A fuego lento

No hay secreto en Marta Pérez
Nacho Barranco | Fotos: Jaime de Diego -
A fuego lento
A fuego lento

Y pensar que no puedo perder. Que no quiero perder. Así razona el cerebro de Marta Pérez cuando se calza los clavos y sale a la pista, ya sea para competir o entrenar. Una mujer que se define como "constante" a nivel atlético pero cuyo nivel de compromiso y competitividad cuando las cosas se ponen serias (y rápidas) está fuera de toda duda. Una obsesa por la victoria. Una enamorada de los 1.500 metros. Una atleta que hacía mucha falta.

Nacida y criada en Soria, Marta Pérez ejemplifica como pocos ese carácter castellano al que tantas veces cantó Machado. Sobriedad, amabilidad y respeto por el trabajo. Mística y guerrera. Como decíamos en el subtítulo que encabezaba este reportaje, su carrera deportiva no tiene secretos. Está basada en tres premisas que nunca ha abandonado desde que comenzó a tomarse a pecho esto de dar vueltas a un óvalo de tartán: trabajo, trabajo y trabajo. Así ha construido una trayectoria en la que, pese a no parecer destinada a un futuro como el que ha conquistado, se podían reconocer títulos en todas las categorías inferiores. Siempre en mediofondo, siempre sin la presión mediática y social que soportan las grandes promesas del deporte. 

Muy pocos se dieron cuenta de su presencia hasta el verano de 2015, cuando tras proclamarse campeona de España Sub 23 y ser séptima en el Campeonato de Europa de la categoría lanzó un ataque frenético a falta de 300 metros en pos del título nacional absoluto. Allí le ganó Solange Pereira, la rival que ha marcado parte de su, por ahora, corta carrera deportiva. “Tener una atleta como ‘Soli’ me ha hecho crecer y creo que mi presencia también le ha hecho mejorar a ella. Esta competitividad que tenemos es muy positiva para ambas”.

Las dos atletas del Valencia Esports llevan desde aquel Campeonato de España de 2015 jugándose los títulos nacionales en apasionantes duelos. De todos ellos, Marta Pérez salió victoriosa en Gijón 2016, donde se colgó su primer oro en categoría absoluta al aire libre y hace unas semanas, en el nacional de pista cubierta celebrado en Valencia. “Disfruté mucho de la lucha en la pista, de verme capaz de trasladar lo planeado sobre el papel y de ganar. Por supuesto que disfruté de ganar”.

Otra medalla que no hace más que reafirmar los pensamientos de Marta. “En septiembre, cuando volví de vacaciones tras el Mundial de Londres, mi psicólogo, Pablo del Río, me preguntó si me consideraba deportista de alto nivel. Y por primera vez desde que trabajo con él le dije que sí. Ya he acabado la carrera de medicina y ahora mismo el atletismo está lo primero en mi escala de prioridades. Me ha costado mucho verme en esta situación y considerarme profesional, pero ahora mismo sí que lo soy, a nivel de dedicación y a nivel económico”.

Una profesionalización que, según Marta, también tiene sus puntos negativos. “De pequeña tenía varias atletas a las que admiraba y ahora, viviéndolo desde dentro, eso ha cambiado. No es la personalidad en sí, sino otras cosas que el espectador no ve durante la competición: cosas que se dicen, situaciones, comentarios que tú vives, también el tema del dopaje”.

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Un aspecto, este del dopaje, del que no rehúye: “Al espectador le da igual. Le da tan igual como el tema de los refugiados sirios, por ejemplo. Todos dicen, ‘qué vergüenza’ pero luego lo que se quiere es espectáculo. Para los que practicamos deporte de forma profesional es un problema, pero para quellos que consideran esto un espectáculo no lo es. Tengo claro que hay ciertos deportistas que nunca darán positivo porque son imagen de marca, de un país o de un deporte. Representan algo intocable”.

Y claro, todo esto “resulta bastante decepcionante. Porque tú, cuando estás en la línea de salida de algunas carreras, ves a atletas que han estado implicadas en tramas de dopaje y dices, ¿y yo qué puedo hacer contra ella?”. Palabras que, sin embargo, no implican "que por sistema desconfíe de la gente que es mejor que yo. Porque de hecho es algo que critico mucho de los demás. Lo repetiré una y otra vez: mientras alguien no haya estado sancionado o haya dado positivo, para mi sus resultados son válidos. De hecho, aunque no evite hablar del tema del dopaje cuando sale la conversación y sea algo que me decepciona y me crea desconfianza, no es un aspecto que esté sobrevolando mi cabeza cuando voy a competir ni tampoco en mi día a día".

