Mariano Haro: el antílope de Becerril

Entrevistamos al histórico fondista.
Martín Fiz | Fotos: Félix Sánchez -
Mariano Haro: el antílope de Becerril
Mariano Haro: el antílope de Becerril
Recuerdos nostálgicos de los años setenta cuando Manolo Santana con su revés y passing-shots enloquecía con su glamour a las nenas. Ángel Nieto luchaba en el asfalto por conseguir 12+1 triunfos en los Mundiales de motociclismo. Al otro lado de la pista, un castellano se rebozaba en el barro aspirando encandilar a propios y extraños del deporte. El cross era un espectáculo y los recorridos catalogados de dureza extrema: subidas, bajadas, barro, nieve, clavos del doce e incluso del dieciséis. ¡Qué locura! ¿Quién se atrevía a salir de casa con la intención de ir a correr? Se tildaba de demente al que veían patear las calles disfrazado con paños menores. Los lugareños, asombrados, cavilaban: “Si están corriendo será porque se habrán escaqueado del trabajo”. En aquellos años, el tiempo de ocio transcurría alrededor de una mesa con tapiz, humo, copas y juegos de naipes (tute, mus, remigio, póker…). Se decía: “No pierdas el tiempo corriendo y produce”.
 
¡Qué locos! Dejar de trabajar por correr. No se lo creían ni ellos. Después de las labores (ocho a diez horas diarias) el que tuviera ganas y fuerza, trotaba por las dehesas. La siesta, sólo los domingos. Los allí presentes eran gladiadores del campo a través. La imagen de estos hombres se hacía inconfundible: rasgos muy marcados, caras chupadas con piel curtida delataban la necesidad de buscarse la vida en busca del chusco de pan preñado con panceta.
 
Mariano Haro nació en Valladolid el 27 de mayo de 1940. Con siete meses sus padres le trasladaron hasta Becerril de Campos (Palencia). “Uno no es de donde nace sino de donde pace. Becerril es mi tierra”. Pateaba diariamente las tierras castellanas. El premio en especies y la responsabilidad de llevar a casa el zurrón lleno, marcaba los patrones del atleta de los años setenta. Fue el ídolo de cualquier muchacho que se plantara delante de un televisor sin colores. Mariano Haro, apodado “El Antílope de Becerril” consiguió en cuatro ocasiones ser subcampeón del mundo de cross, antaño conocido como el Cross de las Naciones. En intervenciones olímpicas Mariano obtuvo los mismos resultados que yo. En los Juegos de Munich´72 fue cuarto en 10.000 metros con 27:48.14. Cuatro años más tarde, en Montreal´76, logró la sexta plaza. Todo esto y sus once entorchados en los campeonatos de España de cross le convertían, junto al tenista Manolo Santana y Ángel Nieto, en una de las máximas figuras del deporte español. Dejó el atletismo a finales de los 70 (1978). Tras abandonar el deporte de élite, se dedicó a la política. Veinticuatro años de alcalde en Becerril de Campos y doce años de diputado provincial. En las grandes competiciones compartió habitación con Álvarez Salgado. Allí estaban el velocista salmantino Sánchez Paraíso y el saltador de longitud (el sacerdote) Luis Felipe Areta. Con estos, aparte de hacerles “trampas”, rivalizaba jugando a las cartas. “Eran tiempos duros pero con magníficos recuerdos”. Un chispeo ocular, una gafa empañada hace entrever la emoción que siente el antílope al rememorar viejos tiempos.
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Por entonces, yo pertenecía a la categoría de juveniles. Era un chaval con las mismas inquietudes que los que ahora piden autógrafos a De La Ossa o Marta Domínguez. Leí en un medio de comunicación que el mejor atleta iba a participar en el Cross Internacional de Alsasua. Me acerqué hasta allí. Gané y de premio me dieron una yogurtera. Pedí a la organización salir en la carrera senior para poder estar por un momento codo con codo con Haro, De la Parte, Cerrada, Antonio Prieto… Fui cerca de ellos hasta que las piernas resistieron. No fue más de un kilómetro, pero la satisfacción de estar cerca del más grande no me la quitó nadie. Él dejó un legado lleno de ilustres: Fernando Cerrada, Antonio Prieto, Jordi Garcia, Alejandro Gómez, Pere Casacuberta y en estos momentos Juan Carlos De La Ossa.
 
Las únicas referencias que tienen los jóvenes, de Mariano Haro son las que nosotros, los románticos de este deporte, les vamos facilitando. “Chavalín, hace unos años había un atleta español llamado Mariano Haro que lo ganaba todo”. Adivino la contestación “¡Va!, pero no había atletas negros”. Claro que los había y muy buenos.
 
