Wilson Kipketer: el keniano más peculiar

El mítico ochocentista tuvo un periodo hegemónico.
Albert Caballero | Fotos: Jordi López y Sergio Carmona -
Wilson Kipketer: el keniano más peculiar
Wilson Kipketer: el keniano más peculiar
Nació en Kapchemoyiwo (Kenia) en 1972, en 1990 llegó a Dinamarca y en 1994 ya tenía la nacionalidad de este país. Hace poco Wilson Kipketer, africano con mentalidad europea, y junto a Seb Coe y Alberto Juantorena el mejor ochocentista de la historia, concedió en Barcelona una entrevista en exclusiva a Runner’s World. Logró medalla en dos Juegos Olímpicos (Sydney y Atenas) y, de no haber sido por la negativa legal por parte de Kenia (que le impidió participar en los de Atlanta), nuestro protagonista tendría ahora –seguramente- tres medallas olímpicas y, puestos a aventurar, una de oro, título del que sorprendentemente carece. Pero ante todo, Kipketer es un keniano de la etnia nandi, nacido muy cerca de Kapsabet, el lugar del mundo de donde más fondistas de élite han surgido.
 
Pero la historia del Wilson danés se remonta a la década de los 90. Él llegó a Dinamarca en un intercambio estudiantil, y decidió quedarse a vivir. Estudió Ingeniería Electrónica en la Universidad de Copenhague. En 1994 ya como ciudadano del país nórdico, completa las dos vueltas a la pista en 1:43.29 (segundo del ránking mundial del año) y en 1995 llega su primer gran éxito: campeón del mundo en Gotemburgo, liderando además la tabla anual con 1:42.87.
 
1996 no será, seguramente, un buen año en el recuerdo de este mediofondista, ya que se perdió los Juegos Olímpicos de Atlanta debido a la negativa de Kenia de permitirle participar en ellos (nuestra Niurka Montalvo vivió el mismo boicot por parte de Cuba en Sydney 2000). La IAAF permite que un atleta que ha cambiado de nacionalidad compita con su nuevo país si hace más de un año que se produjo el cambio, pero el Comité Olímpico Internacional exige que sean tres, salvo que el país de origen dé un permiso especial, algo que Kenia, no hizo en aquella ocasión.
 
Así pues Wilson Kipketer tuvo que conformarse aquel 1996 con volver a liderar el ránking mundial anual (1:41.83), y no perder ninguna prueba durante la temporada. En 1997 Kipketer bate los dos récords del mundo de los 800 metros: el “indoor”, con motivo de los Mundiales de París (1:42.67), y el “outdoor”, el 13 de agosto, en la Wetlklasse de Zurich (1:41.24). Eso sí, el 7 de julio, en Estocolmo, ya había igualado el hasta entonces tope mundial de la distancia, en poder de Sebastian Coe (1:41.73). El 24 de agosto batió en Colonia su propio tope mundial para fijarlo en 1:41.11. Por supuesto, en los Mundiales de Atenas 97, celebrados previamente, se había proclamado de nuevo campeón del mundo.
 
En 1998 Wilson Kipketer padeció malaria, y aunque se pudo recuperar a tiempo para correr el Europeo de Budapest en verano, se tropezó en la final y llegó último en una prueba dominada por el alemán Nils Schumann. En los Mundiales de Sevilla’ 99 volvió a ser el mejor, quitándose la espina del Mundial “Indoor” de Maebashi (Japón) de ese mismo año, en el que fue segundo.
 
Y en esto llegaron los Juegos Olímpicos de Sydney, su gran oportunidad para subir al cajón más alto del podio. Pero en una final lentísima, el alemán Nils Schumann, de nuevo, volvía a derrotar a Kipketer. Curiosamente, el danés de piel negra derrotó al alemán de brazos tatuados en Munich’ 02, con motivo del Campeonato de Europa al Aire Libre. Ese año Kipketer lideró por quinta y última vez el ránking mundial del año en los 800 m. Lo hizo con 1:42.32, logrados en Rieti (Italia).
 
