Empezando de cero

O cómo una recuperación puede convertirse en el mayor de los retos
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Empezando de cero
Empezando de cero
Reaparezco tras varios meses sin escribir mi página de batallitas y opinión. Una reaparición que casi podría llamarse resurrección, pues aunque pueda parecer exagerado, sufrí un accidente en bici de carretera que pudo tener fatales consecuencias. Habrá lectores que bien por leerme en otra revista del grupo Sportpress en la que escribo —Bicisport— o bien por seguirme en twitter, ya lo sepan. Una caída sin que interviniese otro coche o ciclista, en curva cerrada a la derecha por la que he pasado infinidad de veces, bajando el puerto de Canencia por su cara norte durante la Marcha Perico Delgado del pasado 14 de agosto (como muchos sabréis, en las llamadas “marchas cicloturistas” se va en plan carrera). Impacto a plomo contra el asfalto, sin deslizamiento (por tanto, sin erosiones o desgarros). Cadera destrozada, clavícula fracturada totalmente y golpe en la cabeza, sin consecuencias gracias al casco. Dolor inimaginable en la cadera durante los traslados y en cualquier movimiento hasta que me operaron tres días después. La reconstrucción fue con un clavo por dentro del fémur y varios tornillos, y chapa con tornillos en la clavícula. La de arriba es típica, como la de los pilotos de motos. A los pocos días empecé a mover el brazo al no estar inmovilizado y, paulatinamente, fui recuperando movilidad y fuerza. Pasados unos tres meses pude hacer lo mismo con el otro brazo, aunque resta una molestia en la articulación que espero vaya desapareciendo.
 
Llevo toda la vida montando en bici, en moto, esquiando o patinando, actividades en las que una caída puede ocurrir en el momento más inesperado. Antes había tenido muchas, pero saldadas con desgarros, fisuras o el típico golpe costal que te deja varias semanas con dolor al respirar, toser o reírte. Pero nunca había necesitado operarme y, ni mucho menos, inserciones metálicas. Permanecí diez días hospitalizado, con el trastorno que supone también para la familia. Menos mal que tenía la televisión para entretenerme con la segunda semana de los JJ.OO. Salí en silla de ruedas, con la incógnita de saber cuánto tiempo iba a tener que usarla y, sobre todo, si volvería a andar sin cojera (y no digamos correr o el resto de mis actividades deportivas).
 
En casa tuve que empezar de cero. Teniendo en cuenta el calor que hizo hasta finales de septiembre, apenas salí a la calle con la silla. Pero no me relajé. La sensación de querer mover la pierna y que ésta no responda, es alucinante. Mueves el pie. Es decir, no estás paralítico, pero no hay fuerza para mover la pierna. Afortunadamente, no he vuelto a sentir dolor, sólo molestias. El dolor es lo que experimentas en la caída o antes de que te fijen los huesos. Aquí, los deportistas tenemos ventaja al estar acostumbrados al entrenamiento diario con cierto sufrimiento, algo que facilita la dedicación en cuerpo y alma a la rehabilitación.
 
Os aseguro que este proceso está siendo un reto si cabe más reconfortante que cualquier otro deportivo que he afrontado en mi vida. Las mejoras son lentas: notar como doblas la pierna, cómo puedes comenzar a levantarla, cómo ya te vas quedando de pie en parado, cómo puedes moverte apoyándote en la pared... Estoy recurriendo a fisioterapia, a ejercicios con tobilleras y gomas, a movimientos en piscina en la que haces pie, y a la cinta de correr antigravedad Alter G. Dejé la silla de ruedas a principios octubre, pasé al andador, de ahí a la muleta (sólo una), que antes de final de año espero poder dejar.
 
En bici estática, he pasado de no poder completar la circunferencia, a sesiones casi como cuando antes del accidente era una parte del entrenamiento. Falta salir a la carretera y, sobre todo, falta poder correr. Pero no hay prisa. No me gano la vida compitiendo, sino hablando y escribiendo de deporte. Así que mejor no precipitarse. Creo que voy a cumplir lo que tantas veces me propuse pero no conseguí: reforzar el chasis para que el motor no acabe rompiéndolo. Porque toda mi vida he pecado de exprimir mucho el motor, pero sin hacer suficientes ejercicios de fuerza, coordinación y flexibilidad. Por eso me he lesionado tantas veces. Ahora, con el motor al ralentí pero con la seguridad de que podré volver a exprimirlo, quiero empezar de cero y seguir todo lo que cada mes aparece en esta revista sobre ejercicios complementarios que yo descartaba en detrimento del entrenamiento agónico. Espero -y no lo digo en referencia a la caída, sino a mi manera de machacar el cuerpo- no volver a tropezar con la misma piedra.
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¿Cuál es tu mayor reto?
Cuéntaselo a @antoalix usando #tumayorreto
 
Antonio Alix, multideportista gruñón que en sus ratos libres habla y escribe sobre diferentes disciplinas deportivas.

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