Terry Fox: el maratón de la esperanza

Una historia de superación y coraje.
Antonio Alix, basado en un texto de John brant | Fotos: Cordonpress y CP Photo -
Terry Fox: el maratón de la esperanza
Terry Fox: el maratón de la esperanza
Entre abril y agosto de 1980, este chaval canadiense, corrió casi 5.500 km a través de su país. No pudo cumplir el objetivo de atravesarlo de este a oeste, unos 8.500 km, porque el cáncer que había provocado la amputación de su pierna izquierda 3 años antes se le reprodujo en el pulmón y le impidió seguir adelante. Un cáncer que le quitaría la vida en junio de 1981; si con su ruta se hizo muy famoso, su muerte le convirtió en un mito. Terrance Stanley Fox había nacido
el 28 de julio de 1958 en el estado de Manitoba, en pleno centro del país. Creció en el extremo oeste, Port Coquinlam, Columbia Británica, junto a sus padres y 3 hermanos. Su infancia y juventud fueron convencionales, practicando muchos deportes; en el que más destacó fue en salto de trampolín. No llegó a la élite, pero su pasión por el deporte le llevó a iniciar estudios de fisioterapia, teniendo también en mente ser entrenador y profesor de educación física.
 
Pero la vida le golpeó en 1977 cuando se le diagnosticó osteosarcoma en su rodilla derecha. La única solución fue amputarle la pierna unos 10 cm por encima de la articulación. Entonces se estimaba que el 50% de los casos no recaían, y Terry estaba convencido de formar parte de la mitad afortunada.
 
Tras noches y noches yéndose a la cama con esa idea en la cabeza, decidió ponerse en marcha en la primavera de 1980, en concreto la primera zancada fue el 12 de abril, una vez pasado el frío y oscuro invierno canadiense. Evidentemente se había entrenado para ello, tanto en lo físico como adaptando su prótesis, mucho menos sofisticada que las actuales. Tuvo especial cuidado en que las zonas expuestas al sudor fuesen de acero inoxidable.
 
El camino lo iba a marcar la carretera transcanadiense, que cruza el país por su zona sur, no muy lejos de la frontera con los EE.UU. Eso sí, se desviaría de ella
para tocar ciudades en las que se podían lograr grandes recaudaciones. Su sueño era que cada canadiense donase un dólar; pero de dinero de bolsillo, ya que no iba a admitir patrocinios de empresas o marcas. En sus camisetas simplemente aparecía su nombre, el del reto (Maratón of Hope) y la bandera nacional.
 
En Sainth John’s, en la isla de New Foundland, inició el viaje, sumergiendo su pierna ortopédica en el mar como símbolo de la salida. Eso mismo pretendía hacer en el Pacífico al acabar. En la autocaravana de apoyo, conducida por su amigo Doug Alward, llevaría dos botellas con agua del Atlántico; una como recuerdo, la otra para verterla en el otro océano y sustituirla por agua de aquél. Por cierto, merece destacarse que Doug, inspirado evidentemente por el recuerdo de Terry, ha sido un brillante atleta popular, capaz de hacer 2:45 en maratón con 48 años. Aunque el vehículo estaba preparado para dormir dentro, la repercusión del viaje hizo que no tardaran en recibir invitaciones de particulares y hoteles.
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Terry quiso dejar claro que a pesar del ritmo -aproximadamente 7 min/km- lo suyo no era andar, sino correr. Eso sí, con un estilo particular provocado por la prótesis: dos pasos con la pierna natural, uno con la artificial. Cada día hacía dos tiradas; la primera al amanecer, de unos 25 km. Comida y descanso de unas 3 horas y otros aproximadamente 15 km… ¡Casi un maratón diario! Cada 3 km, unos 20 minutos, bebía el agua que desde el vehículo le daba Doug o alguno de los que se iban sumando a la comitiva. En el punto en el que cada día finalizaban la etapa, Doug hacía una marca con piedras apiladas, para la mañana siguiente empezar allí; Terry no quería saltarse ni un metro de Canadá. Lo que a veces no pudo ver fue cada metro de Canadá, al ser sustituido el paisaje por un pasillo humano que le animaba.
 
Las tardes las dedicaba a dar charlas en colegios o ayuntamientos, a la vez que se recaudaba el dinero en metálico. Una suma que se ingresaba inmediatamente en la cuenta desde la que se destinaría a la lucha contra el cáncer. Si les daban dinero para pagar los gastos del viaje, dejaban claro que fuese por separado de lo que se destinaba para el fin principal y que solamente lo aceptaban de quien ya había dado para ese fin.
 
