Soy Corredor: Miguel Piñón

El cirujano cardiovascular del asfalto.
Alberto Hernández | FOTO: Salvador de Sas Fojón -
Soy Corredor: Miguel Piñón
Soy Corredor: Miguel Piñón

Mis primeras zancadas fueron con Arturo, siendo adolescente. Mi primera carrera, la San Silvestre de Pontevedra´05. Mi primera media, la Vig-Bay´07, animado por Antonio Portela y Ricardo. 

 

No fue hasta los 27 cuando comencé a correr con regularidad. Tras algunos años de fumador, engordé demasiado durante la abstinencia inicial. Decidí hacer algo para bajar de peso y correr, por su libertad de horarios, era lo que más se adecuaba a la difícil vida del residente de cirugía. 

 

Uno consigue ser cirujano cardiovascular de la misma manera que se alcanzan los grandes objetivos: con método y dedicación, con renuncias y sacrificios, con la ilusión de lograrlo, las referencias adecuadas y la incondicionalidad de los tuyos. 

 

Mi profesión constituye para la mayoría de los pacientes el último eslabón terapéutico, la esperanza del último recurso. En cierto modo la cirugía encarna el fracaso de la medicina. Las intervenciones maratonianas y la ausencia de horario se compensan cuando se logra el objetivo: dar más vida. 

 

Hay que ser muy cauto con los últimos casos de muerte súbita acaecidos en el mundo del running. No se deben menospreciar en estos casos los síntomas que puedan avisar. 

 

Debemos recordarnos que somos deportistas aficionados, y ser conscientes de nuestras limitaciones. Realizar una prueba de esfuerzo antes de afrontar objetivos de exigentes constituye una buena práctica.

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Me encantaría correr en grupo pero suelo entrenar solo. El año pasado las tiradas largas las hacía con mi inseparable Pedro. 

 

Me despierto a las 6:40. Aunque vivo en Pontevedra, trabajo en Vigo. Empiezo a las 8:00 y no sé a que hora salgo. Hago diez guardias localizadas al mes, que incluye uno de cada tres fines de semana. 

 

Intento disfrutar al máximo de mis hijos (Miguel y Borja). Si no preparo nada suelo correr tres días a la semana, entre 35 y 40 km. Durante la preparación un maratón subo a cuatro días, entre 50 y km. 

 

Correr me abstrae, aunque no totalmente. En muchas ocasiones aprovecho para ordenar pensamientos relacionados con el trabajo y consigo hacerlo sin tensión. Me ayuda a diluir la presión. 

 

Aunque tengo claro que corro por placer, por las sensaciones que me aporta, reconozco que me gusta exigirme y busco la satisfacción de un entrenamiento en el que dé lo mejor de mí de acuerdo con las circunstancias de ese día. 

 

Habitualmente corro por tiempo, pero en cada plan de entrenamiento (que cumplo escrupulosamente) incluyo una sesión de 25 km. Lo que más me cuesta son las series, sobre todo las cortas. 

 

Aunque suelo salir por la noche, me gusta especialmente correr por la mañana, me hace sentirme libre el resto del día. Además me gusta ver despertar a la ciudad. 

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Darle demasiada importancia al running sería traicionar una de sus funciones: mi afición me ayuda a no obsesionarme con el trabajo. Perdería su utilidad. 

 

Me encanta correr a orillas del Lérez, el río de Pontevedra, mi ciudad, con la que me identifico plenamente. Es un circuito de tierra de 5 km. La Isla de las Esculturas enlaza con un sendero en el margen del río que llega a los 12 km. 

 

Berlín es el mejor sitio por el que he corrido. Sin duda. Oporto también me gusta mucho. Y por supuesto disfruto en mi tierra: la llegada de la Vig- Bay es muy gozosa. 

 

Me sentí orgulloso de acabar el Maratón de Berlín. Nunca pensé tener unas sensaciones de tal magnitud. Era la primera. Recuerdo el ambiente, los nervios, el numeroso público, las calles, la música, la multitud de corredores, Pedro, los españoles, el sacrificio, la estrategia, Mabel entre el público, el devorar kilómetros vírgenes para mí, los niños, mis niños, los 15 km finales con Nacho -al que no conocía-, el último kilómetro, la puerta de Brandenburgo, el casi al llegar, el llegar, el 3:32:03, el logro, las llamadas, el récord de Haile. Rotundamente inolvidable. Irrepetible. 

 

Aunque sea poco original en esta publicación, reconozco que admiro a Gebrselassie. Además somos contemporáneos. Tengo una especial consideración por Lance Armstrong, es un mito viviente y un ejemplo de superación. 

 

En 2008 he disputado 8 carreras. Conseguí bajar de 40 en los 10 km de la San Martiño. Aunque tengo 1:34 en media maratón, creo que consequiré mejorarlo. En mi única maratón tengo 3:32:03 (corrí de menos a más la segunda media, 8 minutos más rápida que la primera). 

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