Lo urgente y lo importante

La historia de un luchador infatigable: Zenón Cubillas
Albert Caballero | Fotografía: Jordi López -
Lo urgente y lo importante
Lo urgente y lo importante
A menudo, cuando una carrera no nos ha salido como esperábamos, nos invade un sentimiento de desolación, de frustración, de derrota. Sentimos que todo nuestro sacrificio y sufrimiento tras cada zancada, tras cada hora que hemos empleado, robada de nuestro tiempo libre, invertida en la pista, en el gimnasio o en el fisio, no han servido para nada. Sentimos que no hemos aprobado el examen. Y viceversa; si logramos esa marca o culminamos el reto propuesto, nos invade una sensación de euforia que nos hace levitar durante horas y días, nos inyecta una dosis de autoestima como pocas cosas la pueden generar en nuestra vida. Y es que los atletas, generalmente, no tenemos término medio. O todo, o nada. Como los gladiadores del circo romano; vencer o morir.
 
Zenón Cubillas empezó a correr hace unos doce años, al filo de la cincuentena, porque el médico se lo recomendó. Tenía sobrepeso, colesterol y azúcar. Pensó que debía salvaguardar su salud y luchar por mejorar su calidad de vida. Así que, como tantos de nosotros, un buen día se calzó unas zapatillas y se convirtió en un runner. Empezó por la barcelonesa Cursa de El Corte Inglés, de poco más de once kilómetros, que concluyó en 1:06. Poco a poco le fue cogiendo afición a esto de poner, lo más  eprisa posible, un pie por delante del otro, y así, en 2009, ya había bajado de 40 minutos en los 10km (39:31) y de 1:30 en medio maratón (1:28:21). Al año siguiente concluyó los 42,195km en 3:14:36. Además, se unió a la comunidad, seguramente, más númerosa y dicharachera de runners catalanes, corredors.cat.
 
En 2013, Zenón entrenó, como él estila (a conciencia), el Maratón de Barcelona. Lo acabó en 3:29:25, una marca claramente por debajo de sus posibilidades y de sus objetivos. Al terminarla, pensó que el mal resultado se debía al sobre entrenamiento y decidió darse una temporada de descanso atlético. Al regresar en septiembre, se dio cuenta de que algo no iba bien; le costaba sincronizar sus movimientos al andar, no coordinaba y, en más de una ocasión se tropezaba en terreno llano. Preocupado, decidió visitar a un neurólogo, que le dio un diagnóstico de tres letras: ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). En resumen, es una enfermedad que le va arrebatando a quien la padece, paso a paso, la fuerza de sus músculos, hasta dejarle postrado en una silla de ruedas. El científico Stephen Hawking es, posiblemente, el personaje más famoso afectado por dicha enfermedad.
 
Zenón -de quien cuida noche y día Maite, su ángel de la guarda- cuando cierra los ojos, sueña con volver a ponerse un dorsal y a atarse unas zapatillas, y se ve, otra vez, traspasando una línea de meta. Sin marcas, sin puestos, sin distancias. Simplemente volviendo a correr, al lado de sus amigos de corredors.cat, quienes, por cierto, en ningún momento se han olvidado de él, y cada viernes, sin perdonar uno, se lo llevan a merendar al bar Can Tripas. Zenón daría todo lo material que tiene por volver a rodar, a sentir el sudor sobre su piel, la fatiga sobre sus piernas y la presión sobre sus pulmones. Para nosotros, lo urgente es lograr tal marca o tal puesto en la próxima carrera, cuando, en realidad, lo importante es que tenemos la salud para poder disfrutar, cada día, de la vida. Como canta el gran Fito Cabrales, “no siempre lo urgente es lo importante”. Un abrazo, Zenón.
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