María Vasco anuncia su retirada

La marchadora catalana es la única medallista olímpica del atletismo femenino español.
Pablo Vázquez -
María Vasco anuncia su retirada
María Vasco anuncia su retirada

La marchadora española más laureada de todos los tiempos, y única atleta española con una medalla olímpica en unos Juegos Olímpicos (Sydney, 2000), María Vasco, ha anunciado su retirada tras 27 años en la élite. En la rueda de prensa en la que ha comunicado la noticia ha asegurado que “siempre he sabido que mi carrera tenía fecha de caducidad, y quería ser yo quien la decidiese y ese momento ha llegado”.

Entre los motivos expuestos por la deportista destacan la falta de motivación e ilusión. “Hay muchas personas cercanas a mí que no quieren que me retire, pero en la vida ya hay cosas que me iluminan la mirada y me hacen seguir adelante en una nueva etapa personal”, ha explicado María Vasco. Y además, comenta que “cuando comencé a plantearme la retirada acababa de perder a mi madre”.  

Asimismo, María Vasco explica que “se siente una privilegiada por haber podido practicar y vivir del deporte que me apasionó desde niña”. Y añade que “quien me iba a decir a mí cuando tenía 10 años que iba a llegar donde he llegado”.

El mejor momento de la carrera de la marchadora María Vasco tuvo lugar en los Juegos Olímpicos de Sydney en 2000, cuando consiguió la medalla de bronce en la categoría de 20 kilómetros marcha. Asimismo, la catalana cosechó otro de sus mayores logros en el Campeonato Mundial de Atletismo de Osaka en 2007, cuando se alzó con la medalla de bronce en los 20 kilómetros marcha. En cambio, su peor momento profesional tuvo lugar en el Europeo de Barcelona de 2010, en el que “sabía que era el último que disputaba y me lesioné. No pude acabar y pasé un mal trago”.  

Al término de la rueda de prensa, la atleta aseguró que tiene en mente participar en una prueba de maratón. “Necesito saber lo que se vive en un maratón. Le tengo mucho respeto a esta distancia y debo prepararla”, explica María Vasco. Y además, asegura que “voy a seguir practicando deporte el resto de mi vida”.

Las mejores marcas de María Vasco en sus 27 años en la élite son las siguientes:

Pista:

  • 3.000 metros marcha: 12:20.44 (Gavá, 2004).
  • 5.000 metros marcha: 20:57.11 (Cataluña, 2007).
  • 10.000 metros marcha: 43_02.04 (Valencia, 2001).

Ruta:

  • 5.000 metros marcha: 21:04 (Barcelona, 2005).
  • 10.000 metros marcha: 43_02 (Budapest, 1998).
  • 20.000 metros marcha: 1:27:36 (Naumburg, 2004).
  • Medio Maratón: 1:21:00 (Tarragona, 2001).

En la siguiente página puedes leer la entrevista a María Vasco publicada en la revista Runner´s World de junio de 2010.

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Cuando Runner's World desembarcó en España María del Monte Vasco Gallardo (Barcelona, 1975) ya había entrado en la historia del atletismo español al convertirse en la primera atleta en lograr una medalla olímpica. Casi una década más tarde, cuando la publicación alcanza su número 100, María sigue siendo la única mujer, dentro del atletismo, que se ha encaramado a un podio olímpico y, con su mejor estilismo, sigue dando tardes de gloria a la marcha española. La última de ellas, el pasado 15 de mayo, al colgarse en la localidad mexicana de Chihuahua su primer oro en una Copa del Mundo.

Manuel y Adelina no creían que su hija, aquella cría que con 10 años suspiraba por ser nadadora, llegaría a brillar en el panorama atlético mundial. Para ello, la pequeña tuvo que embelesarse ante el televisor viendo marchar a Mari Cruz Díaz, por entonces uno de los referentes de la marcha española, y toparse después con el padre de ésta, Manolo Díaz, para que comenzase a entrenarla en el Club Atletismo Viladecans.

Una butifarra con pan tumaca premió su debut competitivo en Sant Celoni. Dos años después, cuando el Club Natación Barcelona la fichó, a razón de 110.000 pesetas anuales, María comenzó a ver la marcha como algo más que un hobby. Desde los 16 años dominó en categoría júnior a nivel nacional y se quedó cerca de hacerlo a nivel internacional, fi rmando sendos cuartos puestos en el Europeo de 1993 y en el Mundial de 1994. "Me daba mucho coraje ser 'la chica del cuarto', pero es verdad que por entonces mis rivales (Stankina, Feitor, Trofi mova) hacían marcas estratosféricas, muy por debajo de los 22 minutos en 5 kilómetros".

En el barrio de Sales de Viladecans disfrutaban de aquella adolescente que se animaba a echar un pulso a sus mayores. Con el desparpajo propio de su edad se ganó primero un puesto en la selección absoluta que viajó al Mundial de Gotemburgo de 1995 y, un año más tarde, derrotó a Encarna Granados en el Campeonato de España y logró el pasaporte olímpico a Atlanta. En ambos casos, María no disfrutó. "No me adaptaba al 10.000 y además me clasificaba para competiciones que no eran de mi categoría". De Atlanta se queda con lo que disfrutó en la ceremonia de inauguración. "Fue casi lo único, porque incluso el día de la prueba hasta los periodistas de televisión, me confundían y me llamaban Encarna".

