Creadores

Viento de popa, viento de proa
Aurora Pérez -
Creadores
Creadores

Escribe el escritor sin entrever el final de su novela, da forma el obrero a la casa sin saber quién será su ocupador, proyecta el perito el puente sin conocer quién lo atravesará, fabrica el constructor el barco ignorando quién
en él se hará a la mar, pinta el pintor sin prever la postrera emoción de su pintura, corre el corredor ignorando el final de su aventura. Corre el corredor poniendo letras a una llamada del corazón, sin apenas escuchar sus tenues latidos que, en definitiva, son las zancadas, tras tanto tiempo empeñadas en ralentizar su ritmo. Y lo hicieron lento a base de hacerlo grande, y solo en el silencio se escucha el bombeo que crece y decrece a tenor del esfuerzo, como único intérprete de una partitura ejecutada perfectamente en el tiempo.

Pero he aquí que llegan las lluvias y la humedad que viene con ellas entumece las manos del escribiente, cae la tormenta sobre las vigas que apenas resisten el aguacero en sus entrañas, amaga con derrumbarse la pasarela que da acceso a la otra orilla, hace aguas la embarcación temiendo quizá su botadura, echa un borrón el pintor al desviar del lienzo su atención y al corredor, que dejó la puerta de su piel abierta y desprotegida del
viento, le hiela las zancadas el invierno. Lucha el corredor por no ceder al frío, ni a los momentos inciertos, ni a las penurias en el camino que hacen mella en su fortaleza, ni a los palos en la rueda que tira de los agravios del trotador ofendido.

Corre con la ilusión de ver el sol entre los rayos de nuevo y de templar las zancadas al calor de su voluntad. Pero, mientras se diluyen los oscuros nubarrones que lastraron la inspiración del escribiente y éste imprime mayor
ardor a su escritura; mientras cesan los chubascos y se reparan los pilares, se tensan los cables, que temblaron, tirando arriba del puente y se refuerzan las brechas que surgieron en la nave cuando amenazó el viento de proa; mientras el artista reencuentra la musa en una nueva tela, olvida el corredor sus temores, renaciendo antiguos proyectos, tomando fuerza en él la motivación, aquella que inició los latidos, la misma que alentó las
zancadas.

Avanzan y van pasando las estaciones, y vuelven los pies danzarines a sembrar de vida campos y carreteras, a seguir llenando de kilómetros su vida fructífera y errante igual que se llenan de bellas palabras las páginas escritas, igual que se secan los óleos, se asientan las tejas, sube la altura del viaducto y va creciendo la eslora. Hasta que, una vez pasado el tiempo preciso, cuando el escribano se acerca al punto final de su relato y da el dibujante con la tonalidad justa que buscaba para el cuadro pintado, cuando techa el obrero la estancia y queda asegurada la estabilidad que salve de la caída al abismo, cuando anhela el navío hacerse a la mar y el corredor al asfalto, llega entonces el momento de que cada cual culmine su creación y admirar el arte y al artista.

Y así, el corredor se identifica en los textos, se reconoce en los lienzos, ocupa su morada bajo el alero del cielo, cruza los pasos construidos para él en plata, navega sobre las aguas abundadas de emociones y siente sus piernas firmes para afrontar el reto que un día soñó. Y en ese día, soñado por todo artista al que apasiona su arte, el autor firma su libro, recibe el morador las llaves del que será su futuro hogar, inaugura el puente el ingeniero, con el viento en popa y a favor de la corriente leva anclas el naviero con destino al horizonte, da el genio el último trazo e imprime el sello a su pintura y el corredor rompe la cinta que pone fin a su aventura.

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