Usain Bolt a fondo

Usain Bolt se catapultó a la fama mundial desde que batió el récord mundial de los 100 metros lisos.
Kerry Mcarthy | FOTOS: Karen Fuchs y Puma -
Usain Bolt a fondo
Usain Bolt a fondo

(Publicado originalmente en el número de septiembre de 2008)

Poco antes de los Juegos Olímpicos de Pekín, mientras descansa al lado de una piscina en Kingston (Jamaica), nadie repara en el hombre más rápido del mundo. Dos turistas estadounidenses se le acercan al sentir curiosidad por el tropel de personas de relaciones públicas que le rodea. El nombre de Usain Bolt no les dice nada y, después de mirarle de soslayo una última vez, se marchan murmurando algo sobre Google. 

Muy pocos velocistas de clase mundial hubieran estado contentos con este anonimato, pero estos deportistas no suelen esperar que el mundo esté al tanto de la magnitud de sus logros. 

Bolt casi no pasaba de ser un deportista de fama local cuando participó en el Gran Premio Reebok en el estadio Icahn de Nueva York, el 31 de mayo de este año, pero su marca de 9.72 bastó para dar un vuelco espectacular a su vida. No era más que su quinta competición en una prueba de 100 metros, pero rebajó en 2 centésimas de segundo el récord de su compatriota, Asafa  Powell, de 9.74, mientras el segundo clasificado, Tyson Gay, paró el crono en 9.85. 

A pesar de ser un novato en la distancia (antes de la carrera de Nueva York, Bolt era considerado sobre todo como un corredor de 200 m), y de haber corrido el hectómetro sólo como entrenamiento de velocidad para el 200, en poco tiempo pasó a ser considerado como uno de los favoritos para la corona de los 100 metros. 

“Estoy encantado, pero no sorprendido de que esto haya pasado”, comentó a la prensa. “He competido en pista desde que tenía 9 años y aunque en la primera etapa de mi vida deportiva no hice nada especial, desde que tenía 15 años sabía que tenía madera para ser uno de los mejores del mundo. En el fondo, no se necesita más que trabajo duro, y eso es lo que hago todos los días cuando entreno. Soy una persona muy decidida y si pones el suficiente esfuerzo en algo, los resultados acaban por llegar”. 

La confianza de Bolt en su propia capacidad es tal que pensó en batir el récord de los 100 metros casi en cuanto empezó a competir en esa distancia. 

Tenía entre ceja y ceja que podía batirlo algún día, incluso aunque no lo dijera en público. Corrí en 9.76 en mayo y después, dos semanas antes de Nueva York, hice 9.90 en Trinidad. Ese día no hice una buena carrera y pensé que era capaz de bajar de 10 segundos incluso corriendo mal, por lo que aún había posibilidades”. Y resultó que tenía razón. Los redactores de titulares aprovecharon la ocasión al máximo: una nueva estrella, “El relámpago Bolt”, había nacido. 

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Bolt atrajo una gran atención desde entonces, pero él se mantuvo al margen del bombo publicitario y con la mirada fija en la medalla de oro de Pekín en 100 y 200 metros. 

“Hay dos cosas que cualquier atleta quiere en su vida deportiva: un récord del mundo y una medalla de oro en un campeonato de los importantes”, nos dice. “Ya he conseguido las dos cosas, pero en mi opinión, no hay punto de comparación entre un oro olímpico y un récord del mundo. Otro atleta batirá mi récord en el futuro. Para ser alguien tienes que convertirte en campeón olímpico o del mundo. Creo que los Juegos Olímpicos es el máximo peldaño al que puedes llegar. Si ganas ahí, tus rivales tienen que esperar 4 años para poder intentar destronarte”. 

Los primeros pasos de la carrera deportiva de Bolt (aparte del éxito sorprendente en los 100 y 200 metros en China), muestran que se caracteriza por lograr sus objetivos. En 2002, con 15 años, ganó el campeonato del mundo júnior de 200 m, con una marca de 20.61 (un tiempo sorprendente a una edad tan joven). Un año después, logró el titulo juvenil y en 2004 logró ser (y se mantiene como tal) el único júnior en romper la barrera de los 20 segundos, con una marca de 19.93. En 2005 se convirtió en el ser humano más joven que llegaba a una final de velocidad en unos Campeonatos del Mundo, en Helsinki y en los Campeonatos del Mundo de Osaka el verano de 2007 logró la medalla de plata de los 200 metros por detrás de Tyson Gay.