"No evito hablar de dopaje, pero no es un aspecto que esté sobrevolando mi cabeza cuando voy a competir ni tampoco en mi día a día".

Ella prefiere centrarse en todo lo que está por venir. En la competición: “creo que en el futuro puedo pelear por estar en una final olímpica y mundial”. Y una vez allí, soñar. “Porque el mil quinientos te permite, aun sin tener una marca espectacular, colarte por donde menos lo esperan. Es una prueba que ofrece oportunidades y yo creo que puedo aprovecharlas. Tengo claro que voy a conseguir mejores marcas en 3.000 m y 5.000 m, pero creo que en 1.500 m conseguiré mis mejores resultados a nivel de campeonatos”.

Porque para ella, el respeto se gana en las grandes citas. “Considero más importante un palmarés con medallas que con grandes marcas. Por eso cuando me preguntas por la marca con la que me quedaría satisfecha no tengo una respuesta. Evidentemente, me gustaría pelear por los primeros puestos del ránking español de todos los tiempos, pero respeto muchísimo las carreras deportivas de las mujeres que están en esas posiciones, por lo que me cuesta pensar en estar a su altura”. Y aun así, acaba mojándose: “en 1.500 m veo muy difícil superar a las tres primeras (Natalia Rodríguez, Nuria Fernández y Maite Zúñiga), pero creo que puedo estar cerca”.

Los números no le quitan el sueño, es verdad, pero su rendimiento en las citas importantes sí que tienen importancia en sus análisis tras las competiciones: “No quiero volver a un gran campeonato y no disputarlo como en el pasado Europeo de Campo a Través”. Allí debutó como absoluta internacional en cross y fue 32ª en una disciplina que no es su especialidad. “Esa sensación de ir allí para ‘nada’, por así decirlo, no me gustó, y ahora entiendo a determinados atletas que renuncian a citas que no sean sus objetivos principales”.

En cada palabra, en cada declaración, una y otra vez, se puede palpar aquello que mencionábamos al principio. Marta Pérez tiene una relación entrañable con la competición. Entrañable no por afectuosa, sino porque ese sentimiento surge desde las entrañas de una mujer que es incapaz de renunciar a una victoria en aquello en lo que se siente realmente competitiva. Y si eso consiste en dar vueltas a la pista recorriendo 1.500 metros, mejor.

Su vínculo con esta distancia ha ido cocinándose a fuego muy lento, primero guíada por Ramón Zapata, el entrenador que descubrió su potencial, y después, ya en Madrid, por Antonio Serrano, quien ya trazara las líneas maestras de la carrera deportiva de uno de los mejores corredores de la Distancia (sí, con mayúscula) en nuestro país: Juan Carlos Higuero.

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Era 2011 cuando Marta llegaba a Madrid. Lo hacía con una marca de 4:54.87 en 1.500 m y sin la beca en la Residencia Joaquín Blume como soporte e impulso a su carrera deportiva. Pero ella apostó por seguir peleando con un dorsal en el pecho y salió bien. Hoy, siete años después, ha sido internacional en un Europeo y un Mundial al aire libre, en un Campeonato de Europa de Cross y, en estos primeros días de marzo, en un Mundial bajo techo. Su marca se ha rebajado hasta los 4:05.82 que firmó el pasado año (también 2:03.31 en 800 m) y se ha colocado 12ª en el ránking nacional de todos los tiempos, justo detrás de Mayte Martínez, una mujer que en este invierno ha vuelto a calzarse los clavos para competir como atleta máster. Cuando Marta vio el vídeo de la pucelana corriendo 400 metros en la Pista Cubierta de Salamanca no pudo evitar sonreír, como diciendo que a ella no le importaría ser así de mayor. Es lo que tienen las leyendas.

Mujeres que son, en parte, el espejo en el que se mira una Marta Pérez que en cada declaración hace hincapié en la importancia del apoyo y la difusión del deporte entre las chicas. "El atletismo de competición a nivel profesional es uno de los deportes más igualitarios que hay porque competimos a la vez hombres y mujeres, pero el problema es previo, cuando las niñas son pequeñas. Tenemos que saber cómo inculcar a las niñas el deporte y valores como la competitividad, cómo hacerlo atractivo para que este forme parte de su vida y de su ocio. Si queremos que en un campeonato Sub 23 el número de chicas sea igual al de chicos tenemos que trabajar cuando esas niñas tienen 10, 11 o 12 años. Yo no dejé el atletismo porque me gusta mucho competir y porque tenía un grupo de entrenamiento muy bueno en Soria, pero si me paro a pensar, el deporte nunca estaba presente en los planes de ocio con mis amigas".

