Marita Koch, fluidez explosiva

Más de veinte medallas al más alto nivel en 50, 60, 100, 200 y 400 m, y veinticuatro récords del mundo.
Sergio Hdez-Ranera -
Marita Koch, fluidez explosiva
Marita Koch, fluidez explosiva

Más de veinte medallas al más alto nivel en 50, 60, 100, 200 y 400 m, veinticuatro récords del mundo sólo contando las distancias oficiales, nueve años seguidos de dominación casi absoluta y un récord de 400 metros inabordable son sólo algunos datos del historial de la gran velocista alemana oriental, la verdadera estrella mundial del atletismo femenino en la época más rutilante de este deporte y, tajantemente, la mejor velocista de la historia.

Marita Koch nació en 1957 en Wismar, RDA. años ya ganaba a niños de mayor reras infantiles. Cuando cumplió fgang Meier comenzó a entrenar- la. En 1976, ya con 19 y 50.19 segundos acre- ditados en los 400 m, Koch toma parte en los Juegos de Montreal. Pero una lesión muscular le impide avanzar más allá de las semifinales de la competición, cuya final gana la polaca Irena Szewinska. En 1977 Marita Koch ya está en la primera línea mundial. Corre los 400 m en 49.53 y se da el lujo de batir a Szewinska en Niza en los 200 m. Además, en invierno ha batido sus primeros récords mundiales en 200 y 400 m en pista cubierta. El 4 de septiembre
vuelve a enfrentarse a Szewinska durante la disputa de la I Copa del Mundo en Dusseldorf, una competición cuyas primeras ediciones resultaron impactantes. Koch pone el turbo desde el principio y a los 300 m ya obtiene 2 m de ventaja sobre la veterana polaca, quien finalmente saca a relucir en la recta su maestría y se impone con 49.52 frente a los 49.76 de la alemana. Se trata de un punto de inflexión: ya sólo perderá una prueba más de 400 m a lo largo de su carrera. Pero Marita no abandona Dusseldorf sin lograr una medalla de oro: la de 4 x 400 m con el equipo de la RDA (3:24.04) frente a Europa (3:25.80) y la URSS (3:27.0).

El reinado

1978 es el año en que Marita Koch da inicio a su aplastante dominio. Para empezar, bate los récords de Szewinska en 200 m (22.06) y 400 m (49.19). Días antes de la celebración de los Europeos de Praga´78, rompe su propio récord en la vuelta al óvalo (49.03). Pero lo mejor lo reserva para la final del 31 de agosto en Praga, donde aniquila a unas rivales de primer orden y se convierte en la primera mujer en bajar de 49 segundos: oro con 48.94 para Marita, plata para su compatriota Christina Brehmer (50.38) y bronce para Szewinska (50.40). Tres días más tarde, junto con sus compañeras, se cuelga un nuevo oro en el relevo largo (3:21.20) frente a la URSS (3:22.53) y Polonia (3:26.76). A partir de aquí, las credenciales de Marita Koch ya están expuestas para los próximos años: una salida explosiva, tanto en 200 m como en 400 m, desarrollada en parte por su trabajo en sprints cortos, un cuerpo potente pero esbelto (1,70 m) y una técnica que combinaba fuerza y fluidez.

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El 10 de julio de 1979, Marita Koch se convierte en la primera mujer que baja de los 22 segundos en los 200 m al marcar durante un encuentro RDA-Canadá en Karl-Marx-Stadt un tiempo espectacular: 21.71. Pero las condiciones en que lo ha conseguido son aún más espectaculares: apenas tres cuartos de hora antes la alemana había corrido la primera posta de un relevo 4 x 100 que destrozó el récord del mundo con 42.10. Esa misma temporada y en el espacio de una semana rompe por partida doble su plusmarca de 400 m hasta dejarla en 48.60. El 24 de agosto fue inesperadamente batida por una emergente Evelyn Ashford (21.83 frente a 22.02) en los 200 m en la Copa del Mundo de Montreal. Pero dos horas más tarde, en los 4 x 400, Marita pone un mundo entre, por una parte, la RDA (3:20.37) y, por otra, la URSS (3:23.04) y los EE.UU. (3:27.36). Y, por supuesto, dos días después obtiene un triunfo aplastante en los 400 m con 48.97 ante la soviética Pinigina (50.60) e Irena Szewinska (51.15).

Un problema muscular obligó a Marita Koch a retirarse de los 200m en Moscú'80. Pero en los 400m impuso su ley: oro olímpico con 48.88. La checa Kratochvílová (plata con 49.46) y la alemana oriental Lathan (bronce con 49.66), no tuvieron opciones en ningún momento. Sin embargo, las tres primeras relevistas soviéticas corren inasequibles al desaliento en la final del relevo largo y abren una enorme brecha. Pese a que Koch marca 48.3 en la última posta, la URSS consigue frente a la RDA un oro inesperado por dos décimas (3:20.2). Gran Bretaña llega mucho después (3:27.5).