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Aunque todo esto hace presagiar aún cosas más grandes para el futuro, Bolt es el primero en reconocer la necesidad de mejoras constantes y nos habla con una franqueza meridiana sobre lo que cree que debe perfeccionar.

“Hay muchas cosas en las que debo trabajar. En primer lugar, soy demasiado alto para ser velocista y esto es algo que a la vez es mi punto más fuerte y también el más débil. Es bueno porque una vez que alcanzo el ritmo, mi gran zancada supone una ventaja. Soy muy fuerte en los últimos 50 metros y no pierdo la aceleración. Sin embargo, tengo serias dificultades en la salida de tacos. Tienes que mantenerte agachado y elevarte de forma gradual, de modo que no estás totalmente erguido hasta los 30 metros. Esto me crea dificultades y me cuesta mantener el equilibrio. Por el momento, me basta con llegar como sea a los primeros 30 metros y después ver qué soy capaz de hacer hasta el final. Es algo que tengo que cambiar”.

“Además, mi entrenador, Glen Mills, ha intentado que distribuya mejor el esfuerzo y que mantenga el ritmo más constante, sobre todo en los 200 m, en lugar de correr a tope desde el principio. Necesito aprender a guardar algo para el final”.

“También tengo un problema con la posición de mis hombros, que es demasiado elevada. Para correr deprisa necesitas aprovechar la potencia de los brazos; hay que relajar los hombros y balancearlos hacia atrás y hacia delante siguiendo una línea recta para crear el ritmo y propulsarte hacia delante. Yo intento relajar los hombros, pero a veces no puedo evitar que asciendan casi hasta el nivel de las orejas. Cuando consiga corregir estos defectos, seré capaz de correr incluso más rápido”.

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Una de las cosas que ayuda a Bolt a mantener la concentración es mantener su domicilio en Kingston. No es aficionado a los campus de entrenamiento extranjeros y no le gusta estar alejado de Jamaica durante más tiempo del estrictamente necesario cuando está compitiendo. En lugar de ello, prefiere estar inmerso en el entorno familiar de su isla natal.

Bolt nació y creció en Trelawny, un pueblecito agrícola del noroeste de Jamaica. Su padre es trabajador de una plantación de café y su madre es costurera. Creció en un ambiente donde la electricidad y el agua corriente no eran comodidades que estuviesen aseguradas. A pesar de ello, no quiere caer en historias de una vida dura, sino que recuerda con cariño sus excursiones en bicicleta, su obsesión inicial por el críquet y fantasea con el hecho de que si no se hubiera convertido en velocista, tal vez habría sido lo bastante bueno para seguir los pasos de su ídolo del críquet, Wasim Akram.

Cuando cumplió los 16 años, se mudó a Kingston y pasó a entrenar bajo la supervisión de su manager, Norman Peart, pero aún ve a su familia una vez al mes; su mejor amigo sigue siendo el mismo que cuando tenía 3 años y frecuenta los mismos lugares que antes de saltar a la fama.

Según nos cuenta, una de las mejores cosas de vivir en Jamaica es que la falta de un culto a la fama le ayuda a evitar distraerse (en los días que hemos pasado con él, hemos tenido la oportunidad de comprobar lo que quiere decir). Hemos hecho varios viajes por Kingston y sus alrededores, y resulta llamativo lo poco que le molesta la gente, a pesar de que todos saben quién es. Cuando pasea por las calles o por la playa y alguien le saluda recordándole que ha batido el récord del mundo y que ha logrado tres oros olímpicos (100,200 y 4x100 m) y le pregunta que qué tal está, le basta con responder al saludo con un gesto del pulgar o una sonrisa. En ese momento no es más que otro jamaicano ocupado en sus cosas. No es de extrañar su afirmación de que la fama no supone pegas para él.

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“En Jamaica no tengo la misma presión que existe en otros países. En cualquier otro lugar la gente tiene una mayor cultura de exigirte cosas todo el tiempo, pero aquí tan sólo tengo que disfrutar. No obstante, me gusta mi nivel de fama. Si fuese tan famoso como David Beckham, por ejemplo, seguramente no sería capaz de manejarlo. Pero aquí, en Jamaica, la gente te respeta y te deja tu propio espacio. Aquí puedo relajarme y mantener la discreción”.

