Un mundial con polémicas extradeportivas

Otra opinión sobre lo acontecido fuera de las pistas.
Sergio Hernández-Ranera -
Un mundial con polémicas extradeportivas
Un mundial con polémicas extradeportivas

El Mundial de Moscú pasará a la historia por ratificar a Usain Bolt y Shelly-Ann Fraser-Pryce como astros mundiales, por resucitar para el estrellato a Elena Isinbáeva, por ser escenario de grandes marcas, por encumbrar al primer campeón europeo de longitud de la historia de los Mundiales y, por qué no, por coronar a Rusia como ganadora general de la competición por delante de los mismísimos EE.UU. Sin embargo, aparte de la excelente calidad de la competición, los Mundiales de la capital rusa serán también recordados por aspectos polémicos no directamente relacionados con el deporte.

Si ya el primer fin de semana se evidenciaron los problemas para lograr una asistencia masiva al impresionante estadio Luzhnikí (la mala promoción del evento se cobró un graderío casi vacío durante las sesiones matinales y medias entradas durante alguna que otra tarde), unas polémicas declaraciones de la saltadora rusa Elena Isinbáeva sobre una ley contra la “propaganda homosexual” recientemente aprobada en la Duma rusa, encendieron a las audiencias y a la opinión pública. De resultas, Isinbáeva pasó de heroína a villana en apenas 24 horas. Lógicas críticas, duros reproches, peticiones para que se le retire el premio Príncipe de Asturias al Deporte y, una vez más, la sombra del boicot a los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi en 2014 planeando.

La ley aprobada por la Duma es inquietante y, sobre todo, está redactada de manera ambigua, por lo que los derechos de las minorías sexuales pueden verse afectados. Sin embargo, no vamos a analizar aquí el texto de la ley, una ley que está en vigor, pero que todavía no se ha aplicado en ningún caso. Y tampoco vamos a analizar si el pensamiento de Isinbáeva y de otros ciudadanos rusos es más o menos liberal, o más o menos retrógrado. A mi juicio, lo que hay que preguntarse es por qué unos periodistas extranjeros preguntaron precisamente al icono del atletismo ruso su opinión sobre la polémica ley. Honestamente, creo que buscaban la respuesta que finalmente obtuvieron, una respuesta que no se la ofreció una líder de opinión o representante social. Se la dio una deportista que recibe mucho dinero público para su preparación y que, ante todo, fue incauta.

¿Incauta por responder a una pregunta finalmente ligada a los Derechos Humanos? Pues sí y no. Isinbáeva fue incauta porque la pregunta fue formulada en medio de un contexto geopolítico veraniego muy claro en el que las relaciones ruso-estadounidenses no atraviesan por un buen momento. Tras lo acontecido en Libia, la negativa rusa a abandonar a Siria a la intervención directa occidental fue coronada con el caso del ex agente de la CIA Edward Snowden, que acabó pidiendo asilo temporal en Rusia a causa de la negativa de EE.UU. a no injerir en su traslado a alguno de los países latinoamericanos que sí habían satisfecho su petición de asilo permanente (como dicta el Derecho Internacional). Y en estas, llega el Mundial de Atletismo en Moscú y los Juegos de Sochi están a la vuelta de la esquina.

Lo que quiero decir es que cierta prensa apuntó a una deportista local cuando, siguiendo la misma lógica, podían haber formulado preguntas relativas al respeto actual de los Derechos Humanos a representantes de otras selecciones. Por ejemplo, a los propios Nick Symmonds o Emma Green-Tregaro (el primero estadounidense y la segunda sueca), quienes criticaron a Isinbáeva por sus declaraciones y mostraron su malestar por la ley. ¿Qué habría respondido un deportista estadounidense si periodistas rusos hubieran pedido su opinión sobre la pena capital en EE.UU. o sobre sus “intervenciones” en Irak y Afganistán? ¿O sobre el espionaje masivo a la sociedad por parte de la CIA? ¿Qué habría dicho Emma Green sobre la orden de extradición de Suecia sobre el australiano Julian Assange? La silla eléctrica es legal en EE.UU. y muchos estadounidenses la apoyan, por no hablar de las “guerras contra el terror” y el campo de concentración de Guantánamo. O también: ¿y si hubieran preguntado a atletas españoles sobre las corridas de toros? Puede que alguno se confesara taurino, quedando horrorizada la opinión pública rusa, que sólo ve en ellas tortura y sangre. Así que, creo que las vergüenzas del país de Isinbáeva fueron utilizadas para tapar las miserias de otros y, de paso, añadir unos voltios más a la tensión geopolítica mundial actual.

Y en medio de este panorama, cuando el brillante cuarteto femenino ruso de 4×400 metros subió al podio para recoger su medalla de oro y, entre el alborozo de las felicitaciones, Yulia Gúschina y Xenia Rýzhova se besaron en la boca, los mismos medios que habían despedazado a Isinbáeva, veían ahora a dos heroínas entablando en el podio una valiente protesta contra la ley. Pero no hubo aquí un acto como en el podio de los 200 m en México’68. En realidad, lo único que evidenció esa prensa fue su desconocimiento (interesado) de las costumbres del pueblo ruso en particular y del eslavo en general, muy dados a besarse amistosamente en los labios y comisuras, ya sea entre chicas o también entre hombres de edad avanzada, con independencia de su tolerancia. Es lo que tiene esta estúpida ley: de vivir en 2013, los ex presidentes de la URSS y la RDA, Leonid Brezhnev y Erich Honecker, estarían expuestos a multas, cuando no al aplauso de la prensa que supuestamente defiende los derechos de la comunidad LGBT.

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