No se trata, pues, de una cuestión económica o de repercusión, sino más bien de oportunidades. De evitar que por el camino se pierdan jóvenes talentos, desilusionadas ellas por no encontrar la suficiente motivación como para seguir bajando a entrenar una tarde tras otra. Sin descanso. Sea invierno o verano.

“Para que haya más mujeres compitiendo en categoría sub 23 hay que trabajar con las niñas de 10, 11 y 12 años".

Eso sí, una vez dado el paso y habiendo confirmado un gran porvenir con resultados, puede decir que "no me faltan ayudas. Los atletas nos podemos comparar con otros deportes con los que compartimos residencia en Madrid y el atletismo no está tan mal. Hay unos clubes que mantienen su nivel económico, marcas que apuestan por los atletas y becas de la federación. Además yo tengo la beca de la Residencia Joaquín Blume, por lo que no me puedo quejar".

Así dicho podría parecer un camino de rosas el transitar de la atleta de adidas por su deporte, pero detrás de todas estas recompensas hay infinidad de sesiones de entrenamiento, todas ellas ante la mirada de su entrenador y muchas, por no decir todas, acompañada por sus dos inseparables amigas María José Pérez e Irene Sánchez-Escribano. Las tres han formado una pequeña hermandad en la que apoyarse mutuamente. Viven, entrenan, ganan, pierden, luchan, lloran, disfrutan. Juntas llegaron el año pasado al Campeonato del Mundo de Londres, Marta en 1.500 m y 'Mariajo' e Irene en 3.000 metros obstáculos. "Allí viví la carrera en la que más he disfrutado de mi carrera deportiva. Aunque no pasé de ronda pude hacer marca personal y además me vi formando parte de la élite del atletismo, con un estadio lleno y un público volcado con los atletas".
Porque para ella el público es uno de los grandes elementos del show del atletismo. "En España nos cuesta aplaudir y sentirnos parte del espectáculo cuando estamos de espectadores. Creo que se están haciendo las cosas bien a nivel organizativo, pero al final necesitas que el público se involucre en la competición".

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Un mensaje que, sin ninguna duda, va dirigido a todos aquellos aficionados a nuestro deporte, los que tienen que conseguir que los atletas sientan el mismo calor que británicos, alemanes o franceses experimentan cuando compiten en casa. Conseguir que los nuestros vuelvan a sentirse reconocidos por una sociedad que, parece, ya no tiene al atletismo entre sus deportes predilectos.

No hay nada mejor que el sabor de la victoria bañado por cientos de aplausos de un público entregado. Hacer crecer el ego personal de aquellos que se dejan la piel en la pista por ofrecer un espectáculo tan básico y arcaico como comprobar quién es más rápido en una determinada distancia. Pero también un espectáculo tremendamente hermoso del que para algunos resulta imposible no quedar enamorado para siempre. Algo así le sucede a Marta, que sueña con triunfar con los clavos puestos. "Hace un tiempo hubiera preferido ser finalista en unos Juegos Olímpicos, que es la cita más mediática, pero ahora he aprendido a valorar un título europeo, por ejemplo. Entrar primera en una meta en un gran campeonato..." (suspira).

“En España nos cuesta aplaudir y sentirnos parte del espectáculo. Los atletas necesitamos que el público se implique en las competiciones".

 

Para ello recorre "entre 110 y 120 kilómetros semanales. Algunos de esos kilómetros los tengo que hacer en la elíptica porque no puedo soportar tanto impacto en uno de mis pies". A lo largo de este sendero plagado de éxitos también se cuelan momentos de mucho dolor provocados, casi siempre, por un pie izquierdo que trabaja a conciencia día tras día, siempre guiada por 'Bodo', fisioterapeuta de la Real Federación Española de Atletismo y, sobre todo, amigo de Marta. Él se ha convertido en una de las figuras fundamentales en el equipo de trabajo de la mediofondista: "Además de tratarme y evitar que me lesione, 'Bodo' es alguien que está implicado al cien por cien en lo que estoy haciendo. Su profesionalidad es total y sabes que cuando tú tocas fondo él no te va a abandonar. Por otra parte, es una de las personas que más 'palos' te da en el día a día y te obliga a estar en la realidad. Cuando todo va bien y vienes de ganar algo él te echa la bronca porque no has trabajado lo suficiente y por eso te duele alguna parte del cuerpo. Y cuando todo va mal es el primero que te sube la moral".

