Rey de las dos vueltas

Sexto en el ránking español de todos los tiempos en 800 metros, Luis Javier González destila atletismo en estado puro.
Álex Calabuig -
Rey de las dos vueltas
Luis Javier González en la sesión de fotos para RW España | enanei

Amar el atletismo es una forma de vida, una manera de entender la existencia y Luis Javier González, Luisja para los amigos, no pasa un solo día de su vida sin disfrutar del atletismo. Es uno de los grandes mediofondistas de la historia de nuestro país y a día de hoy sigue sexto en el ránking español de todos los tiempos de 800 metros al aire libre (es quinto en pista cubierta), a pesar de llevar dieciocho años retirado de la competición.

Después llegaron Antonio Reina, Manuel Olmedo, Arturo Casado, Kevin López, Álvaro de Arriba y otros grandes deportistas, pero él abrió el camino y sirvió de ejemplo para las siguientes generaciones de enamorados de las dos vueltas frenéticas a la pista. Campeón de Europa de pista cubierta y atleta olímpico, Luisja transmite cada día su inmensa sabiduría a los afortunados pupilos que se ejercitan bajo su tutela en Studiofitretiro.com.

Si no existiera, habría que “inventarle”, para que niños y adultos comprendan el porqué de ese brillo en los ojos cada vez que se sienta en la grada a ver una competición o esa lagrimita de satisfacción cuando un octogenario logra por fin subir con agilidad las escaleras de casa después de entrenar la fuerza con Luisja. Nuestro protagonista es atletismo en estado puro, es pasión por el tartán, es todavía aquel niño que pintaba atletas en su carpeta del colegio y que un día logró ocupar las portadas de los periódicos y las revistas deportivas. Con todos vosotros, Luis Javier González.

¿Cuál fue tu primer contacto con el atletismo?

Empecé en el Colegio Montserrat. El profesor de Educación Física nos llevaba al Parque de Roma a hacer un test de 1.000. Hice 2:54 con 13 o 14 años, cuando para sacar un 10 te pedían 3:15. En ese momento me di cuenta de que corría bien, porque hasta entonces lo que hacía era jugar en un equipo de fútbol. Un día, el profesor me dijo que si me apetecía participar en una prueba entre colegios. Me apunté al cross y quedé segundo. Más adelante repetí el puesto en otra prueba de campo a través.

¿Cuándo empezaste en el polideportivo de Moratalaz?

Tenía 15 años. Fue en 1984. Mi madre habló con Rafael Pajarón, el entrenador, y me apuntó a atletismo en el polideportivo. En Moratalaz pasaba a tener un grupo de entrenamiento. Hacía largas distancias con los mayores, rodajes de 15 a 20 km, cambios de ritmo y algo de gimnasio. Durante unos meses estuve corriendo crosses, en los que quedaba entre el puesto 30 y 40, y se me hacían duros. A mi colegio iba Javi, un chico que practicaba atletismo, amigo de Pablo Sierra, un maratoniano que llegó a correr en 2:11. Hasta entonces yo solo había corrido en la pista de ceniza de Moratalaz, pero con Javi y Pablo empecé a bajar al INEF y comenzó a gustarme ese ambiente de la pista. Ya en 1985 me propusieron correr el campeonato de Madrid de 1.500 y lo gané con 4:30. Me emocioné mucho y me encantó la experiencia.

En aquella época compraba los volúmenes de los Cuadernos de Atletismo, editados por la RFEA, y leía entrenamientos de Sebastian Coe o Steve Ovett. Adaptaba esos planes y hacía rodajes, colinas, fartlek, velocidad, etc. Corrí un campeonato provincial de 1.000 en pista cubierta. En la semifinal gané con 2:36. Se acercó Eduardo Rico, entrenador de Pablo Sierra, me felicitó y me dijo que tenía cualidades. Llegamos a un acuerdo y comenzó a entrenarme en el INEF. Incorporamos series de 150, 200, 300, gimnasio y circuitos. En abril/mayo hice el primer 800 de mi vida, en un control en Vallehermoso. Gané la prueba al sprint, con 1:59 o 2:00. Y esa temporada ya la acabé con 1:57. Fui al campeonato de España juvenil, en Manresa, y no llegué a la final.

¿Cuándo notaste los efectos del entrenamiento específico?

