La buena estrella

Un máster en el universo
Aurora Pérez / Ilustración: Jillian Tamaki -
La buena estrella
La buena estrella
Abro los ojos, testeo mi cuerpo. Siento mi cabeza despejada, lista para llenarla de kilómetros. Noto mis piernas descansadas, preparadas para llenarlas de ideas. Intuyo, en fin, un buen día. Mi horóscopo confirma mi intuición, hablándome de los planetas, de su posición en el cielo, de los astros que son propicios a mi signo para cualquier tarea que emprenda. Mi salud atravesará un buen momento, el dinero no será un problema y el amor tampoco: “Si canalizas la energía del positivo y valeroso Marte, hoy podrás sentirte fenomenal en todos los sentidos. La fuerza está dentro de ti. El sol entra en este signo y ello te hará estar en el punto más álgido de actividad física. No te importará aceptar retos”.
 
Y acepté el reto. Salí a dar zancadas, pensando en aprovecharme de Marte que tan fácil me lo ponía. Me uní a los planetas que girando alrededor del sol le veneran como fuente de energía, y bebí de esa energía para seguir mi carrera por el firmamento. Noté la enorme atracción que me llevaba a ese sol, que me empujaba hacia la mayor estrella del cielo y comprendí por qué le adoran los demás astros, por qué los poetas le hablan para luego contárnoslo en hermosos poemas, y quise sentirme un corredor poeta, un poeta corredor.
 
La fuerza del sol me ha hecho invencible. Salto sin gravedad de planeta en planeta. Me sorprende una tempestad en Júpiter, el mayor de ellos. El fuerte viento de Saturno me atrae hacia sus anillos, doy vueltas en ellos como en una pista perfecta. Las bajas temperaturas de Neptuno y Urano me hacen pensar de nuevo en el sol, pero en mi carrera sin fin no siento el frío, mientras el brillo de Urano ilumina mi paseo estelar. El agua congelada de Mercurio me incita a beber para reponer las fuerzas y su alianza con Venus me evade del cansancio. Marte con su fuerza y el pequeño Plutón completan mi periplo planetario.
 
Veo que la luz va disminuyendo y la aparición de la luna me avisa de la noche cercana. Desde mi posición privilegiada, veo la tierra pequeña, veo a la gente con prisas, perdida en busca de razones. Temo que la ausencia del astro rey frene mi impulso y me haga débil, pero el paso fugaz de una estrella me lleva a pedir un deseo; que mis años se llenen de kilómetros pero también de sabiduría, y de nuevo recobro el ímpetu. La estrella más brillante de todas las constelaciones conocidas me guía en el camino de vuelta. Sigo corriendo en la ruta que me marca ahora la Vía Láctea. En ella busco la estrella en que instalar mis sueños, ponerle mi nombre y que forme parte de mi vida, para buscarla en el cielo cuando esté triste en la tierra, para hallar en ella la fuerza celestial cuando me cueste alcanzar la meta terrenal, para encontrar razones cuando me falten respuestas. De vuelta a mi planeta seguiré corriendo pero ya no tendré prisa, ya no me sentiré perdida, ya no buscaré razones, miraré la estrella que lleva mi nombre y ella me responderá.
Te recomendamos

La lista negra de lo que nos esperan en las estanterías del "súper"...

El DS 7 Crossback es el primer coche desarrollado desde cero por la marca premium fra...

Ricochet y Bedlam se unen a la familia ...

Así es la nueva Storm Viper de Joma: una zapatilla para hacer kilómetros en carretera...

Más ajuste, más estabilidad y más amortiguación sin añadir peso. Así es lo nuevo de S...