La sensación de terminar un maratón

Algo único que sólo aquel que lo ha conseguido conoce.
Javier Serrano -
La sensación de terminar un maratón
La sensación de terminar un maratón

La primavera, la sangre altera, manido (y estúpido) pareado que utilizamos con mucha frecuencia. Pero es verdad que allá por febrero, cuando la crudeza del invierno empieza a dar tregua, comienza la temporada nacional de maratones. De hecho, los más madrugadores corren en Badajoz, a finales de enero, y a esos les da igual que el frío no haya amainado, la gente de allí está acostumbrada a completar el maratón a temperaturas bajo cero la escarcha en las cejas queda muy heroica. Pero tras Badajoz llegan Sevilla, Barcelona, Madrid, Vitoria, Bilbao… Y miles y miles de corredores se lanzan a las calles a batirse en duelo contra la mítica distancia.

Traspasar la línea de meta de un maratón es una de las sensaciones más intensas en la vida de un corredor. Sobre todo la primera vez que eso ocurre. Permanecer como espectador en la línea de meta de cualquier maratón durante 20 o 30 minutos, da igual en qué momento, es ver pasar una caravana de caras triunfantes, de gente con los brazos en alto, los ojos humedecidos en lágrimas, haciendo gestos de victoria… Objetivamente, los corredores no sé si damos más pena o más asco: cojeando, algunos casi a rastras, sudorosos, malolientes, escuchimizados, con rozaduras por todas partes, carita de sufrimiento… pero más felices que las perdices. ¡Qué sensación! Da igual cuántos años pasen, quien termina un maratón, cada vez que lo recuerda sonríe: “Yo fui capaz de terminar un maratón”.

Y es que, indudablemente, es un logro que no está al alcance de cualquiera. Solo hay que comprobar la curiosidad que despertamos en nuestro círculo de amistades —entre los que no corren, claro— y la cantidad de conversaciones que surgen a partir de nuestra epopeya. 

Pero, ¿es admiración lo que sienten por nosotros? En algunos casos, sí; en otros, no, es simple estupefacción. No nos entienden ni nos entenderán nunca. “Pero, ¿tú para qué corres?” “¿Cómo que para qué corro? ¿Pero qué pregunta es esa? Está claro… pues… no sé… para…”. Efectivamente, ni nosotros encontramos respuesta.

Publicidad

A mi amigo Manolo le preguntó un conocido tras volver del Maratón de Sevilla que cómo había quedado. “El 16º”, contestó Manolo. “Bueno, no te preocupes —le dijo su conocido—, la próxima vez saldrá mejor.” Manolo ni se molestó en contradecirle, pero la verdad es que hizo el maratón de su vida en Sevilla: marca personal (2:27), 16ª en la general y primer sevillano clasificado, motivo por el cuál le regalaron un viaje. La gente no tiene ni idea, no sabe valorar.

En vísperas de una Maratón de Madrid, un amigo me preguntó si me veía con opciones de ganar la carrera, y qué cuántos maratones había ganado en mi vida. “Eso es imposible —le dije—, yo quedaré el 500 o así, lo que quiero es hacer marca”. Eso desconcertó a mi amigo, que me dijo que “yo creía que eras bueno, y resulta que eres un matao”. Pues no, chaval, yo soy un fenómeno.

Este es el tipo de conversaciones que nos convierten en héroes autónomos y autosuficientes, no necesitamos el reconocimiento de quien no sabe de qué va esto. Ni nos entienden, ni falta que hace. Porque sabemos que somos grandes, enormes, por el hecho de cruzar esa línea de meta, de haber batido al maratón, de haber completado los 42 kilómetros y 195 metros. Unos lo hacen en 2:15, otros en 3:30, en 4:45 o hasta en 6 horas. Pueden ganarte 200 tíos, o 1.000 o 10.000. Pero el día que entras en meta y por primera vez derrotas al maratón, ese día te conviertes en leyenda.

Publicidad
Te recomendamos

El DS 7 Crossback es el primer coche desarrollado desde cero por la marca premium fra...

Ricochet y Bedlam se unen a la familia ...

Así es la nueva Storm Viper de Joma: una zapatilla para hacer kilómetros en carretera...

Más ajuste, más estabilidad y más amortiguación sin añadir peso. Así es lo nuevo de S...