En 1986 hice 1:53:04, después de un año entrenando con Eduardo. Dejé el cross para hacer pista y fui internacional, quedando segundo en el Mundial escolar, en Niza, tras Kevin McKay. Notaba que me iba bien y ganaba a gente que tenía 1:51.

¿Seguías las pruebas por televisión y conocías a los atletas?

Me empezó a llamar la atención el atletismo a partir de los Juegos Olímpicos de Moscú. Tenía el típico libro de Cola Cao en casa, veía las imágenes, y puedo decir que jamás olvidaré la foto de Allan Wells. Todavía se me ponen los pelos de punta al recordarlo. Para mí ha sido un gran referente, aunque yo hiciera mediofondo. Veía a un tipo blanco tan fuerte, que se proclamaba campeón olímpico y yo quería ser como él. Para mí era un icono, junto a Alberto Juantorena y Sebastian Coe.

¿Llegaste a ver los Juegos de Moscú?

No. Realmente empecé a ser consciente del atletismo en el Mundial de Helsinki 83. Veía los resúmenes, con Abascal, Cram… Y en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 84 era aún más seguidor. Flipaba con Carl Lewis y otras estrellas. En 1985 no hubo campeonato, pero fue el año de los mítines (José Luis González hizo 3:30, por ejemplo).

¿Cuánto tiempo entrenaste con Eduardo?

Hasta el inicio de la temporada 87/88. Cuando llegan los Juegos de Seúl ya había sido campeón de España júnior ganando a Isaac Viciosa y quinto en el Nacional absoluto. Viendo los Juegos no pensaba en que cuatro años después sería olímpico en Barcelona. No me imaginaba mi carrera tan a largo plazo.

¿Por qué cambiaste de entrenador?

Eduardo era profesor y se marcha a Asturias. Me lo comunica y en esa época no era fácil entrenar a distancia, no teníamos ni e-mail. Casi perdías hasta el contacto. Ante esto, yo lo tenía claro. Quería entrenar con Julio Bravo, porque preparaba a Colomán Trabado y Andres Vera. Eduardo me presentó a Julio cuando yo tenía 1:53, le dio mis anotaciones de entrenamiento y me puse a entrenar a sus órdenes en septiembre de 1987. Toda mi vida he estado en la Asociación Atlética Moratalaz y estoy orgulloso. Primero con ese nombre, luego con el patrocinio de Larios y más tarde cuando era el Airtel. Jamás he competido con la camiseta de otro club. Que los patrocinios importantes del atletismo llegaran a mi barrio es increíble…

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Luis javier González en la pista cubierta de Gallur (Madrid) | enanei
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¿Qué opinabas de Julio?

Él preparaba a muchos de élite. Le veía una persona muy seria y me infundía un poco de respeto, porque mi anterior entrenador era como un amigo y Julio era más distante, pero me encantaba hablar con él y sabía que iba a aprender mucho. Daba imagen de seguridad y de llevar sus decisiones hasta las últimas consecuencias, para bien y para mal. Me inspiraba confianza. Yo quería ser como Colomán Trabado y los mejores de España, porque me gustaba mucho el atletismo y me aportaba mucha paz.

En 1989 logras correr los 800 en 1:47.73. ¿Cómo fue el proceso para dar ese salto de calidad?

Había empezado a entrenar con los mejores, con medallistas internacionales como Colomán Trabado, Benjamín González, Anacleto Jiménez y otros atletas como Miguel Moreno, Manuel Lopez, Julio Pérez Cuesta... Teníamos muy buena relación, pero me iban frenando. A algunos no les gustaba que les pasara en las series y me saltara la jerarquía, así que a veces iba retenido. Yo les tenía mucho respeto. En el 89, en pista cubierta, gané a Benjamín González, que había sido subcampeón en los Juegos Mundiales de 1985. Ese año se retiró Colomán, que era el gran referente del 800. Hubo una transición natural. Recuerdo que un año antes, en una concentración en Castellón, yo quería ir a una cabina a llamar por teléfono. La cabina estaba al otro lado de la carretera y fui con Julio. En ese trayecto me dijo algo que me marcó: “Luisja, tienes que tomarte esto en serio porque vas a llegar arriba. En el futuro puedes ser campeón de España y hacer el récord nacional”. Yo tenía 1:49 en ese momento, en el año 88 fui campeón de España júnior al aire libre, subcampeón de España júnior en pista cubierta, quinto en el campeonato de España absoluto y semifinalista en el mundial júnior de Sudbury. Las palabras de Julio me ilusionaron mucho.