Terry no estaba dispuesto bajar el listón, hubo que mentirle; Lou Fine, directivo de la asociación contra el cáncer -que le acompañaba- le dijo que el aeropuerto de Maratón estaba cerrado por niebla y que tendrían que volver en autobús, un autobús que no salía hasta el día siguiente.
 
Terry volvió a correr, pero el cáncer estaba ya invadiendo sus pulmones. Una cosa es el dolor de la tendinitis y otra no poder coger el aire necesario para correr. El 1 de septiembre, tras 143 días y 5.373km no pudo seguir. Fue en Thunder Bay, ciudad bañada por el más grande y occidental de los Grandes Lagos, el Superior.
 
Se le llevó a un hospital en Vancouver, y aunque ya no pudo recaudar más dólares para la causa en persona, las donaciones crecieron tras la interrupción del viaje. Terry no venció al cáncer de pulmón y falleció el 28 de junio de 1981. Pero su recuerdo, 25 años después, sigue vivo en la mente de todos los canadienses, porque no hubo ni uno que en aquellos días no se enterase del Maratón de la Esperanza. No creáis que exagero, entre los numerosos galardones que recibió estuvo el del
Canadian Newsmaker of 1980, fue el canadiense del que más se habló en los medios de comunicación ese año. 
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El Club Aquiles
 
Dick Traum fue, en la edición de 1976, el primer atleta con pierna amputada que participó en el maratón de Nueva York. Evidentemente su gesta fue objeto de reportajes, entre ellos el de la versión americana de RW. El día antes de que a Terry le cortasen la pierna, el entrenador de su equipo de baloncesto le llevó esa revista. El chaval la ojeó, pero pareció no poner mucho interés, aunque puede que ese artículo fuese la inspiración para su ruta transcanadiense. Tras su muerte, cuando comenzaron a disputarse las carreras en su memoria, Dick Traum fue invitado a la de Toronto. Allí quedó impresionado por el alto número de amputados y otros discapacitados que competían, mucho más que en su país, al sur de la frontera. Dick le contó su experiencia canadiense a Fred Lebow, el máximo responsable del maratón neoyorkino (trágica paradoja, fallecido de cáncer en 1994) y juntos comenzaron a promocionar la participación de atletas con minusvalías en los grandes eventos populares de atletismo. Así se creó el Achilles Track Club (www.achillestrackclub.org), que sin duda es el organismo privado señero en el mundo para los atletas con cualquier tipo de discapacidad, tanto física como síquica.
 
Las adidas Orion TF
 
Terry corrió calzado con la Orion, uno de los modelos más famosos en aquella época. Evidentemente no gozaban de la tecnología de las zapatillas actuales, pero aguantaron la paliza, eso sí, con alguna capa del por entonces tan usado Shoe Goo, una pasta que se daba las suelas desgastadas.
 
En un ejemplo más de la moda de sacar al mercado modelos añejos, Adidas comercializó en 2005, coincidiendo con el 25 aniversario de la gesta de Terry, las Orion TF, el nombre original con el añadido de sus iniciales. Qué menos podía hacer la marca, dado que su logo fue el único símbolo comercial que lució Terry durante su periplo.
 
El homenaje se completaba con un mapa de la ruta del protagonista. La marca donó el beneficio que obtuvo con este modelo a la fundación de Terry. El precio al público fue redondo: 100 $. Pues bien, el 40% de la tirada se agotó el primer día y el 75 % en la primera semana. Tal es la pasión que despierta Terry entre sus compatriotas que parece ser que la mayoría de las Orion TF no se han usado en la calle, sino que sus dueños las tienen expuestas en casa como cualquier otro objeto de decoración.
 
Probablemente será en honor de la zapatilla derecha original, que está en una urna en la biblioteca pública de la ciudad que vio crecer a Terry, Port Coquitlam.
 
La importancia de Terry en su país
 
En una encuesta elaborada en 2004 por el canal CBC, Terry fue elegido como el segundo personaje más importante en la historia de ese joven país. Sólo fue superado por Tom Douglas, un político a la vez que ministro baptista, que fue el creador del sistema de seguridad social público canadiense. El tercer escalón del podio fue para otro político, este más conocido internacionalmente: Pierre Trudeau. Otros nombres que os sonarán son Alexander Graham Bell, inventor del teléfono, el 9º (como Douglas nació en Escocia pero su familia emigró a Canadá); el 10º, el considerado mejor jugador de hockey hielo de siempre Wayne Gretzky; el 16ª Neil Young; el 29º Jim Carrey; 31º Michael J.Fox; 52º Pamela Anderson; 82º Dan Aykord, de los Blues Brothers; y hay que irse hasta el 89º para encontrar al primer atleta: Donovan Bailey (nacido en Jamaica), campeón olímpico de 100 y 4 x 100 en 1996 y del mundo de 100 m en 1995 y 1997. Por Ben Johnson no preguntéis, porque no está en la primera centena de la lista.
 