De la mano de Manuel Alcalde, María progresaba a pasos agigantados y pulía aún más si cabe su gran técnica natural. De esta forma, con 22 años se presentó con opciones de luchar con las mejores en un gran campeonato internacional. Aterrizó en el Europeo de Budapest en una forma prodigiosa. "Había hecho con Paquillo una series prodigiosas, a 3.51 el kilómetro". Había preparado a conciencia una prueba en la que quedó quinta a tan sólo 13 segundos del oro (Annarita Sidoti) y a 7 del bronce (Susana Feitor).

Con suero y de la mano de su amiga Teresa Linares. María se había por fi n adaptado a la distancia, los 10 kilómetros, cuando se llevó un mazazo. A partir de ese momento y ya en el Mundial de 1999, que se celebraría en Sevilla, la distancia oficial se incrementaba hasta los 20 kilómetros. Este cambio unido a dos meses de concentración en Sierra Nevada le pasaron factura en la cita mundialista de su país. "Nos equivocamos, teníamos que haber entrenado con más calor".

En la competición, dominada por las chinas (oro y plata), María sufrió lo indecible. Tenía pinchazos en la espalda. No podía más, pero no me retiré porque estaba en España. Llegué tan mal que me pusieron dos botellas de suero". Una vez en la camilla notó que alguien le cogía de la mano. Era su amiga Teresa Linares, quien en la camilla de al lado también se recuperaba a base de suero. Aquel décimo puesto le supo a poco a una María, que estaba dispuesta a tomarse la revancha en los Juegos Olímpicos de Sidney. Sin embargo, los días previos, en la concentración de Adelaida, se convirtieron en un calvario para ella. No dormía, tenía malas sensaciones. Una vez en la Villa Olímpica, el cambio fue radical. "Me sentía genial, dispuesta a traerme un diploma olímpico". A cuatro kilómetros de la meta, se desató la locura de las descalificaciones. Cayó la campeona mundial, la china Liu Hongiyu, después la italiana Perrone y, por último, la australiana Saville, que ante delirio de su público se encaminaba hacia el oro. Mientras, María progresaba y a un kilómetro de meta, un periodista de TVE desde su moto le dice que iba tercera. "Yo le miré y pensé que me estaba tomando el pelo. Vamos, de hecho, estuve a punto de darle una hostia". No podía contener sus lágrimas de emoción y llorando de felicidad cruzó la meta.

La medalla olímpica le dio para un Opel Corsa. "Cuando llegas a España, te das cuenta de que lo que has hecho es muy fuerte y que es un orgullo ser la primera medallista olímpica de la historia de nuestro atletismo". La desilusión llegó del lado económico. Su premio por la medalla apenas alcanzó los 18.000 euros. "Me dio para comprarme un Opel Corsa y pensé que había ganado medalla en unos Juegos pobres. Recordaba la suerte que habían tenido los medallistas de Barcelona'92. Dani Plaza se llevó 100 millones de pesetas por ganar".

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Con una medalla olímpica colgando de su cuello, su carrera dio un giro radical. Cambió de entrenador. Se puso en manos del laureado José Marín. Sin embargo, con él en vez de relanzar su carrera, estuvo al borde de la retirada. Llegaba a las grandes citas pasada de forma y no podía luchar por las medallas que tanto ansiaba. "Si me hubiera preparado como lo hago ahora con Fali (Rafael Sánchez), es decir, sólo para la gran batalla, ahora tendría muchas más medallas". De hecho, de la mano de Marín se estrelló en las grandes citas desde 2001 a 2003. Tras el Mundial de París se vinculó a su actual entrenador, Rafael Sánchez. Su ambición por ganar le llevó de nuevo a competir más de la cuenta. Se trajo un bronce de la Copa del Mundo de Naumburg, pero llegó a la cita olímpica sin chispa. "Llegué muy cansada y perdí una de las oportunidades de mi vida. Aquel día debí haber peleado por el título y entré séptima".