¿Te costó la adaptación a correr con los sénior?

Claro, había un nivel muy alto y me enfrentaba a gente que tenía mejores marcas. Además, mi entrenador no tenía prisa y yo no doblaba en los entrenamientos. Si yo por la mañana hacía diez series de 300, por la tarde estaba agotado. Lo daba todo en cada sesión y no me quedaban fuerzas para más. Pero en el 89, ya con los absolutos, logré ser cuarto en el campeonato de España, tras De Teresa, Arconada y Pancorbo.

¿Contabas con el apoyo de tus padres en tu apuesta?

Siempre me apoyaron, pero no estaban encima de mí. Para ellos, estudiar era lo primero y consideraban que había otros valores por encima de ser campeón. No me exigían nada ni me metían presión, y eso me favoreció mucho. Nunca me hicieron un reproche.

¿Te favoreció también no tener distracciones como las redes sociales?

Sin duda. Para mí el mayor hobby era leer la revista Atletismo Español y subrayarla, leer los libros de Cuadernos de Atletismo o pintar atletas en la carpeta. Todo esto me aportaba mucha concentración. Ahora nada más acabar de entrenar muchos atletas lo primero que hacen es coger el teléfono y se pierden la parte de escribir en el diario los entrenamientos. Escribir en papel te aporta una energía que no te la da un ordenador. Quizá suene anticuado, pero todavía me gusta dibujar un corredor, una pierna, un ejercicio… Tengo mis excel, pero sigo fomentando la creatividad en papel. Ahora veo que algunos pierden demasiado tiempo en las redes y más de uno quizá por esto se quede a mitad de camino. Creo que en lugar de hacer unas Instagram Stories, es mucho mejor disfrutar del entrenamiento, interiorizarlo, hacer una grabación mental. Desconectar nada más terminar el entrenamiento no es bueno. Por ejemplo, cuando hacía tres series de 300 en 34, que era un entrenamiento excelente, luego trotaba, pensaba en ello y, al llegar a casa lo apuntaba y comparaba mis tiempos con los de los grandes campeones. El entrenamiento no se acaba en la última serie. Veo que muchos africanos siguen entrenando sin distracciones, y eso me gusta. También quiero aclarar que los atletas de hoy han nacido en una sociedad en la cual las redes sociales tienen una presencia muy importante y ellos no tienen la culpa de esto. Por eso, veo bien que en las redes hagan algunos guiños a los patrocinadores, pero se trata de que lo realicen en el momento adecuado y que no abusen de ello, para intentar estar bien centrados.

¿En qué carrera te diste cuenta de que ya puedes tutear a los más grandes de nuestro país?

En febrero del 90, en pista cubierta, cuando hice 1:47.54. Ese año fui al Europeo de Glasgow y quedé eliminado, pagando la novatada, pero ya logré mi primera medalla absoluta en el campeonato de España de pista cubierta. Me llevé la plata en 400 tras Alonso Valero con 47.88. Y al aire libre, en Jerez, quedé campeón de España absoluto de 800. Y además me divertía, porque en junio mi mánager Enrico Dionisi me mandó a varios mítines por Europa y me dediqué a viajar y a competir. A veces en España se entrena mucho y se compite poco. En una semana corrí en 1:47 en Bratislava, en 1:46 en Praga y otra vez en 1:46 en Verona. Viajaba en tren, en aviones pequeños, con los africanos, y eso te da mucha madurez. Yo lo recomiendo a todos los atletas, porque te fogueas con la gente que luego vas a ver en los campeonatos, interiorizas la competición como algo normal, pierdes el respeto a la distancia…

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¿Cuál fue la primera carrera en la que te pagaron?