En 1981, Jarmila Kratochvílová comienza a sentirse joven y logra uno de sus imposibles: vencer a Marita Koch en la Copa del Mundo en Roma en los 400 m con un crono estupendo (48.61 frente a 49.27), si bien es cierto que la alemana estuvo lesionada casi toda la temporada. Pero al año siguiente Marita Koch recupera todo su esplendor y el público de los Europeos de Atenas´82 se queda boquiabierto. Está muy rápida (viene de hacer 21.76 en los 200 m) y Kratochvílová también ha marcado cronos muy buenos en la vuelta al óvalo (48.86 en Zurich). Pero en la gran final del 8 de septiembre Marita Koch se exhibe. Pasa los 200 m en 22.8 y se iguala a la checa. A los 250 m la carrera ya está rota. Es cuando la fuerza de Marita se transforma en fluidez. El estadio, enfervorizado, lo nota. Y el comentarista de la BBC, el primero: “¡Es una carrera maravillosa!”.

El resultado es un nuevo récord del mundo con 48.16, cinco metros de ventaja sobre Kratochvílová (48.85) y otra veintena más sobre la prometedora Kocembová (50.55). Tres días después, las compañeras de Marita le entregan el testigo con tres segundos de ventaja sobre las compatriotas de Jarmila, hueco que la alemana no desaprovecha (3:19.05 y récord del mundo). Plata para las checoslovacas (3:22.17) y bronce para las soviéticas (3:22.79).

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Los primeros mundiales en Helsinki´83 prometen emociones fortísimas. Kratochvílová se apresta a romper las teorías del envejecimiento y Koch apuesta por los sprints cortos y los relevos. Consciente de su excelente salida, Marita se la juega en el hectómetro. Tiene acreditados 10.83, el 31 de julio ha integrado un equipo de la RDA que ha batido en Berlín el récord mundial de 4 x 100m con 41.53 y sus temibles rivales en Helsinki van a ser Marlies Gohr, Evelyn Ashford y Merlene Ottey. En la final, Marita sale primera y encabeza la prueba hasta los 40 metros. Pero Gohr acelera y pronto le da caza. Cuando parece que Ashford también va a cambiar de revoluciones, un tirón la deja K.O. El oro es para Gohr con 10.97, Koch conquista la plata con 11.02 y la estadounidense Diane Williams entra tercera con 11.06. Dos días después Koch corre la primera curva para la RDA en el 4 x 100 m. Incontenibles. RDA, oro (41.76). Reino Unido y Jamaica ponen algo más de emoción (42.71 y 42.73). Cuatro días más tarde, Marita Koch prepara la segunda parte de su exhibición. En la final de los 200 m sale como un misil y afronta la recta en primera posición. Pese al arreón final de Merlene Ottey, la velocidad de crucero garantiza otra recompensa áurea a la alemana con 22.13. Ottey se hace con la plata (22.19) y la talentosa británica Cathy Cook, el bronce (22.37). Florence Griffith, cuarta. Sólo han pasado tres horas y Marita ya está de nuevo en la pista. Las checas están crecidas. Ya en carrera, su primera relevista, Tatána Kocembová, transmite el testigo de manera muy destacada. La segunda relevista alemana, Walther, fulmina la diferencia y, aunque entrega el relevo en primera posición, la RDA, la URSS y Checoslovaquia van en un puño. Es un escenario ideal para una última posta de Kratochvílová, que días antes ha batido el récord del mundo con 47.99. Pero el problema para Checoslovaquia es que Marita Koch es la tercera relevista de Alemania oriental. Con ella y pese a que se trata de su primer 400 de toda la temporada, la RDA disfruta de 20 m de ventaja sobre la URSS y 30 sobre las checas (da la vuelta en 48.55). Kratochvílová hace una carrera sobrehumana: anula gran parte de la desventaja, adelanta a la soviética Pinigyna y por cuatro metros no puede con Neubauer. Es decir, la clave del oro alemán (3:19.73) ha sido Marita Koch. La impresionante Jarmila Kratochvílová y sus chicas consiguen una magnífica plata (3:20.32) por delante de las soviéticas (3:21.16). Helsinki´83 termina y Marita Koch, sin participar en su especialidad, ha sido su gran reina con tres medallas de oro y una de plata. Más que Mary Decker o la propia Kratochvílová.