“Discreción” es tal vez la mejor forma de describir la actitud de Bolt ante la vida, como puntualiza Norman Peart. “Usain no se exalta ni se preocupa por nada, siempre tiene la sonrisa en el rostro, hace las cosas a su manera y es feliz con lo que lleva a cabo. Hoy es el hombre más rápido del mundo y a pesar de ganar tres medallas de oro en Pekín, es el mismo chaval gracioso que cuando tenía 15 años y entró en mi vida, hace ya 6 años”, nos cuenta su manager.

Una prueba de la discreción con la que vive Bolt es el lugar que escogió para celebrar su récord del mundo. Aunque podía elegir cualquier sitio de Nueva York, se llevó a todos sus allegados a la hamburguesería más cercana.

“Lo celebré a mi estilo. Me encantan las hamburgueserías, así que allí fuimos. ¿Por qué no? Me comí una hamburguesa de queso con beicon, nuggets de pollo, patatas fritas, una bebida energética y un montón de salsa barbacoa”. Mientras nos cuenta esto, su manager le mira con ojos indulgentes y después nos explica que ese tipo de comida suele ser habitual en Bolt: “Cuando digo que Usain se lo toma todo con calma, me refiero a todo de verdad. Otros atletas se obsesionan con lo que comen, pero él no. Glen Mills y yo tuvimos una auténtica batalla con él en el pasado para intentar que comiese de forma sana”.

“Cuando vivió conmigo durante 3 años, tenía su armario lleno de pastillas, suplementos, batidos y bebidas, pero no usaba nada de eso. Tenía que ir detrás de él con una botella de suplementos en la mano, mientras Glen me decía: ‘Norman, déjale, tiene que aprender a hacerlo por sí mismo’ y Usain respondía: “Vale, lo siento entrenador, ya lo hago’.

“Después, durante 4 días Usain tomaba los suplementos, pero luego volvía a dejarlo y vuelta a empezar. Al final, como no estábamos con él en todo momento, lo único que podíamos hacer era mirarle a los ojos  y decirle que por lo menos se mantuviese alejado de la grasa. Creo que es lo que hace esencialmente”.

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Cuando escucha estas historias, Bolt sonríe. “Sí, Glen y Norman me dejan hacer lo que quiera ahora”, nos dice. “No sé si sigo una dieta mala o buena comparada con otras personas, la verdad es que no tengo un plan especial, tan sólo como lo que me apetece, pero no lo hago demasiado mal. No me someto a ninguna prueba sobre las calorías que consumo ni mido mi grasa corporal y cosas de esas, aunque debido a mi condición de velocista, seguro que lo quemo todo porque entreno muy duro”.

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“Creo que debe ser una característica de los atletas de Jamaica, porque Asafa Powell tampoco sigue una dieta estricta. Un día típico, tomo puré de patata, batata y bananas verdes fritas para desayunar, o a veces bacalao en salazón y ackee (fruta típica jamaicana). En la comida del mediodía no como nada especial, un poco de todo, y en la cena tomo arroz con carne de cerdo o vacuno. Sé que no puedo pasarme con las grasas, aunque me encanta el pollo frito, es mi comida favorita”. Como vemos, toda una aplicación rigurosa de la teoría nutricional moderna.

En realidad, esta actitud relajada y la determinación de no complicarse la existencia se extiende a la mayor parte de los aspectos de la vida de Bolt. Nada que ver con la vida monacal de los atletas olímpicos actuales. Aún sale de marcha con sus amigos y se permite tomar un par de cañas (Guinness con Red Bull en el mismo vaso) varias veces al mes. También entrena en la misma pista algo desvencijada donde siempre lo ha hecho, el Racers Track Club, donde comparte el tartán con numerosos atletas de edades y aptitudes muy diversas. Se entrena en un ambiente donde suena la música reggae por todas partes, tomándose su tiempo entre las sesiones mientras bromea con un anciano rastafari que vende naranjas peladas al lado de la pista, o contemplando con interés a un grupo de chavales que practican su salida de tacos. Sin embargo, a pesar de este comportamiento despreocupado, antes de los Juegos no pudo ocultar mucho tiempo su determinación fundamental, y Bolt se encrespaba cuando se le sugería que si ganaba una medalla de oro en Pekín, podía resultarle difícil mantener la motivación al haber alcanzado sus dos objetivos a una edad tan temprana.

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“Ahora que he triunfado en los Juegos Olímpicos, están las medallas de oro de los Campeonatos del Mundo y, tal vez, al final de mi carrera deportiva, si lo he logrado todo en las distancias cortas, me pase a los 400 metros.” “Siempre hay cosas por las que luchar y, mientras siga corriendo, intentaré ganar”. 

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