Ambos han conseguido generar un ambiente de trabajo que ha calado hondo hasta llegar a esos huesos, tendones y músculos en los que Marta invierte muchísimas horas. "La fuerza es una parte muy importante del entrenamiento, ya no solo para correr más en competición, donde ser fuerte en los últimos 300 metros es fundamental, sino también para evitar problemas y lesiones. Tener el 'core' fuerte es esencial para poder mantener una posición correcta y aguantar todos los kilómetros que realizamos a la semana". Por eso no es extraño que, tras una sesión de rodaje, cualquiera que visite las pistas del Consejo Superior de Deportes de Madrid se encuentre a Marta enfangada en posturales, abdominales infinitos y ejercicios con el balón medicinal. No quiere que por su camino se cruce alguna de esas lesiones que lastran carreras deportivas y por eso trabaja cada día del año todo lo que no tiene que ver con encadenar una zancada tras otra.

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Trabajo, trabajo y trabajo. Ya lo decíamos antes. Y no hay problema si ese trabajo se realiza a una altura superior a los 2.000 metros. En las últimas temporadas, esta enamorada de las montañas ha encontrado refugio y calma en Sierra Nevada. Allí acude cada primavera para sentar las bases de la temporada al aire libre y poder respirar fuera de la burbuja de atletismo que se genera en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid. "Además de las ventajas que obtiene tu cuerpo, me viene muy bien para desconectar y cambiar de aires. Hasta ahora no podía ir demasiado tiempo por las clases de la universidad, pero este año ya podré encadenar más de cuatro semanas en Sierra Nevada, que es cuando de verdad empiezas a notar los beneficios de la altura. En enero, antes de la temporada de pista cubierta, también pasé un mes en Navacerrada (Madrid) con mi compañera Irene Sánchez-Escribano, pero es más complicado por el tema de la meteorología". Si uno escucha sus palabras puede llegar a entender que estas presencias de Marta Pérez en altura son más una necesidad que una obligación. Allí ha descubierto cómo su cuerpo es capaz de adaptarse sin muchos problemas a la ausencia de oxígeno, una capacidad que también ha podido desarrollar en las pocas ocasiones en las que su calendario le permite acudir a cimas de más de 3.000 metros (incluso alcanzó la cumbre del Cotopaxi en Ecuador, una montaña de 5.897 metros).

Montañas, viajes, libros, bares o amistades. Así es como invierte el tiempo que el atletismo le deja libre esta soriana que es punta de lanza de una generación de atletas que ha venido a cambiar las reglas del juego en España. Ni mejor ni peor, pero ahora con el paracaídas que supone una educación académica paralela y un futuro profesional alternativo en caso que el atletismo no funcione. Eso sí, "yo estoy poniendo todo de mi parte por el atletismo y hoy por hoy es el número uno en mi lista de prioridades. Y de momento no sé cuándo dejará de encabezar esa lista". Y es que no es fácil vivir algo que de pequeña no eras capaz de soñar.

Por el bien de nuestro deporte esperamos que su implicación siga siendo total durante muchos años porque, sin ninguna duda, la de Marta Pérez puede convertirse en una de las carreras deportivas más exitosas de los últimos años en nuestro país. Como ella misma ha dicho, su prueba serán los 1.500 metros, "la mejor distancia que existe y en la que mejor me encuentro hoy por hoy".

Algunos, como su entrenador Antonio Serrano, ya han dicho en varias ocasiones que no descartan que una medalla internacional acabe colgando del cuello de Marta. Para ello todavía quedan algunos pasos que dar, pero los cimientos de esta carrera deportiva ya están más que asentados. Ahora solo toca construir sobre ellos. Sin prisa pero sin pausa. Siempre a fuego lento y con la calma necesaria para que el trabajo se asimile de la forma correcta en el menudo cuerpo de una atleta que es autocrítica pero también ambiciosa. Dos características fundamentales para que el futuro esté plagado de éxitos.

Mientras transita ese camino hacia la gloria solo esperamos que la sonrisa que inunda su rostro a cada minuto (las fotos que ilustran este artículo no acabaron de convencer a nuestra protagonista porque se veía "demasiado seria") siga presente por muchos años. Que sus zancadas permanezcan en el óvalo todas las temporadas que ella quiera. Y que la decisión de colgar los clavos, comenzar a correr carreras de montaña (aún no lo sabe pero acabará enganchándose) y vestirse con una bata blanca de médica la tome ella misma, sin presiones, con el sabor del trabajo bien hecho y la conciencia tranquila. Habiendo disfrutado de una experiencia que muy pocas personas tienen la posibilidad de vivir.

Como dijo un buen amigo, "vivir es increíble". Y aunque él ya no esté, ese mantra acompaña a Marta las 24 horas del día recordándole que no puede desaprovechar la oportunidad que tiene por delante. Que sus piernas y su cabeza son privilegiadas. Ella y su talento van a trabajar como nadie para alcanzar todo aquello que se propongan. "No me pongo límites".

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