La ambigüedad de la palabra dopaje

Publicado en Runner's World en febrero de 2007.
Antonio Alix -
La ambigüedad de la palabra dopaje
La ambigüedad de la palabra dopaje

Ingerir sustancias artificiales o estimulantes con el fin de mejorar el rendimiento deportivo; esto dice el diccionario de la RAE sobre la palabra dopaje. Una palabra por desgracia demasiado presente en el deporte, incluso lo que todavía es más grave, en el que no es profesional o de alta competición. Muchos estaréis de acuerdo con la académica definición. Pero también los habrá que defiendan que: “Doparse es tomar lo que aparece en la lista de sustancias prohibidas”. O lo que algunos señalados por la sospecha argumentan: “Doparse es dar positivo en un control y yo estoy limpio porque he pasado tropecientos”.

En este asunto el ladrón lleva ventaja al policía y muchas fechorías quedan sin castigo porque no se pueden desembaucar. El polémico ciclista Jesús
Manzano (personaje al que conozco desde que competía en juveniles y al que no se le puede negar veracidad en algunas declaraciones, pero que no
puede tomarse como ejemplo de alguien que haya tirado de la manta para limpiar el deporte, sino por otros intereses) lo dejó claro: “Llevo años metiéndome de todo y pasando controles pero nunca he dado positivo”. En el otro lado del abanico estaréis los que consideráis dopaje cualquier ingesta
de productos farmacológicos, cualquier pastilla. Incluso puede haber gente que esté en contra de tomar productos de venta en tiendas de deporte o
supermercados: bebidas energéticas, isotónicas o geles.

Yo tengo mi propia teoría de lo que considero dopaje y para llegar a ella me he vestido de mecánico: no es lo mismo arreglar un motor que trucarlo. El
deporte de competición castiga el organismo y hay que repararlo para poder seguir con el entrenamiento sin que haya una avería seria. Por eso considero
aceptable, y yo lo haría si me ganase la vida compitiendo, tomar (incluso mediante inyección, lo que para no infringir la reglamentación debe estar
prescrito por un médico) todos los sustitutivos de los alimentos que necesita el organismo. No hay boca y estómago por los que quepan las naranjas, tomates, lentejas o filetes necesarios para reponerte del machaque. A esto lo considero “reparar” el motor.

Lo que no considero ético, esté o no prohibido, es tomar sustitutivos de lo que el cuerpo produce: las diferentes hormonas. Nuestro cuerpo las estimula
cuando hace falta, pero los hay que se las meten sin esa necesidad. A eso lo considero “trucar” el motor y es reprobable no sólo porque estás aumentando artificialmente el rendimiento, si no también por el riesgo al que te sometes. A romperte porque tu motor corra más de lo que tu chasis permite; o en el caso de trucar el chasis (aumento de masa muscular mediante anabolizantes) se te rompa la amortiguación: los ligamentos. Si esto sucede en un  vehículo, se cambian las piezas y queda como nuevo. Pero eso no tiene tan fácil remedio en nuestro cuerpo y la consecuencia puede no sólo apartarnos
de la práctica deportiva, sino provocar la muerte.

¿POR QUÉ NO CONTROLA SÓLO UN ORGANISMO?

Tenía otra puntilla escrita, pero la tengo que meter en la nevera dado el “puntillazo” que se ha hecho público el mismo día que iba a entregar el artículo;
Óscar Pereiro ha usado Salbutamol en el Tour (y se supone que en más carreras, pero si en ellas ha pasado control no se ha tenido en cuenta). Sin entrar
a opinar sobre si esos certificados que permiten su uso son necesarios o son una tapadera, lo que me parece un error es que haya varios organismos que
tengan potestad sobre los controles y que para unos sea positivo y para otros no. Volvemos a lo que hace meses dije sobre la filtración de resultados: el que no haya un único organismo que controle, comunique y sancione, crea confusión y resta credibilidad a la lucha contra el dopaje.

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