Mi amigo invisible

Una sombra me inventé, una sombra me siguió
Aurora Pérez -
Mi amigo invisible
Mi amigo invisible

Gracias a ti que me ayudaste en la carrera; cuando iba mal me esperaste, cuando iba bien me acompañaste, fuiste conmigo y te esforzaste a mi lado. Compartiste tu agua con mi sed, supiste ver mi desánimo en silencio y en su momento apoyaste mi ánimo. Viviste mi desazón, ayudaste a mi recuperación. Conseguiste que siguiera, evitaste mi parada, supiste buscar con tu mirada la mía perdida, y encontrarla. 

Al principio tu silencio corrió conmigo, a mi lado. Al principio, cuando creía que no te necesitaba, estabas ahí, porque sabías del momento de debilidad que llegaría. Templaste mi impaciencia, que no hubiera sido sino preludio de abandono. 

Poco a poco el tiempo pasaba y tu silencio seguía, pero tu intangible compañía anónima se fue tornando visible. Ya no eras una mera sombra a mi lado y empecé a tomar conciencia de tu apoyo. Sincronizaste tus zancadas con las mías, pretendiendo quizá prestarme tus piernas para de ese modo evitar mi cansancio.

Según avanzaba y mi valor decaía, me diste la energía que a ti te sobraba, apropiándote de mi sufrimiento. Sin decir ni una palabra, me hablaste para entretener la espera del final. 

Conseguiste que mi imaginación se desbordara en imágenes amables, alejando la angustia de los kilómetros comprometidos. De esos kilómetros que llegaron y pasaron como, siempre en silencio, me habías prometido. Volvió ligeramente y poco a poco el valor y con él, la confianza de nuevo se adueñó de mí.

La esperanza definitiva me devolvió a la realidad, al reloj marcando horas, minutos y segundos. Sin fijarme en la exactitud del tiempo conseguido, miré a mí alrededor y ya no te vi. Te habías desvanecido, sin esperar a ver mi tristeza o mi alegría, mis lágrimas o mi sonrisa. Una vez más pensé en el camino, no en la meta.

Silenciosamente, tal como habías llegado, desapareciste, como si nunca hubieras existido. Desapareciste para que hubiera un único protagonista, yo. Evitaste la foto, a mi lado en la llegada, que te hubiera delatado como agradable compañía y te diluiste sencillamente sin que pudiera agradecer tu ayuda.

Desapareciste como si hubieras sido una fantasía de mi mente para evitar pensar o para pensar tan solo en avanzar. Aunque en realidad quizá fuiste solo un personaje inventado, quizá solo te imaginé para no encontrarme sola.

Siento que ni en los pocos momentos de lucidez fui capaz del agradecimiento. Pero se que volverás. Se que conseguirás otras muchas veces que en la soledad de mis carreras, tenga tu compañía, te imagine a mi lado. Porque mientras yo quiera te volveré a inventar, te volveré a crear, te volveré a
creer.

Solo yo he sido capaz de ver en mi foto una sombra, por eso solo yo se que eres real.

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