La primera beca la conseguí al lograr la medalla de bronce en el Iberoamericano de Manaos, en 1990, pero creo que en 1989 ya me pagaron en algún mitin. Recuerdo que en la reunión de Praga me pagaron con la moneda de Checoslovaquia y no podía sacar el dinero del país. Tenía que gastármelo allí. Me compré el equivalente a 30.000 pesetas en cristal de Bohemia, en jarras, jarrones, copas, una vajilla, etc. Mi amigo Yuma Ndiwa, de Kenia, me ayudó a transportar las cajas en el viaje de Praga a Verona. Íbamos con las cajas en un carrito, atadas con cuerdas (risas). Metimos las cajas en el tren, bajamos en Verona, y no nos venía nadie a buscar, así que fuimos al hotel cargando con las cajas. Unos días después, al llegar a Barajas, mis padres se encontraron con todas las cajas y además un maletín que había comprado, un reloj para mi abuela…

¿Cómo rendiste en el Iberoamericano de Manaos 90?

Ganó el brasileño José Luis Barbosa con 1.46, segundo quedó el argentino Luis Migueles y yo conseguí el bronce. Fue una buena experiencia y mi primer podio internacional, tras el que había logrado en el campeonato del mundo escolar.

Y el año 91 te consolidas ganando los campeonatos de España al aire libre y en pista cubierta…

Sí, como decía Julio, le cogí el pulso a estos campeonatos y conseguí correr con mucha confianza. El Mundial indoor de Sevilla me salió mal porque había estado enfermo, con gripe, tomando antibióticos, pero tenía mucha ilusión por competir en el Mundial al aire libre en Tokio. Me gustaban mucho las pruebas que se celebraban muy lejos de España. Logré la mínima in extremis, en Vigo, 1:46.10. Antes había corrido en La Coruña, quedando segundo tras Fermín Cacho en una carrera que siempre recordaré, ya que gané a Nourredine Morceli, José Luis Barbosa, José Luis González, Joaquim Cruz, Sammy Koskei, Tomás de Teresa y José Arconada.

Y llegan los Juegos Mediterráneos y el Mundial de Tokio…

En los Mediterráneos de Atenas pude ganar, pero quedé segundo tras el argelino Réda Abdenouz y por delante del italiano Tonino Viali. Más tarde, llega el Mundial. Me presentaba en una forma excelente. Días antes hice un 600 en 1:16 y un 300 en 34. Estaba fino, volaba, pero no siempre se cumplen los pronósticos y además era muy complicado el pase a semifinales. Salió la carrera lenta, me quedé encerrado en la última recta y no pude clasificarme. De ese error aprendí mucho, esa derrota me ayudó a ganar al año siguiente el campeonato de Europa. Te pones las pilas, canalizas la rabia y aprendes de los fallos.

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Luis javier González en la pista cubierta de Gallur (Madrid) | enanei
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En 1992 llega tu gran éxito en el Europeo de pista cubierta de Génova y tu participación en los Juegos de Barcelona.

En otoño estuve un mes parado por una pequeña intervención quirúrgica y Julio me dijo que no iba a competir en cubierta, pero me puse a entrenar y me encontraba bien. Pajarón me llamó para participar en el 1.000 del mitin Cagigal. Lo consulté con mi entrenador y competí. Cacho batió el récord de España de Antonio Páez con 2:20.18 y yo también mejoré la plusmarca anterior. Hice 2:21.32, en esa pista de 166 metros y en la que era complicado adelantar. En ese momento no sabía que los que me estaban ganando iban a ser los campeones olímpicos de 800 (Wiliam Tanui) y de 1.500 (Cacho). Odriozola me dijo que al Europeo solo iba a ir Arconada y que estaba seleccionado, ya que me encontraba en forma. Julio Bravo no quería que fuera, porque estábamos haciendo entrenamiento de volumen, pero finalmente fui y logré la medalla de oro. Lo curioso de ese campeonato es que dormíamos en un barco, no teníamos hotel. Estaba en un camarote muy pequeño, con Anacleto Jiménez. Dormimos ahí tres o cuatro días, teníamos un baño de plástico… En un hotel hay espacio, puedes ir a recepción, lees el periódico, vas a la cafetería… pero en el barco los espacios eran muy pequeños. En las eliminatorias gané con 1:49 pero las sensaciones fueron malas. Era la primera vez que pasaba a semifinales en un gran campeonato, aparte de los Iberoamericanos, y estaba feliz. Calenté en la pista de Génova muy tranquilo. Saboreé el momento, los saltitos, los progresivos, sin presión alguna, y se dio la salida. Se pasó el 400 en 50, muy rápido, y al paso por el 600 me entra el turbo, esa marcha que solo tienes cuando estás en forma, apreté y entré tercero, por delante del alemán Mark Eplinius, batiendo el récord de España, que estaba en poder de Colomán Trabado. Hice 1:46.62. ¡Vaya ilusión! Era como cerrar un ciclo. Y ya estaba en la final. Llegué al barco y le dije a Anacleto: “¿Te acuerdas cuando veíamos en las revistas a González y Abascal? Pues ahora estamos dentro de ellas. Nos hemos colado ahí”. Lo que había soñado y pintado se cumplía. Dormí poco, no tenía presión, y empecé a pensar en las medallas. Al día siguiente, en la final, salí muy deprisa y me notaba muy bien. Me tuve que frenar. Sabía que al toque de campana tenía que estar tercero y ahí estaba. Me abrí en la contrarrecta, me coloqué segundo y cuando quedaban 100 metros me acordé de todos los rivales que me habían ganado, y pensé que yo también podía lograrlo. En la última recta veo que el británico Martin Steele (un atleta de 1:43.84), se agarrota y le adelanto. Veo toda la pista para mí y consigo el oro con 1:46.80. ¡Campeón de Europa! Era un sueño cumplido.