MF: ¿Qué es de tu vida?
 
MH: Como un chaval. Tengo sesenta y siete años. Sigo haciendo deporte. Corro lo que puedo ya que, si me esfuerzo en exceso, rompo los gemelos. ¿No te parece que ya he corrido lo suficiente? Me conformo con andar, cazar, pescar. Algo más acorde con mi edad. Soy un jubilado más.
 
¿Qué recuerdas de tus “peleas”? Los etíopes Mamo Wolde y Miruts Yifter. Los finlandeses Lasse Viren y Juha Vaitainen; el inglés David Bedford (ahora director del Maratón de Londres), el belga Puttemans. ¿Qué me dices del argelino Mohamed Gammoudi o del belga Gaston Roelants? ¿Quién ha sido el mejor?
 
Eran todos grandes atletas. Viren era rapidísimo. Los etíopes se asemejan a los de ahora, corrían con la misma eficacia y naturalidad que lo hacen los de la actualidad. El obstaculista Roelants tenía una calidad enorme. David Bedford era de los que le gustaba correr en busca de récords. Yo corría contra todos ellos desde el primer metro. Tenía que endurecer el comienzo la carrera para intentar ganar. Menos mal que Miruts Yifter de vez en cuando me echaba un capote.
 
¿Estás al loro de cómo va nuestro atletismo?
 
Sí. De la Ossa lleva cuatro campeonatos de cross ganados. Le quedan unos cuantos hasta llegar a mis once, siete de ellos consecutivos. Es muy bueno. A Marta Domínguez la conozco por proximidad, es palentina. Sabes, antes para tener un chándal y unas zapatillas de esparto había que echar instancia. Decirle a tu padre que te comprara unas zapatillas para salir a correr era un atrevimiento. Las únicas zapatillas las llevaba puestas las veinticuatro horas del día. Aún así, sólo he tenido una lesión, un pellizquito en la rodilla que me hizo ver las estrellas en varias ocasiones. Ahora las firmas de material deportivo les pagan por llevarlas. Me alegro mucho de la evolución y del profesionalismo. Antes éramos cuatro atletas los que cobrábamos cuatro duros. El atleta moderno exige sin saber el lugar que ocupa. El que menos recibe ahora es el que más cobraba antes.
 
Tu equipo era el Educación y Descanso de Palencia. Dime la alineación.
 
Santiago De La Parte, Pepito Haro, Cándido Alario y Agustín Fernández. De atacante Mariano Haro. Un equipazo. Viajábamos en un Austin MG y en un Simca 1200, con matrícula P-13000-A. Más tarde, llegaron Javier Alario y Ángel Gómez Maeso. Buenos atletas.
 
Dime lo que hacías cuando entrenabas y luego te digo lo que hacemos ahora…
 
Entre los 12 y 15 años recorría todos los días unos 30 kilómetros para ir a trabajar. Tranquilo, los hacía en bicicleta. Trabajaba en una Azucarera. Al llegar a casa, corría sin conocimiento de causa. Iba a coger perdices y conejos a la carrera. Éste era mi plan de entrenamiento.
 
Te cuento. No es ninguna crítica, es una realidad. El atleta moderno se levanta a las diez y pico. Desayuna, y a las once y media a entrenar. Masaje, almuerzo y siesta. Por la tarde vuelven a entrenar. Cena y al messenger. Luego, a dormir, y otra vez lo mismo.
 
¿Y haciendo esto, consiguen correr? Los mejores atletas del mundo eran tíos con unas características limitadas por la escasez de comodidades. Esto juega a favor del atleta. Zatopek, Bikila y todos los atletas que destacan o han destacado en carreras de mediofondo y fondo tienen antecedentes de pertenecer a familias humildes, de vivir en territorios azotados por la miseria. La genética y la forma de vida tienen mucho que decir en nuestra disciplina.
 
Si pillaras esta generación, con estos cuidados. ¿Qué hubieras hecho?
 
De entrada, forrarme. Luego no sé si hubiera superado mi rendimiento deportivo. Ya te he dicho, parte de mis éxitos quizás estén reflejados en mi forma de vida. Tuve tres entrenadores: Gerardo Cisneros, Gregorio Rojo y cuando estuve en Vitoria haciendo el servicio militar obligatorio, me entrenó Juan González.
 
Mira por dónde, Rojo también me entreno a mí. De Juanito González conozco mucho a su hijo. Y Cisneros fue el seleccionador cuando yo estaba en la categoría júnior. Los dos primeros ya han fallecido. Por cierto, ¿Recuerdas alguno de tus entrenamientos?
 
