¿Es mejor desnatado?

¿Light o normal?
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¿Es mejor desnatado?
¿Es mejor desnatado?

“Yo no como yogur normal ni leche entera que engorda mucho”, ¿quién no ha escuchado alguna vez esta frase?

Especialmente es una creencia común en mujeres de entre 25 y 40 años puesto que en su casa, tradicionalmente, los lácteos se han consumido desnatados o light.

Ese sin sentido viene, en la mayoría de los casos, de la moda de los light que estalló en los 90. Todo comenzó a tener versiones con menos calorías: lácteos, refrescos, mahonesa… La búsqueda de consumir menos calorías llevó, y sigue llevando, a tener versiones light de casi todo, sobre todo, de casi todo lo que está “prohibido”.

En el caso de los lácteos o alimentos desgrasados se defendía la teoría de que las grasas saturadas que contienen estos alimentos eran malas y se relacionaban directamente con enfermedades como la obesidad o el colesterol (de ahí la creación de la margarina, que es el sucedáneo vegetal de la mantequilla) pero ahora podemos afirmar gracias a estudios científicos de total confianza que las grasas saturadas, concretamente las cadenas de ácidos grasos de los lácteos no solo no contribuyen a aumentar el peso sino que además mejoran su mantenimiento o bajada.

Ni que decir tiene los niveles de saciedad: un lácteo entero tiene un poder saciante mucho mayor que un lácteo desnatado, de esta forma, cuando consumamos un yogur natural entero vamos a estar mejor y más saciados durante más tiempo lo que evitará que picoteemos otros alimentos que en muchas ocasiones no son la mejor opción pues los escogemos llevados por la ansiedad que produce el tener “hambre”. Igualmente pasa con la mantequilla o la leche del café.

Por lo tanto si desayunamos después de entrenar (si eres de las que entrena en ayunas) o si por el contrario merendamos antes de entrenar (si eres de las que entrena por la tarde) un lácteo entero es una muy buena opción. Lejos de hacerte ganar peso lo que harán es que estarás más saciada, menos ansiosa, igualmente ligera y además estarás aportando a tu cuerpo mayor cantidad de proteína (la cual es necesaria para un buen mantenimiento de la estructura muscular), mayor cantidad de vitamina D (vitamina con un déficit importante en el 80% de la población española) y fósforo perfecto para la correcta recuperación post ejercicio.

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La segunda parte viene aquí: ¿qué ocurre cuando eliminamos la grasa de los alimentos para convertirlos en ligth o bajos en grasa? Pues que cambiamos textura y sobre todo, cambiamos sabor.

¿Y qué se añade en lugar de grasa para mantener textura y sabor intactos? Pues azúcar, edulcorantes, almidones, féculas… lo que sea con tal de que el producto no tenga mucha grasa (para poder llamarlo legalmente light) pero que no pierda su atractivo.

Incluso en el caso de la margarina se llegó al punto de sustituir una grasa “insana” que ha resultado no serlo, como la de la mantequilla, por sucedáneos refinados e hidrogenados (grasas trans) como margarinas y similares. No se evitaba un problema, se añadían varios.

Como conclusión: si quieres ahorrar calorías no lo hagas de esta forma, analiza bien tu alimentación y elimina productos refinados o procesados sustituyéndolos por frutas y verduras o sus equivalentes integrales, no tomes bebidas azucaradas, cámbialas por agua y revisa tus cantidades semanales.

Seguro que puedes permitirte beber leche entera o tomar mantequilla de vez en cuando, tu rendimiento te lo agradecerá.

Andrea Cañas Onzain

Coach Nutricional

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