Se puede decir que a partir de esa fecha llega el ocaso de Kipketer, un ocaso que muchos ya quisieran para sí, porque durante el mismo se proclamó subcampeón del mundo de pista cubierta en Birmingham’ 03 y cuarto en los Mundiales de París al Aire libre ese mismo año. En los Juegos Olímpicos de Atenas fue tercero, y en agosto de 2005, en Mónaco, anunció su retirada consciente de que en Pekín 2008 tendrá 36 años, con lo cual se le habría “pasado el arroz” para lograr el único título que le falta en su palmarés: el oro olímpico.
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PALMARÉS
 
• Campeón del Mundo de 800 m al aire libre en Gotemburgo 1995
• Campeón del Mundo de 800 m en pista cubierta en París 1997
• Campeón del Mundo de 800 m al aire libre en Atenas 1997
• Subcampeón del Mundo de 800 m en pista cubierta en Maebashi 1999
• Campeón del Mundo de 800 m al aire libre en Sevilla 1999
• Subcampeón Olímpico de 800 m en los JJ.OO.de Sydney 2000
• Campeón de Europa de 800 m al aire libre en Munich 2002
• Subcampeón del Mundo de 800 m “indoor” en Birmingham 2003
• Bronce en 800 m en los JJ.OO. de Atenas 2004
 
MEJORES MARCAS
 
Pista Cubierta
800 m 1:42.67 (1997)
1.000 m 2:14.96 (2000)
Aire Libre
800 m 1:41.11 (1997)
 
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A SOLAS CON EL EMPERADOR 
 
Con motivo de un acto promocional de su marca de toda la vida, Puma, el gran doblador de la pista tuvo a bien concedernos unos minutos para ponernos al día de su nueva vida, una vez retirado del glamour de los grandes estadios y las carreras antológicas a ritmos infernales.
 
Wilson, como la mayoría de grandes atletas kenianos surgidos en tu época, ¿ibas corriendo a la escuela?
 
La verdad es que no, ya que la tenía a 500 m de mi casa (risas).
 
¿Cuándo empezaste a correr?
 
A los 12 años, aproximadamente. A los niños nos encantaba el fútbol, pero yo corría muy bien.
 
¿Porqué te centraste durante toda tu carrera deportiva en los 800 m?
 
Porque es una distancia que me gustó siempre; no es ni muy larga, ni muy corta. Considero que da equilibrio a la hora de correr y que sus entrenamientos han de tomarse con mucha seriedad. Cuando unes estos dos parámetros, entonces disfrutas de verdad de la prueba. Hay atletas que prefi eren los 1.500 m, pero yo me quedo con las dos vueltas a la pista.
 
¿Es cierto que no tenías entrenador ni mánager cuando estabas en activo?
 
No del todo. Tuve ambos desde 1990 hasta 1999, pero en los últimos años de mi carrera deportiva ya fui más por libre.
 
Te retiraste en 1995, con 33 años. ¿No crees que podías haber prolongado algo más tu carrera deportiva?
 
Bueno, lo cierto es que me di cuenta de que tras los Juegos Olímpicos de Atenas me faltaban cuatro años para los de Pekín, por lo que consideré que era ya demasiado tiempo y que ese era un buen momento para decir “adiós”. Ahora estoy contento porque puedo ir a correr tranquilamente, como esta mañana, sin lesiones. Me siento bien.
 
¿Nunca pensaste abordar los 1.500 m para buscar dobletes “a lo Coe u Ovett”?
 
No, porque si hubiera subido de distancia hubiera tenido que cambiar muchas cosas, fundamentalmente al entrenar. Siempre preferí centrarme en una cosa y hacerla bien.
 
¿Qué te ha parecido la hazaña que llevó cabo en Helsinki Rachid Ramzi ganando los 800 y los 1.500 m?
 
Siempre pensé que si intentaba hacer lo que él hizo corría el riesgo de que me derrotaran por la ambición de querer abarcar tanto.
 
¿Qué marca tienes en los 400 metros?
 
He corrido muy pocos, pero creo recordar que los completé en 46 ó 47 segundos…
 
¿Viajas a Kenia a menudo?
 
Cada año, para ver a mis padres.
 
¿Tu ochocentista preferido de la actualidad?
 
No te podría dar un nombre en concreto, porque lo cierto es que ahora mismo no hay un mediofondista que domine con autoridad los 800 m. A veces gana uno, y otras otro, no hay un líder claro. Uno gana los Juegos Olímpicos, otro al año siguiente el Mundial. Yo creo que para que un atleta pase a la historia como un “grande” en su prueba no basta con que gane una vez, debe encadenar varios triunfos.
 
¿Qué significa Kipketer en swahili?
 
Varias cosas, pero fundamentalmente: “El que está lejos de su casa”.
 
¿Que recuerdos tienes tras superar la malaria en 1998?
 
Fue una mala experiencia, y me costó mucho recuperarme. Fue difícil retomar mi anterior nivel, porque en el campeonato de Europa de Budapest hice en la fi nal casi 1:51 y me sentí impotente. Pero creo que hay que aceptar los retos que la vida te plantea.
 
¿Correrás algún día un maratón?
 
Tal vez, pero si lo hago, será para disfrutar. Ahora corro una vez a la semana, más o menos y me dedico a iniciar y dirigir a personas que empiezan
en la carrera a pie. Quiero enseñarles a ser felices mientras hacen deporte. 
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