La figura de Terry está presente en la vida diariacanadiense gracias a las muchas estatuas en lugares públicos; llevan su nombre muchos colegios, instituciones y centros deportivos; una montaña en la Columbia Británica más todo el parque natural que la rodea; un guardacostasrompehielos... y el más emotivo: el tramo de la autovía transcanadiense junto a Thunder Bay, por el que Terry dio sus últimas zancadas.
 
Ni qué decir tiene que los artículos, reportajes, biografías, documentales y películas sobre Terry son muy numerosos.
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El Dólar de Terry
 
En 2000, la casa de la moneda canadiense quiso sacar una moneda conmemorativa del 20 aniversario de la gesta de Terry. No iba a ser de curso legal, pero parte del beneficio de su venta sería donado a la fundación. Darrel Fox, el hermano que la gestiona, no aceptó el ofrecimiento. Cinco años después vino una nueva propuesta: un dólar de plata de curso legal. Dado que Terry pretendía recaudar al menos un dólar de cada canadiense durante su carrera, la coincidencia de la cantidad de esa moneda fue lo que motivó que la familia aceptase. Fue la primera persona fuera de los miembros de la familia real británica cuya cara figuró en una moneda de curso legal. Si viajáis a Canadá, buscadla.
 
Emulando a Terry
 
Steve Fonyo, también con una pierna amputada por cáncer (pero la izquierda) cuando tenía 12 años, sí completó el viaje transcanadiense. Siguiendo los pasos de Terry se puso en marcha en marzo de 1984 (tenía apenas 18 años) y llegó a la otra costa en mayo de 1985. Aunque al principio recibió algunas críticas por imitar a Terry, acabó ganándose el reconocimiento de sus compatriotas. Durante su periplo recaudó 13 millones de dólares para la lucha contra el cáncer. Recibió la orden del mérito canadiense y ha dado nombre a alguna calle, así como a la playa de Vancouver, donde terminó el viaje. Afortunadamente la enfermedad no reapareció en su cuerpo, pero su vida no ha sido fácil. Pasó por una depresión, se refugió en la cocaína y el alcohol, y para poder pagar sus adicciones cometió algún delito contra la propiedad e intentó estafas con cheques falsos. A mediado de los 90 fue sentenciado, cumpliendo condena con trabajos sociales. Su vida se encarriló trabajando de mecánico de coches, pero el año pasado volvió a cometer algún delito. A diferencia de los anteriores -Terry y Steve- Rich Hansen tiene las dos piernas, pero no las puede mover. Nacido un año antes que Terry (1957) en la Columbia Británica, fue un niño muy activo, destacando en varios deportes. Hasta que con 15 años se cayó de un camión y quedó parapléjico. Sobre la silla de ruedas se licenció en educación física, jugó al baloncesto y voleibol, y “voló bajo” tanto en la pista como en el asfalto: además de disputar maratones ganó el oro en 800 m en los paralímpicos de 1980.
 
Su viaje, bautizado Man on Motion, tuvo salida y meta en Vancouver y fue mucho más largo que el de los amputados. Duró 26 meses, desde marzo de 1985 hasta mayo de 1987, cubriendo unos 40.000 km por 34 países de 4 continentes. En este periplo recaudó unos 25 millones de dólares para la investigación y ayuda a las lesiones medulares. Desde entonces la fundación que lleva su nombre ha recaudado unos 200 millones. El estar vivo no le ha dado la categoría de mito de la que goza Terry, pero su fama es importante: aparece el 30º en la lista de canadienses más conocidos.
 
Las carreras Terry Fox
 
Comenzaron a disputarse en Canadá el mismo año de su muerte. Con fecha el segundo domingo de septiembre, posterior al día del trabajo, que en Canadá y EE.UU. es el primer lunes de septiembre. Por tanto la primera edición fue el 13 de septiembre de 1981; la suma de participantes en 720 lugares canadienses superó los 300.000, recaudándose unos 3’5 millones de dólares. La iniciativa fue llegando a otros países y ya pasa de 50 el número. No nos consta que haya en España, pero sí en Portugal. Las suelen promover las embajadas y consulados canadienses y hasta las disputan las tropas de ese país presentes en conflictos en el extranjero. Merece destacarse Cuba, donde se llevan disputando desde 1998; en 2006 unos 2,5 millones corrieron en honor a Terry, lo que viene a ser un 20% de la población.
 
Suelen ser de 5 ó 10 km, no competitivas y sin marcas comerciales involucradas. Es algo irrebatible: ninguna empresa puede hacer publicidad a costa del nombre de Terry, por mucho dinero que ofrezcan. Grandes multinacionales lo han intentado sin éxito.
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