Hacía rodajes largos a ritmos elevados por los pinares de Palencia. Un circuito con subidas y bajadas. En la pista de ceniza cuando tenía que afinar para los campeonatos, hacía series de 1.000 a 2:35 y en las últimas era capaz de bajar ese tiempo. 
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¿Tienes anotados los entrenamientos?
 
Si, en la sesera. Esos recuerdos nunca se olvidan. Eran entrenamientos muy sacrificados en terrenos de los llamados ter cermundistas. Para nosotros era un lujo entrenar en pistas de ceniza. Las zapatillas eran con clavos fijos. Lo que más me atraía era la competición. Te daban premios: lavadoras, pavos…
 
¿En España quiénes estábais?
 
Había grandes peleas, sobre todo en los “pollos” de Chodes. Corríamos dando vueltas a una plaza de poco más de cien metros. Cada vez que la banda de música tocaba a batalla, allí aparecían Molins y mi cuñado León. Me ponían las cosas difíciles. Terminabas mareado de dar vueltas pero ese día nos llevábamos a casa unas cinco mil pesetas. En cross, Álvarez Salgado, Miguel Maíz, Amorós, Arizmendi... En una Jean Bouin, el obstaculista valenciano Antonio Campos me hizo la vida imposible. No me dejaba pasar. Al final me ganó llevándose unas cincuenta mil pesetas de premio. Ya le dije: “No te preocupes, a la próxima no te voy a dar lugar a que me obstaculices”. Así fue, le saqué más de trescientos metros. Otra vez, en la San Silvestre Vallecana iba escapado y a falta de pocos  ilómetros me confundí saliéndome del circuito unos cien metros. Detrás venía Fernando Cerrada. Volví sobre mis pasos, enganché a Cerrada y pude ganar. Fue una gran victoria.
 
Ahora me remonto al Cross de las Naciones, lo que ahora es el Mundial de cross. Fuiste cuatro veces segundo. ¿No serás un segundón?
 
Tuve mala suerte. De las cuatro ocasiones, en cada una de ellas me ganó unodiferente. En cambio, el año que ganó Arizmendi yo fui el octavo. Ese día Arizmendi se desmadró. Gregorio Rojo le decía: “¿Dónde vas?”. Parecía que flotaba en el barro. Cogió distancia y nadie fue capaz de atraparlo. En cambio, cuando era yo el que tiraba, no me dejaban ni un milímetro porque sabían que la podía armar.
 
Estamos como al lado de un brasero, contando batallitas del abuelo… Cuéntame, descríbeme una competición.
 
Fue en Munich 1972. Para nosotros los Juegos eran puro negocio. Les comprábamos a los rusos cámaras de fotos, caviar… A los cubanos cigarros. trapicheábamos con todo y en un santiamén le habíamos colocado a Rafa Cavero (Presidente de la RFEA) alguno de los productos. Mil durillos “pal” bolsillo. En las competiciones internacionales sacábamos más rendimiento económico con estas prácticas que con las dietas que nos daban.
 
Uno de los días, en la villa olímpica, yo miraba por el objetivo de la cámara de fotos. En una terraza estaba un encapuchado armado. Era uno de los terroristas palestinos del grupo Septiembre Negro. Fue trágico, murieron once. Y yo, allí. Por lo menos puedo contarlo. Una vez, en las pistas, en la semifinal de 10.000 metros, el argelino Mohamed Gammoudi fue el encargado de llevar a buen ritmo la serie. Hicimos cerca de veintiocho minutos. Me clasifiqué para la final pero terminé con los gemelos reventados. Al día siguiente era la final. Gammoudi se retiró. Yo hice una gran carrera, fui en todo momento delante. A falta de quinientos metros tiraba convencido de coger medalla. Los metros finales fueron muy poco generosos conmigo. Lassen Viren ganó con una marca de 27:38.4. Luego entró el belga Puttemans (27:39.6). Yo apretaba intentando mantener la tercera plaza pero el etiope Miruts Yifter terminó muy fuerte. Terminé cuarto con 27:48.14. Días más tarde, ante la incredulidad de muchos, Lassen Viren, tras caerse, volvió a ganar en los cinco mil metros. Por lo que cuentan, el finlandés jugó con ventaja. Se dice que tenía la sangre limpia como la de un niño. Se la extraían y se la volvían a meter la noche antes de la competición. La verdad, no sé como va eso. Yo hice lo que pude y acabe contento con mi cuarto puesto. Además, esa carrera pasará a la historia, incluso el cineasta Steven Spielberg en su película “Munich” hace gala de esta carrera. Se ve un español corriendo. Ese soy yo.
 
¿Sabes que has hecho los mismos puestos que yo (4º y 6º) en Juegos Olímpicos? ¡Qué putadon! ¿Qué recuerdos guardas?
 