El boicot de los países del Este abortó la posibilidad de nuevas gestas de Marita en Los Angeles´84. Es un golpe durísimo, pues estaba en la mejor forma de su vida. Por si acaso y para despejar dudas, a principios de temporada destroza con sus compañeras el récord de 4x400 m (3:15.92) y en julio iguala el suyo propio en los 200 m (21.71). Pat Conolly, entrenador de la gran Evelyn Ashford, declara entonces en The Angeles Times: “Marita es la mejor corredora que jamás ha habido. Hay una fluidez en ella que es muy agradable de ver”. En 1985, la Copa del Mundo en Canberra se celebra tarde, en octubre. Antes, en agosto, Koch detiene el crono en 21.78 en la prueba de los 200 m durante los nacionales de su país. El caso es que la ciudad australiana va a ser testigo de una hazaña incomparable. Marita Koch se impone el 4 de octubre en los 200 m (21.90) por delante de la representante de Las Américas, la guapa jamaicana Grace Jackson (22.61), y de la soviética Zhirova (22.66). Y llega el 6 de octubre y los 400 m. La soviética Olga Vladykina ha sido la gran dominadora del año y Koch apenas se ha prodigado en la distancia. Cuando el juez de salida dispara, el público se frota los ojos. Parece que hay una corredora que se ha confundido de prueba y ha salido a correr el doble hectómetro en vez de la vuelta al óvalo. Pero se trata de Marita Koch y no es ningún error. Es la dimensión desconocida. A los 100 m la carrera está rota, en la recta del 200 da la increíble sensación de que Marita corre en una cinta transportadora y las demás no, y la curva del 300 es como si Speedy González hubiera mutado y fuese chica y alemana. Queda la recta final. Allí, una impresionante Vladykina sólo cede 5 metros ante Koch. Las demás están a una treintena. Marita activa el turbo de la fluidez y mantiene el ritmo y la ventaja hasta el grandioso final: 47.60. Ha limado casi cuatro décimas al récord de Kratochvílová. Olga Vladykina, que ha conseguido la mejor marca de su vida (48.27), parecía ir a pie. La representante de EE.UU, Lillie Leatherwood, dos galaxias atrás (50.43). Marita declara al diario británico The Times: “Nunca me he sentido tan relajada al paso de los 300 metros como hoy”. La publicación señala que Marita es la mejor atleta de la década, si no de toda la historia. Koch cerró su participación en Canberra con otro triunfo en el relevo largo (3:19.49) frente a la URSS (3:20.60) y Europa (3:28.47).

Con 29 años, Marita Koch compite por última vez en 1986 obteniendo grandes resultados. En los Europeos de Stuttgart´86 consigue el oro en los 400 m con la mejor marca del año (48.22) frente a Vladykina (49.67) y Muller (49.88). El relevo también es para su equipo (3:16.87). También ganó la última carrera de su vida, los 400 m del Grand Prix de Roma en septiembre. La publicación señala que Marita es la mejor atleta de la década, si no de toda la historia. Koch cerró su participación en Canberra con otro triunfo en el relevo largo (3:19.49) frente a la URSS (3:20.60) y Europa (3:28.47). Con 29 años, Marita Koch compite por última vez en 1986 obteniendo grandes resultados. En los Europeos de Stuttgart´86 consigue el oro en los 400 m con la mejor marca del año (48.22) frente a Vladykina (49.67) y Muller (49.88). El relevo también es para su equipo (3:16.87). También ganó la última carrera de su vida, los 400 m del Grand Prix de Roma en septiembre. 

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En defensa de Marita 

Algunos comentaristas de renombre gustan ahora de ningunear la figura de Marita Koch, al conectarla con supuestas prácticas de dopaje de estado en la RDA. También proponen obviar sus marcas y, por ende, casi todas las conseguidas en la década de los ochenta. Por varias razones, es necesario poner coto a este peligroso revisionismo histórico. 1) Negar la grandeza de Marita Koch significaría asumir el carácter puro e inmaculado de sus rivales, y no sólo hay que pensar en los años ochenta y en Kratochvílová, Florence Griffith o Merlene Ottey. 2) Marita Koch estuvo al máximo nivel desde 1977 hasta 1986. Florence Griffith, por ejemplo, sólo en 1988. 3) Es muy fácil hacer leña del árbol caído, en este caso tras la absorción de la RDA por parte de la RFA en 1990. 

Sobre todo si los atletas ya están retirados y no compiten por el nuevo país. Es decir, con Heike Daute-Dreschler nunca se han atrevido a espetar este tipo de comentarios mientras estaba ganando medallas para Alemania hasta entrado el siglo XXI. Marita y Heike arrasaban porque eran sencillamente las mejores y porque entrenaban muy duro. La campeona olímpica de 400 m en Atlanta´96, la francesa Marie-Jo Perec, dirigió hace años más que sospechas contra el récord de 400 m de Marita Koch. El entrenador de Perec era Wolfgang Meier, así que Koch replicó en The Los Angeles Times: “Ahora que entrena con mi marido, estará aprendiendo cómo trabajaba yo”. Tras Koch y Kratochvílová, Perec es la tercera mejor cuatrocentista de la historia (48.25).

(Publicado originalmente en 2009)

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