Caballo Salvaje

Elena Loyo, discípula de Martín Fiz, nos muestra su fascinante personalidad.
Álex Calabuig | Fotos: Jaime de Diego -
Caballo Salvaje
Elena Loyo, caballo salvaje

DESDE HACE UNOS AÑOS el bosque de Armentia no solo presume de su habitual fauna y flora, de sus quejigos, arces, majuelos, petirrojos, pinzones o carboneros. En pleno corazón del bosque, en los caminos de tierra surcados tantas veces por los legendarios Martín Fiz y Nieves Zarza, algunos lugareños afirman que una nueva joya desgasta los senderos, asombrando a los caminantes. Se trata, al parecer, de una yegua morena, de trote elegante y salvaje, que vuela desbocada, día sí y día también, sin importarle el frío, la lluvia o el viento.

Dicen los paisanos que recoge su pelo para poder arañarle segundos al tiempo y que incluso participa en competiciones, pero sus fugaces admiradores aseguran que tratar de colocar un chip a un animal salvaje siempre será una burda manera de reducir a cifras la belleza de su tranco y tornar humano su poderío natural, su majestuosa capacidad para desplazarse por el campo sin control, sin riendas, sin nada que demostrar a nadie, por el puro placer de transformar la energía y vivir al límite la sensación más pura, plena y emocionante, la de la LIBERTAD.

Llegamos a Vitoria en un día lluvioso y frío, con la esperanza de que el cielo nos permita disfrutar de unas horas de tregua para fotografiar a Elena Loyo, la mejor fondista vasca de la actualidad. Intentamos “disparar” en Armentia, pero la tromba de agua nos obliga a refugiarnos en un trinquete de la Fundación Estadio, donde por suerte gozamos de un par de horas de tranquilidad, en las que dejamos el trabajo medio hecho. Regresamos al bosque y la luz del atardecer nos regala unos minutos de oro para que el maestro Jaime De Diego inmortalice las zancadas de Elena en un lugar tan simbólico e importante para ella. Solo nos queda charlar con la gran estrella del atletismo vasco, una persona discreta, sencilla, cuya timidez a duras penas puede ocultar su fascinante personalidad, su sentido del humor y su naturaleza salvaje.

Elena, recientemente conseguiste la mínima para el Europeo de Berlín, corriendo el Maratón de Milán en 2:33:20 y batiendo el récord de Euskadi de los 42,195 kilómetros. No pudiste correr el campeonato de España porque participaste en el Nacional de medio maratón en Melilla y el Mundial de los 21,097 km en Valencia. ¿Cuándo y por qué decides correr en Milán?

 Si en Melilla no me hubiera clasificado para el Mundial de media hubiera participado en el Maratón de Sevilla, que era campeonato de España, pero al tener que correr en Valencia, tuve que esperar a pasar esta carrera para decidir qué hacer. Como tenía bastante volumen acumulado en las piernas, hablé con mi entrenador, Martín Fiz, y barajamos dos opciones: correr un maratón o hacer 10.000 en pista y en ruta. Él me animó a correr un maratón y me dijo que aunque no había podido realizar un entrenamiento específico para los 42 km, que consideraba que estaba preparada para hacerlo por el volumen acumulado. La idea inicial era ir a Rotterdam, por contar con un circuito muy rápido, pero Miguel Ángel Mostaza nos dijo a Camilo Santiago, a Jaume Leiva y a mí que nos llevaba a Milán, que habría un buen grupo y nos saldría bien.

¿Cómo te encontraste a lo largo de la carrera?

 Al principio estaba incómoda, algo nerviosa por la falta de experiencia en maratón, ya que solo había hecho uno anteriormente, pero en la segunda media fui mejorando, aceleramos y… ¡salió la marca!

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Has bajado cinco minutos y veinticinco segundos tu tiempo del primer maratón al segundo. ¿Qué diferencias han existido en el entrenamiento?

Muchas. El año pasado solo metí 160 km una semana, porque las piernas se quejaban y aún no estaba preparada para asimilar mucho volumen. Era solo mi segunda temporada entrenando en serio y rondaba los 120 kilómetros semanales y tampoco hacía tanta calidad como ahora, que puedo entrenar calidad incluso en días seguidos. Este año ya he podido completar varias semanas de 160 kilómetros y lo he notado mucho.

Es decir, que te presentaste en Milán con suficientes kilómetros, pero te faltaba haber podido organizar mejor los entrenamientos de cara al maratón, ya que tenías que competir en el Mundial de media…

Sí. En invierno hice muchos kilómetros, pero al acercarse Melilla y Valencia tenía que bajar los kilometrajes para poder competir con frescura.

¿Cómo te planteas la preparación de cara al Europeo de Berlín?