Hice todo lo que pude. Mis marcas eran 1:53 en ochocientos y 3:44 en mil quinientos. (Las mismas que yo). Mis facultades me ecían: “O tiras antes de la última vuelta o te quedas atrás”. Algo como te ocurría a ti. No es nada fácil descolgar a los rivales cuando están los mejores del mundo y hay tan preciados metales en juego.
 
Tienes el récord de España de 20 km (58:37.8) y de la hora (20.493 metros) en pista. Tu marca en maratón no aparece por ningún lugar…
 
No aparece porque sólo lo intenté una vez. Fue en Londres. En el kilómetro 36 iba con un dolor de piernas que no me tenía en pie. Me retiré. Además, antes, en
el maratón no pagaban las cantidades que se mueven ahora. Si hacía un maratón tenía que estar mucho tiempo sin competir. No compensaba hacer los 42,195
kilómetros. Mucho entrenamiento y poca recompensa.
 
Por tus características y por tu manera de correr si te hubieras dedicado una temporada a preparar y pensar en maratón, hubieras sido uno de los grandes en la distancia. Sin ir más lejos, al portugués Carlos Lopes (campeón olímpico de maratón) le ganaste en bastantes ocasiones. ¿Qué me dices de Kenenisa Bekele, Haile Gebrselassie, Abebe Bikila, Mamo Molde, Emil Zatopek. ¿Con cuál te quedas?
 
No lo sé. Es una elección muy difícil. Emil Zatopek fue grandioso. Abebe Bikila era capaz de ganar sin zapatillas. Cada generación es diferente. Todos son grandes y los que vengan también lo serán.
 
¿Te retiraste o te retiró Fernando Cerrada?
 
Ley de vida. Primero, Fernando Cerrada. Luego, Antonio Prieto, José Luis González, José Manuel Abascal, Paco Sánchez Vargas… Todos esperando el tren para poder cogerlo. Y a él se subieron…
 
Si le diéramos la vuelta a la tortilla… ¿volverías a correr?
 
No hay palabras, sólo una: SÍ.
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Mariano Haro Cisneros nació el 27 de mayo de 1940 en Valladolid, aunque se considera de Becerril de Campos. Sus medidas eran 1,68 metros y 55 kilos de peso.
 
PALMARÉS
 
CAMPEONATOS DE ESPAÑA DE CROSS
 
11 Campeonatos de España de Cross. Siete consecutivos.
 
CAMPEONATO DE LAS NACIONES
 
4 veces subcampeón del cross (1972 al 1975) de las Naciones. Ahora llamado Campeonato del Mundo.
 
JUEGOS OLÍMPICOS
 
4º en los 10.000 metros Juegos de Munich´72
6º en los 10.000 metros Juegos de Montreal´76
 
MARCAS
 
800 metros…………………………1:53
1.500 metros….................................3:44
10.000 metros……………………..27:48.14
Record de la hora en pista………...20 km y 496 metros
Record de los 20 km……………… 58:36
 
RECONOCIMIENTOS
“Medalla de Oro de la Real Orden del Mérito Deportivo de 2003”
El polideportivo municipal de Becerril de Campos lleva su nombre.
Calles a su nombre en: Alhama de Murcia (Murcia), Madrilejos (Toledo), Priego de Córdoba, (Córdoba).
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OPINIONES ANÓNIMAS: ¿CONOCE A MARIANO HARO?
 
ALFONSO LÓPEZ MARTÍNEZ (29 AÑOS. CHEF RESTAURANTE PLAZA DE LAREDO)
 
¿Quién no conoce a Mariano Haro? Ganó muchas carreras. Aquí en Laredo ganó la I edición del Cross Costa Esmeralda. Es un mito. Cuando él lo dejó, 1978, yo contaba con diez años. He visto recientemente la película de Spielberg, “Munich”. Me ha emocionado verle. Es increíble una película americana ensalzando a un español. Un hombre con gran corazón.
 
EUKENE UNZALU (18 AÑOS. ESTUDIANTE DE MAGISTERIO)
 
Las pocas referencias que tengo son las que me ha dicho mi padre. Creo que fue un gran corredor. En los libros sale, así que debió ser muy importante.
 
VÍCTOR FERNÁNDEZ (53 AÑOS. CAMIONERO)
 
¿Qué si le conozco? Cuando en el Cross de Lasarte (San Sebastián) se congregaban más de veinte mil personas para ver un cross, allí estaba yo. No me lo perdía. Ver a Mariano Haro era un lujo. Vaya duelos con Mamo Molde. Eso era afición. Un tío grande, con un par. Una leyenda.
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