Por entonces, María ya había encontrado una ayuda extra en la cromoterapia. "Los colores me pasan la energía a las piernas". Para entrenar se coloca en el sacro una piedra de tres colores: azul, rosa y lila. Aún sigue yendo semanalmente a sesiones con su terapeuta Teresa Alemán. Parecía que 2005 sería su año. Aterrizó en Helsinki, en una nueva edición mundialista, dispuesta a comerse el mundo, pero las amonestaciones le bajaron a la tierra. "Me encontraba de maravilla, iba a 4:20 el kilómetro y comenzaron a darme avisos los jueces. No entendía nada, miraba a Fali y él me decía que mi técnica era buena". A 500 metros de la meta vio dos avisos en la pizarra. "Iba con el freno de mano echado y me dejé adelantar por Feitor. Había regalado la medalla de bronce, entrando en meta como una rosa". Su cuarto puesto, a 7 segundos de la portuguesa, fue uno de los palos más duros de su carrera. No sería el último, ya que 2006 sería un año agónico. Su padre enfermó y María se desvivía por él. "Entrenaba, iba a cuidar a mi padre al hospital y dormía allí". Fue un golpe durísimo, casi definitivo, pero María se levantó y decidió acudir al Campeonato de Europa. "Sé que no tenía que haber ido, pero lo hice por mi padre. No era superwoman y llegué agotada". En carrera, no se retiró en honor a su padre y llegó decimoquinta. María se fue de vacaciones a Córdoba, reflexionó sobre su futuro y decidió dejar el atletismo. Sin embargo, una mañana cambió repentinamente de opinión. "Fue un impulso. Me levanté de la cama y me dije a mi padre no le gustaría que me marchase por la puerta de atrás".

La descalificación de la rusa Ivanova nada más salir del estadio redujo a tres el imperio ruso de la marcha en Osaka'2007: Kaniskina, Shemyakina y Sibileva pusieron un ritmo infernal, de 4:20 el kilómetro, insoportable para el resto. Era un día para valientes y esa medalla al valor la recogió María, que se fue a por ellas. "Las rivales me miraban como diciendo a dónde va ésta". María desfilaba como una reina y con su técnica inigualable rebasó a Sibileva y se colocó tercera a mitad de carrera. A 3 kilómetros de meta, veía de lejos a Shemyakina, que le aventajaba en unos 20 segundos. A María se le apareció la imagen de su padre y pensó: "Vamos, como si estuvieras en la recta final". A las puertas del estadio, tenía a tiro la plata, cinco segundos le separaban de la rusa. Sin embargo, el aviso que llevaba le hizo ser prudente y conformarse con el bronce que, con un guiño al cielo, dedicó a su padre. En aquella carrera, María estrenó zapatillas. Unas Asics, modelo Ds Racer verde fosforito, que le fueron de maravilla.

Tras aquel éxito, María se vincula con la marca por tres temporadas y pelea por aumentar sus conquistas en Asia. En 2008 se cita en Pekín con los Juegos Olímpicos. "Fueron los mejores Juegos de mi carrera. Los viví con gran intensidad y me hice muy aficionada a otro deporte como el balonmano". Sin embargo, un nuevo contratiempo le impidió colgarse otra medalla. Cuando le quedaba una semana para la prueba, se lesionó. Le hicieron una ecografía y en ella se apreció que María tenía una distensión en los isquiotibiales. Se encerró en la habitación. No quería salir. De hecho, Beatriz Pascual y María José Povés le llevaban la comida.

En Pekín hizo la carrera de su vida. Por la noche, su actitud cambió. "Me dije que estaba muy bien preparada y que saldría a morir en carrera y si tenía que romperme, pues lo haría". Ya en competición, tocaba sufrir. "En el kilómetro 8 se me pasó por la cabeza retirarme. Aguanté y, en el 18, mi cuerpo me dice que no puede más. Iba tercera, pero se me paralizaron las piernas. Psicológicamente me comía el mundo, pero mis piernas no respondían". Para resistir en ese final, María pensaba en los entrenamientos bestiales que había realizado y en lo que le dijo su entrenador, que nunca se moja, antes de llegar a Pekín: "Estás para plata porque Olga (Kaniskina) parece imbatible".

Con esa sensación peleó hasta el final. Se enrabietó primero cuando le pasó Rigaudo y se indignó después cuando la china Hong Liu le relegó a la quinta plaza, con récord de España incluido (1:27:25). "Ha sido la prueba más dura de mi vida y estando lesionada, hice algo increíble. Ese día me di cuenta que había María para rato".

El nuevo ejercicio, el de 2009, lo inició con su victoria más amarga. En Metz, María logró el triunfo en la Copa de Europa, derrotando a la rusa Anisya Kirdyapkina. "Lo pasé muy mal. Era un día de mucho calor y nadie quería tirar. Yo lo hice en el kilómetro 10 y me fui en solitario. A 4 kilómetros de meta, no podía más y los últimos metros los hice agonizando. Llegué a meta y ni siquiera pude levantar el brazo de ganadora". Su relación de pareja atravesaba un bache y eso le atenazó en la siguiente cita, Berlín. "Ya en el calentamiento no me encontraba bien, me dolía la cabeza. Salí delante porque estaba fuerte, pero luego mi cuerpo comenzó a irse de lado a lado hasta que me caí". En el suelo acabó su séptima aventura mundialista.

En la Copa del Mundo de Chihuahua, volvió a sentirse María Vasco. Tras haber estado meses entrenando y cuidando de su madre, se concentró en Sierra Nevada porque necesitaba "entrenar, comer y dormir". Allí se puso al día con los estiramientos. Para María era un reto volver a estar entre las cinco mejores y, sobre todo, reencontrarse con ese marchar tan natural que ella tiene. A sus 34 años, María aún tiene cuerda para rato.

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