No estamos solos

Reflexiones sobre el mito de la soledad del corredor de fondo.
Aurora Pérez -
No estamos solos
No estamos solos

A veces ocurre que salgo a correr sin esfuerzo, siento que fluyo, me siento volar, me siento feliz. Siento que corriendo soy persona, pensamiento y sentimiento. Mis piernas se vacían, se llena mi espíritu y me inundo de paz.

A veces ocurre que no estoy corriendo, solo estoy soñando, soñando zancadas que en primavera florecen, en verano descansan, en otoño se escudan en la nostalgia y en invierno abrigan las ilusiones.

A veces ocurre que estoy cansada y no puedo parar. Y a veces ocurre que estoy cansada y no puedo seguir. Me aparto entonces del camino, camino que debía ser llano y deviene tortuoso.

Sendas con esquinas que coartan e interrumpen mi marcha. Mi desazón avanza y yo retrocedo. Mis pasos se vuelven temerosos, mis movimientos torpes, mis pensamientos inseguros, mis sentimientos infelices.

Siento plomo en los pies, peso en los brazos, daño en el corazón, pesar en el alma. Tropiezo, el sol se oscurece y caigo al infierno. Me acosan los fantasmas, o yo los persigo. A veces me ocurre que quiero salir corriendo del mundo, cerrar la puerta y tirar la llave.

Pero en la encrucijada de mi mente, cruzo mis zancadas con un corredor, me desea “que tengas suerte” y murmuro “gracias”. Y pienso en la suerte, la suerte que tenemos por correr, suerte por las emociones que podemos sentir, fortuna de vivir experiencias únicas.

El azar hace que conozca a una nueva corredora, mi mismo nombre, mi mismo apellido, en un rostro alegre por el descubrimiento del deporte tan gratificante, y me dices que descubriste que se puede “correr y hacer poesía”, murmuro “gracias”.

Ensimismada en mis elucubraciones mundanas, la casualidad hace que encuentre en mi camino unas bonitas palabras escritas, me dices que te hice “recordar todo lo bueno que tiene correr”, me animas a seguir escribiendo y para mis adentros murmuro “gracias”.

Mientras escribo pienso que busco compartir sensaciones sin ver a nadie enfrente, que hablo sin nadie que me conteste, pero ahora sé que cuando las cosas “salen de muy dentro” alguien las escucha y alguien más las siente.

Ahora sé que los corredores nunca estamos solos. Sé que nunca mas volveré a estar sola. Sin pensarlo más, busco la llave, abro la puerta y vuelvo a entrar corriendo en el mundo, en mi mundo de corredor, que es también tu mundo de corredor.

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