Llevo dos semanas de bajada de la intensidad para recuperarme bien. Ya iré incorporando entrenamientos de volumen y haré competiciones pero sin que éstas sean un objetivo sino una parte más de la preparación.

“De repente me llaman muchos medios para entrevistarme. Una locura, pero...  ¡Bendita locura!”

¿Te han asegurado la plaza desde la RFEA? Hay siete atletas con mínima y tú tienes el sexto mejor tiempo.

No, no me han dicho nada. Vi la circular de la Federación. Imagino que ya me avisarán para las pruebas de lactatos y en función de nuestro estado de forma tomarán una decisión.

¿Cómo llevas la repercusión mediática que has tenido últimamente?

Es un poco locura, pero bendita locura. Estoy encantada de atender a los medios y creo que también de cara a contar con el apoyo de algunos patrocinadores me vendrá bien esa repercusión. Es todo positivo y ha venido porque las cosas se están haciendo más o menos bien.

Fuiste Miss Álava en 2005. ¿Generó tanta expectación en los medios locales como ahora?

Sí que tuvo bastante repercusión y quizá aquello me haya servido para pasar menos vergüenza delante de las cámaras… jajajaja

Incluso ahora publicas cosas en las redes sociales…

Sí, las tuve hace años y las dejé de lado. Las he vuelto a activar, sobre todo el Instagram, porque algún alumno me dice que el Facebook es de viejos. La verdad es que considero que son una herramienta positiva para transmitir cosas sin tener que esperar a que los medios lo comuniquen. Si haces buen uso de ellas son herramientas positivas.

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Precisamente, en Instagram hiciste un pequeño homenaje a María Luisa Irízar, la atleta a la que arrebataste el récord de Euskadi de maratón. Era una marca de hace 26 años.

Ahora nos quejamos, pero antes las mujeres eran aún más invisibles. En su época no tenían reconocimiento. María Luisa trabajaba en el caserío, repartía leche por los pueblos y además entrenaba y competía haciendo 2:36 en maratón. Hace pocos días tuve la suerte de hablar con ella y me contó que en un par de maratones llegó a hacer 2:34, pero que esas pruebas tuvieron problemas con la homologación. A este tipo de mujeres se las ha dejado en el olvido y creo que hay que recordarlas. Al fin y al cabo, las de ahora estamos siguiendo sus pasos y nos sirven de inspiración. No se las ha valorado lo suficiente.

Antes de ser corredora habitual, ¿seguías a estas figuras que destacaron hace años o te has puesto al día a raíz de ser atleta?

No. Es ahora cuando me estoy informando más. Yo seguía los Mundiales y los Juegos Olímpicos por la televisión y conocía a los atletas más famosos del mundo, pero la figura de María Luisa la descubrí tras batir el récord de Euskadi de medio maratón y plantearme el de maratón, que estaba en su poder.

A Martín Fiz sí le conocerías de sobra antes de ser tu entrenador, ¿no?

Jajajaja. Conocí a Martín siendo yo una enana, porque vino al colegio y él era el doble de alto que yo, así que imagínate… jajajaja. Él había sido campeón del mundo. Me hicieron una foto con él y me firmó un autógrafo… ¡Quién me iba a decir que iba a acabar entrenándome! Durante años, cuando pasaba por el Parque del Prado, le veía dando vueltas. Y cuando yo empecé a correr un poquito más, nos saludábamos, etc.

¿Cuándo te empezó a entrenar Martín y cómo fue el acercamiento?

Hace tres años y medio, pero yo ya me había dirigido a él hace cinco años, porque quería ir al campeonato de España de medio maratón y no sabía cómo entrenar, pero solo quedaba mes y medio y Martín me dijo que a esas alturas no convenía modificar mis rutinas, que podía ser peor el remedio que la enfermedad, y que siguiera entrenando por mi cuenta hasta el campeonato. Año y medio después hice un 5.000 en Tolosa e Iván Rodríguez le comentó a Martín Fiz mi marca. Poco después me dijo que Martín estaría dispuesto a entrenarme. Contactó conmigo y en septiembre de 2015 ya empezamos en serio.

Antes de entrenar con Martín, ¿Contabas con algún tipo de asesoramiento?

¡Qué va! Simplemente salía a correr y hacía 40 minutos. Muchas veces salía los primeros 30 minutos a tope y luego me agotaba. No sabía qué hacer. A veces leía planes de entrenamiento de revistas… No me apetecía mucho llevar una rutina de tiempos, etc. Iba por sensaciones, como una florecita, en plan feliciana, jajaja…

En cualquier caso, tu genética es muy buena, ¿no?