¿Cómo afrontaste la preparación para los Juegos?

El ambiente previo a los Juegos era impresionante, pero en mayo tuve un percance en el pie, un esguince en el dedo gordo, y no pude entrenar al 100% ni ponerme los clavos todas las veces que quería. Corrí una prueba en Alcalá de Henares y me salió bien, en 1:46.51, pero yo pensaba que a esas alturas, sin la lesión, ya debería estar en 1:45. Me inscribí al campeonato de España, con la intención de ganar, casi por obligación, e ir a los Juegos. Me impuse en Valencia con 1:49.40 y me gané la plaza. Después del campeonato entrené mejor y en los Juegos alcancé las semifinales. Cumplí mi sueño de ser olímpico, haciendo 1:46.65 en las series y 1:47.09 en las semis.

La mili te rompió un poco el ritmo, ¿no?

Pues sí, me mandaron al servicio militar a Burgos, en septiembre. Yo estaba esperando que el Consejo Superior de Deportes me mandara a Madrid. Tuve una mili de campamento, con la instrucción y los dolores del pie. En diciembre o enero ya me traen a Madrid y Julio me dice que tras ese parón era mejor no hacer pista cubierta. Los cinco primeros meses del año no competí, al estilo británico. En la primera competición, en la Liga de Clubes, hice 1:47.18, que ha sido el récord de la Liga hasta hace dos años. Mi nuevo mánager, Miguel Ángel Mostaza, me felicitó y me mandó a correr a Belfast en junio, donde hice marca personal, 1:45.81. Más tarde, en el campeonato de España (en Gandía), gano con solvencia, y aún hago una carrera más en Salamanca, antes de Stuttgart…

Esa prueba es uno de los grandes momentos de tu carrera...

Algunos medios ya daban como ganador a Cacho, que quería batir el récord de De Teresa (1:44.99). Yo pensaba que podría volver a ganar a Fermín. Salió la carrera esperada y mi referencia era él. Pasamos en 50 segundos el 400 y decidí tirar. Al ver el 1:16 al paso por el 600 me di cuenta de que podría hacer una gran marca y en la recta final pensé que el que ganara de los dos se quedaría con el récord de España. Y así fue. Entré en 1:44.84 por delante de Fermín (1:45.72), y acabé sin fuerzas, con una pájara tremenda. Mostaza me felicitó, pero yo estaba tan mal que ni me di cuenta. Una vez recuperado, fui asimilando y disfrutando lo conseguido. Fermín me dio un abrazo, somos muy amigos desde la categoría júnior y yo estaba emocionado. Bajó Julio Bravo y Miguélez nos hizo una foto que aún conservo y que es la única que tengo con mi entrenador, mi maestro. Nunca le he visto tan feliz.

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Después del exitazo, vas al Mundial de Stuttgart. ¿Cómo te encontraste?

No me salió como yo esperaba. Una vez más se demostró que aunque llegues en forma, las matemáticas no valen de mucho. Pero bueno, a pesar de quedarme en semifinales, di por concluida la temporada muy feliz por todo lo logrado.

En 1994 te presentas en París como favorito al oro, ¿no?

