La figura del corredor anónimo

Nadie les da voz ni les pone rostro, pero ellos siguen corriendo cada día tras una ilusión.
Aurora Pérez -
La figura del corredor anónimo
La figura del corredor anónimo

Llegó el mediático corredor y los murmullos que se oyeron dieron fe de su excelso tiempo. Los plumillas que siguieron su evolución sobre el asfalto ratificaron cada devenir, cada involución que hizo temer por la pronosticada victoria y anotaron, para su crónica, los tiempos apurados en cada tramo. Los encargados de poner cara a la noticia buscaron la confirmación gestual del protagonista que dejara constancia de su felicidad.

Los que buscaban la confirmación oral de la gesta perseguían, micrófono en mano, grabar las primeras palabras de satisfacción. Los escribientes que narraron los pasos previos, los entrenamientos exitosos, los plazos cumplidos con exactitud cronométrica y las fiebres que amenazaron con romper la programación de alguna jornada, corroboraron los augurios. Los vaticinios, del entorno muchas veces ignorado que arropa al protagonista, se hicieron realidad. Los que acompañaron y gastaron zapatillas junto al que ahora sonreía, escoltándole en evitación de posibles infortunios, constataron el objetivo alcanzado.

Los admiradores incondicionales se felicitaban por haber apostado a todo o nada por el éxito. Los que dudaban se rindieron a la evidencia del final feliz. Los que negaron tres veces hubieron de callar tres veces más. Corrió para vencer y ganó, con su trabajo, el pan de su existencia. Pero la carrera no acaba aquí para otros muchos y los espectadores curiosos volvemos la cabeza atrás, pues mientras se agotan las letras y se diluyen los fastos que cortejan al ganador otros héroes luchan por su vida en el mismo asfalto.

Para ellos no habrá fama, sus hazañas no abrirán titulares impresos, no será noticia su esfuerzo. No correrán ríos de tinta que diluciden sus pasos, no será diseccionado cada kilómetro que consuman sus pies. No se valorará cada trecho superado para llegar a la meta. Nadie sabrá nunca de los insomnios que produjo su cansancio, del agobio por los lapsos no cumplidos, del temor por no llegar en forma, del tiempo robado a otros menesteres, del tiempo robado al sueño. Nadie relatará la historia, en capítulos, de su popular marcha. No será reconocido, ni señalado como un ídolo. Al conseguir su particular triunfo, figurará como uno más en una lista numerada. Muchos no sabrán que para él ya fue todo un premio aparecer nombrado y el exceso en el tiempo marcado no mermará su orgullo al ver su nombre reflejado. Su éxito permanecerá en el anonimato haciendo individual su felicidad.

Sus dedos corazón e índice marcarán la V de la victoria y sólo él entenderá que venció sin ser el primero, porque evocará el camino que le llevó hasta allí y volverá a vivir cada minuto de esfuerzo. Volverá a sentir la emoción que le embargó al verse capaz de cruzar la invisible línea que diferencia los sueños cumplidos de los que sólo son imaginados.

Sin saber por qué se agolpan en él los recuerdos de la primera vez que corrió. Desde entonces no ha parado, y sigue y seguirá porque finalmente descubrió que correr es el pan de su alma y con él alimenta sus sueños.

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