Corre, corre, corre

Foto Finish de la gran final de 1.500 metros de Londres 2017
Miguel Calvo | Fotos: Sportmedia -
Corre, corre, corre
Corre, corre, corre

Un fogonazo; y la imagen se congela sobre la línea de meta del estadio olímpico de Londres, vestido cada atardecer en toda una fiesta del atletismo mundial.

En la foto (que todos tenemos en nuestra mente), casi un primer plano como si de una foto finish frontal se tratase, los rostros de las cinco primeras clasificadas de los 1.500 metros, una de las grandes citas de este campeonato del mundo convertida en una carrera tan lenta en el inicio como apasionante en su final: 1:05.34 en el paso por los primeros 400 metros, 2:17.11 a los 800 metros, acelerón para pasar en 3:18.93 los 1.200 metros y 4:02.59 en meta, después de unos tremendos 300 metros finales (Semenya 43.04, Simpson 43.60, Kipyegon 43.65, Muir 43.75 y Hassan 44.41) y unos últimos 100 metros inolvidables donde ocurrió de todo, mezcla de explosiones y remontadas, con las atletas adelantando y perdiendo puestos en unos últimos metros transformados en toda una tragicomedia reflejada en las caras de cada una de las mediofondistas, tan dramático.

Por detrás, apretando los dientes, rota, destrozada, Siffan Hassan mascullaba su derrota, la más dura, después de haberse creído que el título mundial tenía que ser para ella y después de haberse visto campeona antes de la salida de la última curva, a partir de la cual solo encontró un enorme muro contra el que chocar al tiempo que veía como le adelantaban hasta cuatro corredoras.

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Con los ojos cerrados, Laura Muir sentía quedarse fuera de las medallas que tuvo tan cerca, con el estadio convertido en una fiesta para ella. Por izquierda y por derecha, Simpson y Semenya le sobrepasaban en los últimos metros, pero, pese a la pena, ahí estaba toda la gloria de quien da hasta el último aliento, reflejado en esos ojos que no quieren ver más, tan valiente desde el primer hasta el último metro, fiel heredera de toda la tradición del atletismo británico.

Imponente, con su enorme cuerpo de velocista, la sudafricana Caster Semenya ocupa toda la izquierda de la fotografía, contrapunto de braceo, músculos en tensión y fuerza frente a las finas mediofondistas. Por encima del musculado cuello, la mirada al frente y la cara de ambición de a quien la enorme recta le supuso una larga autopista para recuperar metros y adelantar corredoras, pero demasiado corta para llegar más allá del bronce.

A la derecha, con la calma y el silencio de quien únicamente sabe flotar, la estadounidense Jennifer Simpson continuaba redondeado su enorme carrera con otra tremenda medalla de plata. Su rostro, solo determinación, inteligencia. Y la tranquilidad de quien sabe que acaba de ejecutar el guion soñado a la perfección. Tan simple y tan grande.

Y por delante, toda la gloria, toda la victoria, en el rostro de la jovencísima Faith Kipyegon (Kenia, 10.01.1994): mirada hacia arriba, ojos cerrados con fuerza, boca abierta para gritar el triunfo, brazos abiertos y puño al aire.

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Con solo 16 años, Kipyegon sorprendió al mundo corriendo descalza el Campeonato del Mundo de Cross de Bydgoszcz 2010 y acabando cuarta en la carrera junior. Al año siguiente, en Punta Umbría 2011 ya fue campeona del mundo junior de cross, de nuevo descalza.

Tal y como escribe Adharanand Finn en su gran libro “Correr con los keniatas”: “En la carrera de campo a través que se celebró en Iten unas semanas antes, Faith Kipyegon, la ganadora en la categoría junior se probó un par de zapatillas con tacos por primera vez. «Parecían muy incómodos – dijo -. Aunque eran muy elegantes daba la sensación de que pesaban demasiado para correr». Así que se mantuvo en lo mejor que sabía hacer y corrió descalza. Ganó. Unos meses después pasaría a ganar los campeonatos mundiales de campo a través, también descalza. Acostumbrada a correr descalza, Faith encontró demasiado pesadas las zapatillas de tacos de atletismo, incluso las más ligeras que se puedan imaginar”.

Pero Kipyegon aprendió a correr también con zapatillas: en 2012 se proclamó campeona del mundo junior de 1.500 metros en Barcelona, en 2016 cerró el círculo proclamándose campeona olímpica en Río y ahora es la nueva campeona del mundo tras su triunfo en Londres.

La imagen de sus vueltas de honor a la pista de los estadios olímpicos, con los pies calzados, seguirán transmitiendo una enorme justicia poética.

Por detrás, los rostros de las corredoras en la imagen final de la gran carrera de 1.500 metros de Londres nos seguirá recordando la enorme grandeza de este deporte donde se corre tanto con las piernas como con la cabeza, con todas sus alegrías y sus dramas.

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