Jajaja… la verdad es que en el colegio ya me picaba con los chicos a ver si les ganaba. Tenía una cierta facilidad para correr. Lo que sucede es que antes de entrenar con Martín hacía muchas locuras. Sin estar preparada, de repente hacía más de 20 kilómetros y claro, me dolían las rodillas. Con Martín ya comencé a tener todo programado, a hacer series, y lo cogí con muchas ganas, como una esponja, absorbiendo todo.

¿Qué te aporta Martín? ¿Te anima a entrenar más? ¿Te frena para que no te excedas?

Normalmente me tiene que frenar. Si no, yo soy como un caballo salvaje. Me orienta y es muy intuitivo. Siempre sabe cuándo puedes meter más o menos volumen. Sabe cuándo estás cansada… Te mira y ya te hace la analítica. Es muy inteligente para captar todas las cosas. Nunca intenta exprimirme rápido y jamás noto presión con los resultados. Sé que se pone nervioso porque quiere que lo haga bien, pero a mí me transmite calma y estoy muy a gusto. Además, muchas veces entrenamos juntos, siempre que él puede y está libre de compromisos. Tiene la agenda muy ocupada, pero hay rachas que casi todos los días me ayuda y además siempre está haciéndome bromas y nos echamos unas risas, que también es muy importante.

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¿También te gusta tener tu espacio y hacer rodajes en solitario?

Sí, sí, a veces necesito desconectar por Estíbaliz, Armentia o Salburúa. Incluso si necesito aislarme más voy a Murguía, camino del Parque Natural, donde tengo recorridos por caminos junto al río. Es todo muy natural. En verano hasta me doy un baño y desconecto mucho.

¿Qué tipo de corredora eres?

Pues... lo que te puedo decir es que me gusta mucho cumplir el entrenamiento. No me voy a casa a gusto sin completarlo. Soy muy metódica. Disfruto del esfuerzo, aunque al finalizar las series acabe con la lengua fuera y hecha pedazos. Me encanta la sensación de superarme y mejorar.

Antes de dedicarte a esto en serio, ¿te veías capacitada para sufrir así?

Es que nunca me lo había planteado. Antes salía a correr o a montar en bici por pasármelo bien. Eran ritmos cómodos. Yo desconocía el nivel de exigencia que podía suponer un maratón de alto rendimiento. Cuando empecé a esforzarme y, por ejemplo, hacía 39 minutos en 10.000, alucinaba pensando que otras chicas iban más rápido que ese ritmo durante un maratón, por ejemplo.

Pues has pasado de correr por disfrutar a competir en el campeonato del mundo de medio maratón. ¿Cómo fue esa experiencia?

¡Muy emocionante! Una semana antes me encontraba mal, con el pecho cogido, cansada, y pensando que en esas condiciones no podría correr en Valencia. Por otro lado, dos semanas antes había completado un entrenamiento muy bueno y soñaba con quedar segunda española, detrás de Trihas Gebre. Finalmente pude correr. Salí regular, pero hacia el kilómetro 14 o 15, que ya iba segunda española, me venía a la mente mi corazonada y me vino una emoción impresionante, hasta tal punto que tuve que decirme “céntrate”, porque aún quedaban bastantes kilómetros para llegar a meta. En la parte final la sensación fue maravillosa. Por fin me sentí en mi sitio, compitiendo en una prueba con mucho nivel.

¿Te habías emocionado anteriormente en plena competición?

En el campeonato de España de 10.000 que gané, llevaba una inglesa delante, pero yo no sabía que era británica, así que al entrar a meta, cuando me enteré por el speaker de que yo era la ganadora, me emocioné y me vino la llorera.

“Normalmente, Martín Fiz me tiene que frenar. Si no lo hiciera, yo soy un caballo salvaje”

Coméntame cómo es tu rutina diaria.

Me levanto sobre las ocho de la mañana, desayuno, descanso hasta las 10:00 (estudio inglés, hago punto, etc) y ya voy a entrenar (carrera y a veces gimnasio), luego la comida, la siesta y voy a dar clases particulares de Matemáticas y Física y Química a chavales de 17 o 18 años. Y algunas tardes me toca doblar. Me gusta hacer ejercicio, descansar, alimentarme bien y trabajar un poco para ganarme la vida.

Estudiaste ingeniería técnica mecánica pero nunca has ejercido, ¿verdad?

Efectivamente, estuve a punto de entrar en una empresa, pero empecé a estudiar otras cosas, comencé a correr, etc… Si hubiera empezado a trabajar de ingeniera probablemente no correría a este nivel y lo haría solo para despejar la mente.

También estudiaste solfeo, txistu, piano y trikitixa, y tocas el txistu en bodas… Cuéntame, por favor…

Jajajajaja. Martín me vacila mucho con esto, jajaja. De pequeña me gustaba estudiar música y luego me fueron saliendo oportunidades de tocar en bodas, inauguraciones, etc y compagino el deporte y la música. Me gusta mucho.

