Y tú, ¿cómo estás?

Yo entreno, tú entrenas...
Aurora Pérez -
Y tú, ¿cómo estás?
Y tú, ¿cómo estás?
Es frecuente entre corredores veteranos hablar de lesiones, problemas musculares y mil molestias. Pero ¡qué remedio nos queda! Son el caballo de batalla para la mayoría de los que de una forma u otra, con mayor o menor tesón, mayores o menores expectativas y suerte, nos dedicamos a esto de correr. Una gran parte de las consultas a los distintos especialistas en running se refieren a este tema, ya sean médicos, rehabilitadores, entrenadores, corredores experimentados o simplemente aquel que nos encontramos dando un paso tras otro en actitud algo más rápido que el simple paseo.
 
Es habitual que cada corredor tenga su punto débil. Algunos conocemos el tendón de Aquiles solo de oído y otros somos capaces de contar con todo lujo de detalles su vida, obra y milagros (la del tendón de Aquiles y la nuestra). Es poco habitual toparte con un corredor y al preguntarle por su estado de forma, oír una contestación positiva, algo parecido a “me encuentro muy bien”. Lo normal es que andemos con inseguridades, con lesiones que nos preocupan, con pequeños o grandes interrogantes. Y esto es más habitual si la pregunta es realizada antes o después de una competición. Entonces todas las excusas y las alarmas se disparan.
 
Llega quien te dice que no entrena apenas, mientras ves que sus resultados no acompañan esta afirmación. Esto no es así: todos sabemos lo que cuesta entrenar y que los superhéroes no existen. La ciencia infusa aquí no vale. Si no se estudia no se aprueba, ni aun haciéndote amigo del profesor.
 
También a veces nos quejamos de falta de tiempo, y nos agobiamos porque no podemos entrenar. Sin embargo esto no hace más que añadir estrés, y no cumple la función del entrenamiento, que ha de ser serio y disciplinado respecto a los planteamientos personales que cada uno tengamos, pero flexible en momentos difíciles; y sobre todo no ha de aumentar los problemas, y por supuesto no ser un problema más.
 
Por favor, si te pregunto, no me digas que no entrenas apenas, me haces sentir mal. ¡Después de muchos años esforzándome y entrenando, me siento fatal! Porque yo si entreno, de acuerdo a mi nivel y a mi edad, pero entreno. Un amigo me decía en una ocasión: “¡Jo, soy el único corredor que entrena, con cualquiera que me encuentro me dice que casi no entrena y me entra un complejo…!”.
 
Por eso cuando alguien te pregunte “cómo te encuentras”, piensa que no te está preguntando por tu primera papilla, hace tiempo que ya se acabó (la papilla me refiero). Responder, al tiempo que preguntas a tu interlocutor por su estado físico, siempre es de agradecer. Yo, ya que me preguntas, me encuentro muy bien, y esta semana he entrenado de lujo, la competición me salió como esperaba. Entrené ¡vaya si entrené! Pero también descansé un día que no tenía tiempo y no por ello me agobié.
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