo que trataba de impedirle seguir adelante, y a todos los que no creían en su sueño.
 
Y así, venció la determinación, el afán de superación, la lucha por vivir un sueño y el pundonor.
 
Se acoplaron las carreras y la vida, encontró cada verso su zancada, halló cada poesía su rima.
 
Queda en el suelo la cinta virtual que hendió el pecho, queda en la mente el recuerdo, en el alma la experiencia, en las manos el trofeo y el aura alrededor del cuerpo.
 
¿Qué es lo que experimentas después de #cruzarlameta? Esperamos tu opinión en @aupegu
 
Aurora Pérez es la atleta veterana española más laureada de todos los tiempos.
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