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¿Y cómo fue la experiencia de Miss Álava? ¿Por qué te presentaste?

Empecé haciendo desfiles por medio de la Universidad. Me presenté a Miss Álava porque me iba a dar algo de caché y más trabajo. Fui a Miss España, etc, y es una experiencia más. Es un mundillo que tiene de todo. En ese momento pensaba que no era lo mío. Los desfiles y fotos me gustaban, pero el certamen no tanto. Me quedo con lo que aprendí de esa época. Ahora lo veo con más perspectiva, creo que fue positivo.

Y a los 27 años empiezas a correr con más asiduidad. ¿Cuál fue el detonante?

Siempre me había gustado mucho correr. Con 14 o 15 años intentaba convencer a mis amigas para correr. En la época de modelo lo dejé porque se marcaba la musculatura y estéticamente no era muy compatible. Se llevaban las chicas muy delgaditas y sin músculos. Más adelante lo retomé y comencé a apuntarme a alguna carrerita, porque siempre había tenido ganas. Lo que pasa es que con veinte años trabajaba en un campo de golf los fines de semana, de ocho a doce, para pagarme los estudios, así que no podía ir a carreras. Cuando pude, empecé a competir y me enredé…

Desde entonces, has corrido casi todas las distancias del fondo. Aunque ahora destacas en maratón. ¿Cuál es tu prueba favorita?

Realmente disfruto todas las distancias. Me gusta preparar bien las competiciones, sean de la distancia que sean. Encuentro interesante salir a tope en un 3.000, sin guardar fuerzas, o participar en un maratón regulando los esfuerzos para llegar bien a la parte final.

¿Das mucha importancia al entrenamiento de la fuerza?

Desde el año pasado metemos gimnasio de mantenimiento, con el propio peso del cuerpo, toda la temporada. Y lejos de competición incluyo sesiones con peso adicional. Trabajando todo el cuerpo te preparas para aguantar bien las series, etc.

“Antes las mujeres eran invisibles. Hay que recordar a referentes como María Luisa Irízar y a todas las que nos abrieron el camino”

¿Sueñas con participar en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020?

Sí. Necesito más experiencia para poder exprimir más el cuerpo. En el Maratón de Sevilla fui prudente para no excederme, por ejemplo. Ahora voy acumulando entrenamientos y creo que todo eso aflorará y el cuerpo se irá adaptando mejor. No hay nada escrito en esto, pero voy a intentar mejorar y estar ahí dando guerra. Yo entreno fuerte porque veo opciones de cumplir mis objetivos, pero no soy una flipada. Hay que entrenar bien y demostrar lo que vales. No me pongo topes y lucho por sacar lo mejor de mí. Si eso supone llegar al nivel suficiente para estar compitiendo con las mejores, pues fenomenal.

¿Te sientes recompensada por tu esfuerzo? ¿No crees que ya con tu nivel deberías contar con más apoyos?

Mi dedicación al atletismo es profesional, pero en lo económico es como si no me dedicara a ello. Me apoya mi equipo, el BM Bilbao, y me viene muy bien, pero no tengo becas ni patrocinadores que me hagan entrenar tranquila. Necesito trabajar en otras cosas para poder correr. Ahora me lo planteo pensando que hago lo que me gusta y ojalá lleguen esos apoyos económicos en algún momento.

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Más allá de las marcas, ¿qué te aporta correr?

Me hace disfrutar de las pequeñas cosas del día a día. Correr al aire libre y disfrutar del grupo de entrenamiento me hace feliz. Tengo la suerte de practicar una actividad que me gusta y compartirlo con otras personas que tienen la misma afición.

¿Qué más cosas te aportan felicidad, aparte de correr?

Disfruto mucho saliendo a correr con mis perros por el bosque y ya, de paso, si cojo algún hongo, genial, jajajaja. Y también me he aficionado a hacer punto y a plantar cosas en la huerta. Me relaja muchísimo…

¿Qué sensación tienes cuando ves a Martín Fiz logrando su sexto Major con 55 años?

Me inspira muchísimo. Tiene una capacidad de sufrimiento impresionante. Me encanta que se ponga estos retos, cuando él ya lo ha ganado todo, ha sido campeón de Europa y del mundo… La explicación es que Martín tiene que vivir corriendo y si le quitas eso no es Martín. Viéndole a él te motivas para no ponerte límites. Te demuestra que a los 40 no se acaba el mundo y que no hay nada escrito.

Elena ¿Te ves corriendo durante toda tu vida?

Cada vez lo necesito más, pero el tiempo dirá... Lo ideal sería ponerse retos adaptados a mi edad para seguir involucrada en el deporte. Espero que el cuerpo me acompañe. Es una forma muy bonita de pasar los años.

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