Partía como favorito y el 3 de febrero había batido mi récord de España de pista cubierta en Sevilla (1:46.35). En eliminatorias del Europeo paso bien, en semifinales aún mejor, y en la final me sorprende Andrey Loginov. En París quizá di demasiado la cara, mi cambio fue largo y al final el ruso me ganó. Yo acabé con 1:46.69. De ese campeonato me quedo con las palabras de Mateo Cañellas, que me dijo que pensara en el mérito de ser campeón de Europa y dos años después subcampeón.

Aunque no lograste el oro, seguías conservando el turbo...

Sí. El día del 1:46.35 pasé el 600 en 1:20 y el último 200 hice 26 segundos pelados. En el Europeo de París había pasado en 1:18 el 800 y yo no esperaba que Loginov aguantara. Tuvo uno de los grandes días de su vida.

En el 94 te vuelves a lesionar, desgraciadamente.

En verano hice 1:46.60 y también gané la Copa de Europa de selecciones en Valencia, pero me hice daño y no pude competir en el Europeo de Helsinki. Se me reprodujo la lesión del dedo gordo del pie, me operaron y estuve parado. Fue una pena, porque podía haber peleado por las medallas. Y al año siguiente, en el 95, veo que la lesión del pie me ha perjudicado, pierdo un poco la chispa y ya no vuelvo a rendir a mi máximo nivel. Aun así, voy a los Europeos de Estocolmo en 1996 y a los de Valencia en 1998, pero ya me presentaba en los campeonatos con 1:47 o 1:48 y no estaba para ganar. La lesión cortó el ritmo de mi trayectoria. Además, Julio Bravo se jubiló y Anacleto Jiménez, Mateo Cañellas y yo nos quedamos sin entrenador. A partir de ahí, al final de mi carrera, las lesiones y ver que no alcanzaba los tiempos a los que estaba acostumbrado me influyó mucho. Además, una lesión meses antes de los Juegos de Sídney, me hizo pensar y decidí retirarme. Mi última carrera fue en 1999, un 800 en Alcalá de Henares que corrí en 1:48. En ese momento yo no sabía que iba a ser mi última prueba.

¿Cuándo tomas realmente la decisión de retirarte?

En enero o febrero del 2000 me hice daño en la zona lumbar y decido que quiero hacer otras cosas en la vida, sobre todo ser entrenador y preparar a deportistas. En 2001 ya empecé a ejercer de entrenador personal. Y llevo 17 años...

Eres de las personas que conozco que más ama el atletismo.

Sí. Cuando competía me entusiasmaba, me aprendía el ránking mundial de arriba abajo y ahora disfruto muchísimo viéndolo. Siempre he estado y estaré vinculado al atletismo. Antes no era tan normal, pero ahora muchos atletas que se retiran son entrenadores, comentaristas, organizadores de carreras, etc.

¿Qué es lo que consideras que te ha aportado el atletismo?

Todo lo que he conseguido en el atletismo lo hubiera firmado antes de empezar. Y el atletismo me ha enseñado a pelear y a descubrir que hay momentos buenos y malos. También me ha ayudado a ser precavido y modesto, porque cuando va todo rodado no hay que volverse loco. Siempre hay que mantener los pies en el suelo e intentar tener un equilibrio que te ayude en la vida. Del atletismo he extraído enseñanzas que he aplicado en mi vida personal y profesional.

¿A qué tipo de personas entrenas en Studiofitretiro.com?

Tengo corredores, con los que trabajo la fuerza en StudioFit y luego corremos y hacemos técnica de carrera en el Parque del Retiro, y también personas que buscan mejorar su salud, con las que también trabajo la fuerza -que es esencial para todos-, la propiocepción, la flexibilidad, con el bienestar como meta. Hay personas con las que entreno para prevenir la sarcopenia y ganar masa muscular. Me encanta ayudar a las personas a que tengan una madurez con más calidad de vida, sin demasiada pérdida de masa muscular. Es fabuloso ver a una persona mayor que pueda subir escaleras o una cuesta sin agotarse. A partir de los 40 años se pierde masa muscular y hay que trabajar la fuerza. Animo a todas las personas a cuidarse de la mano de un profesional para poder disfrutar de una vida mucho mejor.

El rey de las dos vueltas | enanei

Luis javier González en la pista cubierta de Gallur (Madrid) | enanei
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